La Opinión de Cuenca

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La esencia del chocolate

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El sector agroalimentario es uno de los grandes potenciales de la provincia de Cuenca. Contamos con cultivos y ganadería tradicionales, la mayoría de ellos adaptados y condicionados por el clima y las características de nuestros campos, además de por las comunicaciones que facilitan, o no, el transporte de los productos. Otras propuestas, en cambio, han llegado hasta nuestra tierra como firme apuesta por diversificar y para rescatar parte de una extraordinaria historia. Este el caso de la Abadía de Jábaga, una fábrica de chocolate que ha conseguido elevar al nivel que se merece no solo este alimento, sino el decisivo papel que protagonizaron en su distribución por España y Europa frailes y caminos conquenses. En la degustación del chocolate, gracias a la Abadía, evocamos, por ejemplo, calzadas romanas, monjes aventureros y visionarios, épocas convulsas de lucha, patrimonio y religión. Todo ello, en el lote básico de esta experiencia. A partir de ahí, cualquier cosa es posible…

El tesón de una ilusión

Parafraseando una nada afortunada afirmación, podríamos concluir, en este caso sí, que detrás de cada gran proyecto siempre hay un gran hombre. Carlos del Pozo, no temió hacer realidad un sueño, elevar su propia abadía desde la que reclamar y compartir apasionantes acontecimientos de hace siglos y que no merecen caer en el olvido. Esta iniciativa nos demuestra, básicamente, la vigencia e importancia del pasado en nuestro presente y futuro y que los proyectos empresariales no conocen más límites que las dificultades que surgen en su desarrollo hasta que, como en este caso, se van superando y se consigue el propósito final. La Abadía de Jábaga ha excavado un túnel en el tiempo para enseñarnos por qué es necesario saber de nuestro legado, de dónde venimos, lo importante que es conservar tradiciones y patrimonio y que se puede seguir contribuyendo al enriquecimiento de ambos en pleno siglo XXI. Hernán Cortés intentó convencer en su momento al emperador Carlos I de las excelencias de ese brebaje de cacao que elaboraban los aztecas y otro Carlos, Del Pozo en este caso y ya convencido, nos ofrece la posibilidad de disfrutar de la experiencia.

Chocolate para la crisis

Tiempos difíciles en los que nos encontramos, que, como reconoce el propio empresario, han obligado a reconducir el negocio y considerar los proyectos de futuro más inmediatos. Pero como hombre curtido en este tipo de experiencias, Carlos del Pozo, transmite tranquilidad y seguridad, primero en seguir hacia adelante, en progresar y, sobre todo, en desafiar a determinados elementos que, en algunos momentos, se empeñan en cuestionarnos si nos encontramos en el camino correcto. La Abadía de Jábaga se adapta a Cuenca, a una provincia que necesita genialidades para mantenerse y, si fuera posible, distanciarse de ese halo de triste y lenta decadencia que trae consigo la despoblación. Todas las empresas esperan que el país vuelva a crecer, que pasemos este trance en el que llevamos sumidos no sólo el último años y sin perspectivas alentadoras para los próximos, y que se aúnen los elementos necesarios para reactivarnos. Inversiones, promociones, incentivos para las familias, trabajo… todo ayudaría a volver a tomar impulso para acercarnos a esa normalidad que ansiamos y repetimos pero que no acaba de llegar. Mientras tanto, el chocolate, a modo de bombones, de diferentes sabores y propuestas tabletas, y variados surtidos esperan en su abadía conquense, dispuesto a endulzarnos el ánimo y a infundirnos las fuerzas de sus guerreros descubridores.

Historia y presente

En la Abadía de Jábaga no todo es chocolate. Empezando por su edificio, que se erige majestuoso como monasterio, las instalaciones ofrecen unas posibilidades que invitan a la celebración de cualquier tipo de eventos, incluidos los culturales y en especial los musicales, ya que cuentan con un órgano creado por los hermanos Desmottes, todo un referente en la materia, y decorado por el artista conquense Jesús Mateo.  A través de su página web www.abadiadejabaga.es conocemos cómo en el siglo XVI un monje de la orden del Cister, Fray Jerónimo de Aguilar, envía una buena muestra de cacao y varias recetas a otro monje encargado del monasterio de la Orden de Santiago en Uclés, donde, cuenta la leyenda que en la Ermita de San Roque, en la que se ubica la Abadía, tuvo lugar un trueque de pertrechos y habas de cacao, para llegar al monasterio de Piedra, con una de las posibles recetas para la elaboración de “xocoalt” o cacao.  

En una visita a Uclés el conquense Julián Romero Ibarrola supo del chocolate llevándolo con él a Flandes. Sus tropas enseñaron a los suizos y belgas, entre otros, a fabricarlo y trabajarlo. Resulta curiosa que la tradición chocolatera se haya convertido en una seña de identidad de estos países de Centroeuropa, mientras que en España no se haya potenciado que fueron nuestros compatriotas quienes lo trajeron y distribuyeron por el continente.

La Abadía de Jábaga no está dispuesta a que persistamos en este olvido. El chocolate ocupa una primera línea en la producción agroalimentaria en Cuenca. Resurge con imaginación, conectando y aprendiendo del pasado, orgulloso de que se reivindique la historia de aquellos viajeros, monjes y soldados, que supieron añadir a sus aventuras un toque de dulzura y sabor. 

Texto: AGA

(Fotos cedidas por la Abadía de Jábaga)

 
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