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Colección Roberto Polo, ¿nos la podemos permitir?

Actualidad


Las obras de coleccionista norteamericano de origen cubano, Roberto Polo, llegaban a Cuenca en diciembre de 2020. Un año y medio antes, en abril del 19, desembarcaba, con un número de piezas similar en Toledo, en el antiguo convento de Santa Fe. Varios fueron los años previos a las inauguraciones de ambas exposiciones en los que el Gobierno de la Junta de Comunidades anunció y alimentó la expectación ante la llegada de una gran apuesta cultural para ambas ciudades, un refuerzo e impulso a su ya amplia oferta cuyo listón en este sentido, no hace falta recordarlo, no es precisamente fácil de superar.

Roberto Polo llegaba a Castilla-La Mancha envuelto en curiosidad, pero sobre todo en polémica. Lo que ha trascendido a la ciudadanía en general han sido las dos grandes inauguraciones de sus espacios y la asistencia masiva a los mismos de representantes del Gobierno regional que, con el presidente García Page a la cabeza, se han deshecho en halagos hacia su figura y generosidad por haber elegido nuestra tierra para la exposición pública de su colección. Pero paralela a toda esta elaborada y aparentemente idílica operación transcurren una serie de hechos e interrogantes solapados por la euforia que mediáticamente se ha trasladado a la opinión pública y sobre los que la Junta evita hablar y, sobre todo, rendir cuentas. ¿Cuánto nos cuesta a los contribuyentes la llegada de Roberto Polo a la región? ¿Su obra tiene la calidad que sus elaboradas campañas de marketing sugieren? ¿es lógico este trato de favor por parte de la Junta de Comunidades a este coleccionista en detrimento claro de otros museos y espacios de Castilla-La Mancha?

Entre 1,5 y 2 millones de euros anuales y una casa por 4.000 euros al mes

El coste de la Fundación Colección Roberto Polo para el Gobierno de Castilla-La Mancha oscila entre 1,5 y 2 millones de euros anuales abonados mediante subvención nominativa, un presupuesto claramente superior al coste de cualquier museo provincial de nuestra región.  La Fundación Impulsa se encargaba de los pagos hasta el año 2018, lo que propiciaba que conociéramos su desglose, como, por ejemplo, que, en el segundo trimestre de ese año, solo en contratos menores se gastaran 55.590’87 euros.  Entre los costes se puede comprobar que el mantenimiento, las obras y los suministros de la residencia privada de Polo corren a cargo de los presupuestos públicos. De los gastos entre 2019 y 2021 no existe transparencia, los conceptos son vagos y contratos menores, además de que los destinatarios, en su mayoría, son allegados a Roberto Polo como quienes se encargan de la página web, la publicidad o la edición de sus catálogos.

Uno de los acuerdos más llamativos del contrato de Polo y el Gobierno regional es el anexo residencial. Roberto Polo, su marido, y las personas a su servicio disfrutan de una casa histórica singular en el casco antiguo de Toledo a cargo del erario público, en concreto la que perteneció al desparecido Patxi Andión, alquilado a la Junta por su viuda por una cifra superior a los 4.000 euros mensuales. Esta circunstancia es totalmente anómala. ¿Concebiríamos, por ejemplo, que a la Baronesa Thyssen el Estado español le pagara por la cesión temporal de su colección un palacete en La Castellana? También resulta llamativo que se pongan a disposición de la Fundación de Polo inmuebles y espacios que ni tan siquiera son de titularidad regional, sino estatal y que los castellanomanchegos también estemos pagando, en concreto a la empresa especializada SIT en la localidad madrileña de Coslada, el almacenamiento de obra que no está expuesta. Un alquiler que, precisamente, no es barato.

¿Qué aporta Roberto Polo a Cuenca y Toledo?

La oferta cultural y museística de estas dos ciudades, como decíamos, no es precisamente fácil de superar ¿era necesario apadrinar, por parte de la Junta, la llegada de Roberto Polo a la región? ¿nos podemos permitir sus gastos mientras otros museos necesitan inversiones y promoción?  Las piezas del galerista se recogen bajo el epígrafe ‘Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno de Castilla-La Mancha’ Ni un solo autor moderno o contemporáneo regional se puede contemplar en estos museos, si exceptuamos la obra que Rafael Canogar donó para la inauguración del centro en Toledo. Mientras tanto, estos artistas castellanomanchegos no cuentan con un espacio expositivo en la comunidad autónoma.

Aunque se ha vendido como una donación filantrópica en realidad el contrato firmado por Polo y la Junta en julio de 2018 deja claro que es una cesión temporal de las obras a quince años y que Polo conserva en todo momento su propiedad. En estos casos los coleccionistas siempre resultan beneficiados ya que, con su puesta en valor y exhibición pública, las obras obtienen su ‘certificado de autenticidad’, se estudian, se catalogan y se revalorizan mientras se exhiben. Al final, el coleccionista se beneficia ya que tras la caducidad de la cesión vende su colección en condiciones mucho más beneficiosas y favorables que la situación de partida.

Una colección sobrevalorada

El propio coleccionista cubano estadounidense ha cifrado el valor de sus obras en 368 millones de euros. La Junta dio por buena la cifra, que se antoja desmesurada con una simple comparativa, el precio de toda la colección Thyssen de Madrid que ascendía a 265 millones de euros, que fue lo que pagó el Estado a la Baronesa Carmen Cervera. 

Salvando algunas obras excepcionales, la colección Polo no cumple con las expectativas de excepcionalidad que nos han hecho llegar todos estos años desde la Junta de Comunidades. Los escasos nombres de primera fila están representados por obras, precisamente, de segunda (como el Delacroix o el Kandinsky) y de muchos de los grandes nombres (Max Ernst, Man Ray, Pechstein, Schlemmer, Schwitters, Moholy-Nagy) solo cuenta con una.   Es netamente inferior a las grandes colecciones privadas de arte del mundo como la Thyssen, la Phillips, la Peggy Guggenheim por no hablar de la Wildenstein, la Geffen, La Pinault, o la Saatchi, todas infinitamente más valiosas.

Llegada a Castilla-La Mancha

Roberto Polo llega a España de la mano de Barbara Rose, comisaria y conservadora de museos norteamericana y su amigo Rafael Sierra, un periodista, relacionado, tal y como relata el diario El País en su artículo Así entró la mafia china en el IVAM con la venta de cuadros falsificados cuando este museo valenciano era dirigido por Consuelo Ciscar. 

El primer contacto del gobierno de Castilla-La Mancha con Polo se produce en 2016, en un acto periodístico al que acude el vicepresidente de la Junta, José Luis Martínez Guijarro. Es en este momento cuando comienza a fraguarse el desembarco de su obra en Cuenca y Toledo.  En esta operación fue clave otro conquense, Jesús Carrascosa, ex viceconsejero de Cultura de la Junta Castilla-La Mancha y actualmente director de la Fundación Antonio Pérez que gestiona la Diputación de Cuenca. El equipo de Roberto Polo había intentado con anterioridad que fueran Castilla y León y también Málaga los lugares en los que instalarse, operaciones que finalmente no cuajaron. 

Los impulsores de la operación siempre fueron Carrascosa y Guijarro. El entonces consejero Felpeto no era muy partidario de la idea, pero no tuvo más remedio que secundar las intenciones de sus superiores.  En noviembre de 2016 García-Page ya anunciaba públicamente que una importante colección privada de arte aterrizaría en el Convento de Santa Fe de Toledo. El presidente de la Junta había intentado traer a Toledo una franquicia del Hermitage de San Petersburgo, pero la operación falló y la filial se la quedó Barcelona.   

Roberto Polo, una figura controvertida

Norteamericano de origen cubano, coleccionista, marchante, anticuario, negociante en el comercio del arte, hizo fortuna como asesor de inversiones en compras artísticas en el Citibank en los 70. Llegó a ser considerado el ‘Gran Gatsby ‘en la Nueva York de los 80 hasta que recibió una demanda por estafa y falsedad documental que le supuso un largo proceso judicial, varias demandas de extradición que finalmente le llevaron a ser encarcelado en Suiza en 1995. Para librarse de sus acreedores, a los que debía 125 millones de dólares, tuvo que vender su valiosa colección de arte del siglo XVIII y joyas. Tras saldar sus cuentas con la justicia comenzó de cero a coleccionar muebles, diseños y obras de arte de las vanguardias artísticas de principios del siglo XX, especialmente neoplasticismo holandés, Bauhaus y vanguardia belga y abrió una galería en Bruselas denominada Roberto Polo Gallery que en sus últimos años de operatividad estaba en pérdidas y prácticamente quebrada.

¿Y ahora qué?

La Colección Roberto Polo compromete seriamente los presupuestos anuales de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte. Desde su creación, y por su causa, las inversiones en el resto de los museos provinciales a cargo de la Junta, ha decrecido de forma dramática.

Por lo que se refiere al Museo de Santa Cruz de Toledo, uno de los museos más importantes de España por la calidad y cantidad de sus fondos y por la importancia monumental de sus inmuebles, la Fundación Roberto Polo le ha restado los espacios destinados a su ampliación y a su expansión. El 85% de los fondos del espacio toledano se encuentra en áreas de reserva (almacenes). El lugar ocupado por la colección de Polo era el destino natural de esa ampliación, que hubiera convertido Santa Cruz en el gran museo de Castilla-La Mancha de este siglo. En lo que respecta a Cuenca, el Estado no ha contemplado nunca la cesión del antiguo Archivo Provincial por lo que Polo y sus piezas acababan finalmente en la Iglesia de Santa Cruz, que estaba cedida por el Ayuntamiento de la capital inicialmente para ampliar el Museo de Cuenca. 

La colección de Roberto Polo da la puntilla a los museos provinciales de Toledo y Cuenca y a sus planes de futuro. En unas ciudades y sus respectivas provincias, tan ricas en fondos y en patrimonio, lo más sensato hubiera sido apostar por recuperar y mejorar lo que ya tenemos. Las nuevas propuestas son bienvenidas, por supuesto, pero si suponen un salto cualitativo en lo que ya se tiene, no un gasto faraónico y, además, un flagrante agravio comparativo con otras instalaciones mucho más valiosas y arraigadas en nuestras capitales y pueblos. 

Texto: AGA

Foto: Fachada del edificio que alberga la colección Polo en Cuenca.
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