La Opinión de Cuenca

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Autobús a demanda, el transporte insensible para las zonas despobladas

Actualidad


Una de las vértebras principales que mantiene en un territorio a sus habitantes con perspectivas de seguir viviendo en él y que lleva a plantearse a nuevos pobladores su residencia es, sin duda, sus comunicaciones. Autovías y carreteras seguras que acorten distancias y un transporte público operativo, que se traduce en tiempos y horarios razonables, se tornan fundamentales para romper por algún lugar esa burbuja en la que cada día que pasa se recluye y agrava la despoblación, un problema complicado de resolver y que, por el momento, se afronta con más desacierto que con soluciones.  

Lo que parece meridianamente claro es que el éxodo rural no se combate con la supresión de servicios, entre ellos y como decíamos, los transportes públicos. El desmantelamiento del tren y del autobús en la provincia de Cuenca comenzaba hace años, minimizando las rutas por carretera de los segundos y abandonando, sin inversiones, al primero. En una provincia dispersa, con una población envejecida, este tipo de transporte es fundamental y necesario. Recordemos siempre que se trata de un servicio público, cuyo objetivo es garantizar la movilidad de los habitantes de un territorio y no responde, por tanto, a una rentabilidad económica.

En la provincia de Cuenca soportamos, sobre todo desde los últimos dos años un pésimo guion de telenovela en torno a los servicios públicos. Centrándonos en el transporte, allá por 2019, sin pandemia, sin Filomena, sin guerra, Gobierno y Junta suprimían el paso del autobús regular por varios pueblos de la Serranía Baja para sustituirlo por un servicio a demanda. Descontento generalizado entre los siete pueblos afectados, Cañete, La Huérguina, Boniches, Campillo Paravientos, Fuentelespino de Moya, Henarejos y Garaballa, que protestaron en su momento por esta decisión. Imposibilidad de comunicar con la centralita que recoge las reservas, un horario solo de mañanas para tal fin y la nula capacidad de poder improvisar un viaje hacia Cuenca o Valencia, además de horarios nada prácticos, eran las principales quejas que esgrimían los alcaldes de estas localidades en representación de sus vecinos.

Inasequible al desaliento e inmutables ante la realidad, el actual Gobierno regional de Castilla-La Mancha presentaba esta semana en Cuenca lo que han denominado proyecto piloto de transporte sensible a la demanda. Más de dos años de mal experimento, en la Serranía Baja no les ha desanimado para extender este sistema a la Serranía Alta y a La Alcarria, con el agravante, en el caso concreto de esta última comarca, de suprimirles el tren. El propio presidente de la Junta, García Page, dirigía una carta encabezada por un estimado/a amigo/a a los nuevos conejillos de indias que sufrirán la puesta en marcha de esta peregrina idea. Por cierto, que se incorpora un elemento más, una aplicación para teléfonos móviles en la que reservar el paso del autobús. ¿Quién no tenga o maneje estos dispositivos, qué hace? ¿El número de teléfono alternativo que se facilitan tendrá la suficiente capacidad y disponibilidad de horario para atender a todo el que quiera viajar? Volviendo a la app, ¿qué ocurre con la protección de datos? ¿Es legal el control mediante la identificación de nombres y apellidos por parte de una empresa de los movimientos a través de los viajes de quienes utilicen el autobús? 

Para tratar de convencer de aquella máxima es por tu bien el guion de nuestra particular soap opera ha incorporado al argumento actores y tramas de todo tipo. La pandemia, excusa válida para suprimir servicios en su momento, obviamente, pero también para restablecerlos una vez superada, la borrasca Filomena que, supuestamente, dejó inutilizada la línea de tren entre Cuenca y Valencia, donde se emprendieron unas obras de las que no hay constancia, un supuesto plan de movilidad, en el que los aparcamientos para vehículos particulares son la estrella y que no se puede llevar a cabo, curiosamente, a no ser que se suprima el tren, el intento de enfrentamiento absurdo entre ferrocarril y AVE, el anuncio de 22.400 millones de euros para el tren en España excepto en Cuenca, la idea de poner en marcha un tren turístico al mismo tiempo que se levantan las vías,  una consulta popular sobre el cierre del tren que ahora no se lleva a cabo… y suma y sigue. Entre el elenco de esta historia coral se encuentran María José Rallo, del Ministerio de Transportes, Page, Chana, Dolz y Carrizo, sobradamente conocidos, y Plataformas como Pueblos con el Tren, la del Ferrocarril, Ayuntamientos, vecinos y ciudadanos de buena fe, como extras, y la actuación estelar de la CEOE, que tras su protagonismo inicial ha pasado en estas últimas semanas a un discreto segundo plano.

Descendemos a la realidad, al nivel en el que habitan los problemas y donde deben de dirigirse las soluciones. Nos trasladamos a Henarejos, una localidad de nuestra Serranía Baja, como decimos, que apenas llega a los 150 habitantes. En octubre de 2018 un vecino de Henarejos podía viajar a Utiel diariamente a las 7:25 horas, momento en el que pasaba el autobús por el pueblo y llegaba a las 9:20 al municipio valenciano. Si quería regresar el mismo día, el horario de partida era a las 16:45 y llegaban de nuevo a su pueblo a las 18:45. En julio de 2019 contaban con ese mismo servicio diario de autobús que salía de esta localidad a las 9:00 de la mañana en dirección a Utiel para llegar al municipio valenciano a las 10:38. El regreso, en esa misma jornada, estaba previsto para las 15:35 horas, salida del mencionado Utiel y llegada a Henarejos a las 17:20 horas. Se acortaban, por tanto, unas horas entre la salida y el regreso. En julio de un año después, en 2020, la cuestión se va complicando. El autobús sale de Henarejos a las 11:40 y llega a Utiel a las 13:00 horas. Quien quisiera regresar a Henarejos tendía que estar de nuevo en Utiel a las 15’00 horas para llegar al municipio conquense a las 16:45. Es decir, la ida y vuelta en un solo día a Utiel o Valencia se dificulta de manera bastante considerable. Y llegamos a la cuadratura del círculo, a la actualidad. Hoy en día, además de llamar por teléfono para poder viajar en autobús, eso si se consigue contactar, y eliminando de un plumazo los imprevistos, un vecino de Henarejos no puede ir y volver en el día a Utiel. El servicio sensible a la demanda oferta un singular horario: salida a las 14:30 de Henarejos y llegada a Utiel a las 15:50 horas. La vuelta, salida de Utiel a las 13’00 horas y llegada a Henarejos a las 14’17 horas. Es decir, los servicios de ida y vuelta, los autobuses, se cruzan en el camino, imposibilitando que una persona pueda ir al médico o a realizar gestiones a Valencia y volver en la misma jornada. ¿Qué utilidad tiene, entonces este nuevo concepto de viajar en autobús? ¿Realmente se atiende a la demanda y a las necesidades de los vecinos de los municipios?

Otro ejemplo significativo de la decadencia y falta de resolución de la problemática del transporte público en nuestra provincia lo sufre la localidad de Monreal del Llano. El medio centenar de habitantes que allí reside se encuentra incomunicado. Su alcalde dirigía el pasado enero una carta al propio presidente de la Junta, García Page, en la que, aparte de pedirle una audiencia, cuestión que todavía no ha logrado, le recordaba que en estas últimas décadas la institución regional poco o nada ha trabajado por su pueblo. Sin ir más lejos, Monreal ha pasado de contar con tres autobuses diarios a quedarse sin ninguno.

Que Cuenca se quede sin tren y sin autobuses adquiere unas dimensiones de gravedad muy importantes y que iremos percibiendo con más intensidad a medida que pasen los años. Pensar y actuar en pequeño, dejando servicios públicos como el transporte restringidos a la mínima expresión solo va a derivar en una consecuencia: que cada vez viva y quiera vivir menos gente en nuestra provincia.

Texto: AGA

Imagen: Parada de autobús de la localidad conquense de Henarejos

 
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