La Opinión de Cuenca

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Avlo, el supuesto ‘low cost’ más caro que el AVE

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No acaba de encajar ni de convencer, en el difícil engranaje de los servicios de transporte públicos que afectan a la provincia de Cuenca, que el viajero sea el principal beneficiario de todos los experimentos que se vienen llevando a cabo desde, especialmente, hace tres años.

Primero fueron los autobuses. La cancelación de rutas fue camuflada bajo la ambigua y poco eficaz fórmula de a demanda. Quienes quieren viajar, desde numerosos municipios de Cuenca, tienen que llamar a un número de teléfono para pedir expresamente que el autobús vaya a recogerlos a sus pueblos. La cuestión parece simple pero no lo es. No siempre se encuentra respuesta al otro lado de la línea y, por supuesto, olvidémonos de los imprevistos. Si no hay reserva, no se viaja, aunque haya asientos libres, así de insólito. Por supuesto, hay municipios que cuentan con una variante mucho más drástica que la de a demanda, como es el caso de Monreal del Llano, aislado, sin ningún tipo de transporte público desde hace años.

Luego le tocó al ferrocarril. La agonía del tren ha sido más lenta y sonada. Se dejó de invertir, las instalaciones de la línea Madrid-Cuenca-Valencia empeoraron, se restringieron los horarios y el servicio entró en bucle, no es operativo, los viajeros, lógicamente y obligados por las circunstancias, dejan de usarlo paulatinamente. En 2020, durante los primeros meses de la pandemia, el tren entró en el lote de la supresión de servicios de transporte. Pero terminó la primera ola, llegó el restablecimiento de la circulación y el ferrocarril conquense se incorporaba tímidamente a la normalidad. Apenas seis meses de oxígeno para volver a suspenderse las rutas esta vez en enero de 2021 a causa de la borrasca Filomena. Comunicados oficiales por parte de Adif intentaban justificar que ya no había conexión con Valencia por daños en la vía y que se estaban reparando. Ni desperfectos ni obras llegaron nunca a detallarse ni a hacerse público Y en noviembre de ese mismo año, el Ministerio de Transportes anunciaba oficialmente que Cuenca se quedaba sin tren, una noticia que se intentaba dulcificar con el ya conocido plan XCuenca, (la cruz de Cuenca) un cúmulo de ideas inconexas, de propuestas y elucubraciones entre las que destacan dos principios fundamentales: el cierre del tren y la ausencia de inversiones en la capital y provincia. Por cierto, a todo esto, el mismo día que la representante ministerial se reunía con alcaldes en la Subdelegación del Gobierno, la responsable de su departamento anunciaba 24.200 millones de euros para inversiones en el tren. Para Cuenca quedó claro que nada…

Visto el desagrado popular con respecto al cierre del tren y que el XCuenca (la cruz de Cuenca) no acababa de anclar, por mucho que circularan por la capital más de 7.000 ejemplares buzoneados intentando vender sus bondades, ejecutores y cómplices de la supresión del ferrocarril en nuestra provincia recurrieron a una nueva táctica, el divide y vencerás. Ahora se trataba de vender las bondades del AVE versus la decadencia del tren convencional e intentar implantar en todos los subconscientes posibles que el centenario medio de transporte provincial, su supervivencia, impedía el desarrollo de la alta velocidad, más servicios entre Madrid y Valencia y precios más asequibles de los billetes. En medio de esta lucha entre lo de toda la vida y el futuro se colaba un invitado, el Avlo, un servicio, según lo define la propia Renfe, de alta velocidad a bajo coste.

El segundo de los trayectos en ver la luz de este nuevo y morado tren planificados para España se realizaba entre Madrid y Valencia y, como no, en medio del viaje se encontraba la estación de Fernando Zóbel de Cuenca. La mayoría de los usuarios de la capital que utilizan el AVE recibían el anuncio con la lógica alegría. Las primeras noticias sobre este nuevo tren, el Avlo, avanzaban que un billete a Madrid o Valencia nos costaría 7 euros. Así se publicaba en la práctica totalidad de los medios de comunicación. Dos eran las paradas, en ambos sentidos que iba a realizar este nuevo tren, que por cierto circula ya desde esta semana, a las 10:26 horas con destino a Madrid y también a las 22’08 con final en la capital de España, mientras que para ir a Valencia, los conquenses pueden escoger entre las 7:25 de la mañana y las 13:35 horas del mediodía. Vaya por delante que ningún tipo de tren de alta velocidad por muy barato que sea, sustituye el hecho de que localidades como Tarancón, Huete, Arguisuelas, Carboneras de Guadazaón, Cardenete o Cañada del Hoyo, entre otras, se queden sin tren. Por tanto, queda claro que ambos servicios, el tren y el AVE eran complementarios. Sin discusión.

Volvemos al Avlo. La campaña mediática y de recibimiento al nuevo tren ha sido importante. Como es lógico, viaje inaugural para la prensa y autobombo de las bondades de un nuevo servicio, que siempre es útil, no vamos a negarlo. Pero la historia se tuerce cuando, ahora, alguien, quiere viajar en Avlo por el precio que se había anunciado y que justificaba, básicamente, su existencia, esos 7 euros. El pasado jueves, 24 de febrero, sin ir más lejos, viajar en este low cost desde Cuenca a Madrid costaba nada más y nada menos que 39 euros. Más caro incluso que el propio AVE. ¿Alguna explicación? Parece que ante la demanda de billetes, los precios se han encarecido y que difícilmente podremos encontrar un billete por los famosos 7 euros al menos en varios meses. ¿Es lógico que una compañía pública, que basa la existencia de este servicio en que es económicamente más asequible que el que ya existe pueda subir los precios de los billetes hasta estos extremos? Por cierto, para evitar otra sorpresa desagradable a la que no se ha dado publicidad, nos cobran por el equipaje. Bolso y maleta pequeña sortean el peaje, pero si tenemos pretensiones mayores, la broma puede salirnos hasta por 30 euros más.  ¿Es este un nuevo concepto de low cost?

Está claro que la campaña de marketing del Avlo ha funcionado a la perfección. Ni una fisura en su recibimiento en la ciudad. Un solo inconveniente: no sirve ni para conectar pueblos, vertebrar la provincia ni, tampoco de momento, para ahorrarnos un solo euro.

Texto: AGA

Imagen. Tren Avlo (Renfe)

 
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