La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

9 de agosto de 1706: suceso en Cuenca mientras era atacada por las tropas del Archiduque de Austria (y III)

Historia


Tras la endeble defensa que el presbítero Bernardo Luis hizo de sí mismo, el 22 de octubre del mismo 1706, el fiscal general eclesiástico el doctor don Gonzalo de Ulloa acusaba criminalmente a Bernardo Luis:

…Que el día 9 de agosto de este presente año, como a las seis de la tarde, estando don Pedro Esteban Galtier en la Plaza Pública hablando con diversos sujetos, se llegaría el licenciado Bernardo Luis infamándolo con descompuestas voces de pícaro traidor y desnudó la espada que, para defensa de esta ciudad contra los enemigos de nuestro monarca Felipe V se le permitió traer, haciendo acción de quererlo herir con ella, de lo cual, huyendo don Pedro Esteban, se fue plaza abajo siendo seguido por el licenciado Bernardo Luis, insistiendo en sus infamantes voces y añadiendo que le tirasen, de cuya voz, movido un soldado veterano de los que de guarnición en esta ciudad  residían, le tiró un fusilazo de que cayó muerto don Pedro Esteban junto al puesto que llaman Las Gradillas. En todo lo cual el reo ha cometido grave y enorme delito, así que su gravedad intrínseca como por las circunstancias de haberlo cometido en lugar tan público, con grave escándalo de toda la ciudad y por su estado en el cual antes debiera dar gran ejemplo que cometer tan grave exceso. Por todo lo cual a vuestra merced pido y suplico que, habida mi relación por verdadera, pronuncie y declare a dicho reo acusado perpetrador de semejante delito, y así declarado le condene en las mayores y más graves penas en que ha incurrido para que, sirviendo a dicho reo de castigo, sirva a los demás de escarmiento y ejemplo.

El abogado defensor del acusado ejerció su oficio pidiendo la inmediata puesta en libertad de su defendido y alegando que éste nada tuvo que ver en la muerte del músico. Y que, por otra parte, como el enemigo estaba bombardeando la ciudad con gran riesgo de abrasarla, además de que muchos en Cuenca conocían las preferencias de Pedro Esteban por el otro bando, y al verlo Bernardo Luis con tanto desahogo charlando con otras personas en un corrillo, en un arrebato, sabiendo que la población se hallaba en tan grave riesgo, prorrumpió con aquellas expresiones de que si era un traidor y un pícaro, y pidiendo a Dios no ser conquistados por aquel ejército de herejes que tenía cercada la ciudad.

No cambió el fiscal su postura y se negó a tomar en consideración la solicitud del defensor en orden a excarcelarlo. Entonces, el defensor buscó a unos testigos de abono, los cuales tampoco contribuyeron a una defensa tibia, no demasiado contundente.

Las simpatías por el bando austracista del muerto debían de ser ciertas toda vez que dos de los testigos de abono referían prácticamente lo mismo:

El día siete de agosto por la mañana —dos días antes de que se produjese la muerte del músico—, estando el testigo hacia la puerta de La Ventilla con otra mucha gente que había salido de la ciudad cuando se trajo el convoy que se había cogido a los enemigos en el lugar de Arcas, salió don Pedro Esteban montado en una mula o macho y fue por el camino Real; y habiéndolo visto la gente que allí estaba, por la sospecha que de él se tenía, quisieron desjarretarle el macho (cortarle los tendones por los corvejones) y matarlo a él para que no pasase adelante, lo cual hubieran ejecutado a no haber dado orden de que toda la gente se pusiera a resguardo de los prisioneros y convoy que se traía.

Y el 30 de diciembre de 1706, el doctor don Gonzalo de Ulloa, gobernador y provisor general de la ciudad y obispado de Cuenca pronunciaba la sentencia de este proceso:

Xpti nomine invocato

Hallamos atento los autos y méritos de esta causa a que nos referimos, que por lo que de ellos resulta culpable contra el licenciado Bernabé Luis en la muerte que se dio a don Pedro Esteban Galtier, músico que fue de la santa Iglesia Catedral de esta ciudad.

Debemos declarar y declaramos por irregular al dicho licenciado Bernardo y mandamos se le tenga por tal en el ínterin que alcanza dispensa de su santidad. Y le condenamos en seis años de destierro precisos, los dos primeros de esta ciudad y su obispado y los cuatro restantes de ella y cuatro leguas en contorno, que saldrá a cumplir dentro de seis días siguientes a la pronunciación y notificación de esta nuestra sentencia, en caso de consentirla y donde no. Luego que pase en autoridad de cosa juzgada inmediatamente desde la prisión donde se halla. Y no lo quebrantará so pena de que será doblado dicho destierro. Y en atención a sus cortos medios, solamente le condenamos asimismo en dos mil maravedíes aplicados para gastos de justicia y penas de cámara, por mitad, y en las costas de esta causa, justamente hechas, cuya tasación en nos reservamos. Y le apercibimos que en adelante viva haciéndose cargo de la obligación de su estado, apartándose de las ocasiones que puedan arrojarlo a semejantes excesos, con apercibimiento que, con acumulación de esta causa, sin usar con él la benignidad presente, se le castigará conforme a la gravedad de su culpa.

Y por esta nuestra sentencia, definitivamente juzgando, así lo pronunciamos y mandamos en estos escritos y por ellos, entre renglones, declaramos: valga:

El doctor don Gonzalo de Ulloa.

 
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