La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Calle Retiro... ¡Ay que pena, por Dios!

Patrimonio


¡Oh, tantálico esfuerzo en piedra viva!
¡Oh, aventura de cielos despeñados!
Cuenca, en volandas de celestes prados,
de peldaño en peldaño fugitiva.

Estos versos de nuestro Federico me acompañaban en mi paseo diario, esta vez, de bajada hacia el centro de la ciudad. Y es que era como abandonar, peldaño a peldaño, esa parte pétrea de la ciudad que me posee cada día. Tan reacio soy a perderme extramuros, que aún a sabiendas del pequeño rodeo que daba, quise deleitarme un rato por una de sus calles más peculiares, peculiaridad que se define por ser una calle semicircular. Estoy hablando, bueno, escribiendo, de la calle Retiro, calle que empieza y termina en la de Las Tablas, actualmente González Francés. El día era gris, de esos que llamamos tristones, y verdaderamente, no puedo decir que el recorrido por esta calle me alegrara el espíritu, todo lo contrario. Una vez más, mi alma se quebró ante el espectáculo tan desolador que contemplé. Una vez más, Cuenca, Patrimonio de la Humanidad, herida de gravedad por su estado de desidia y abandono. Una vez más, siento pena y vergüenza.

Entras en la calle Retiro y levantas la vista para contemplar la placa con su nombre… indescriptible el estado en que se encuentra la pared. Pero si la bajas… patético el estado en que se encuentra el enguijarrado del suelo. Algunos de los agujeros se han parcheado burdamente tan sólo con cemento, sin respetar el enmorrillado original. El ajardinamiento de las pequeñas jardineras adosadas a algunos muros, vamos a llamarlas así, se encuentran absolutamente abandonadas y carentes de cualquier planta ornamental. Por el contrario, puedes encontrarte con restos de materiales de construcción como un trozo de viga de hormigón, ladrillos, bloques de cemento, piedras, losas, terrazo, yeso, trozos de madera… ¿será esto un nuevo concepto de paisajismo urbano? Quizá, dentro de esta tendencia paisajística entren también todos los alcorques con árboles talados, la vegetación en muros, unas veces salvaje y otras seca, así como coronaciones de muros abatidos, probablemente por el impacto de algún coche, o el remate final de la calle con piedras caídas, que, en vez de ser colocadas nuevamente en su sitio, están sujetando los tablones de la puerta de una casa.

El cúmulo de despropósitos vergonzosos y avergonzantes de esta calle parece no tener fin. Se cierra el paso de vehículos de bajada hacia la muralla con dos bolardos, cada uno de su padre y de su madre… es incomprensible cómo no han puesto también un somier. El estado de las escaleras de bajada hacia una entrada de una casa… de rotura de tibia y peroné. Ahora bien, lo que hay dentro de la pequeña parcela delante de la casa… directamente al basurero del señor Chana. Aunque sea una propiedad privada, es inadmisible en pleno casco urbano, y más, en pleno casco histórico, una acumulación de basura de tal calibre y a la vista de todos. El consistorio de turno debe tener los recursos pertinentes para que esa porquería, nido de ratas y de todo, desaparezca.

Pero lo que me ha resultado absolutamente inaudito, esperpéntico y, se mire como se mire, totalmente intolerable, es la sorpresa que te depara el muro que sustenta el jardinillo del antiguo conservatorio, hoy UNED, y que se encuentra a escasos metros del último lienzo de la muralla. Este muro se encuentra completamente atiborrado de hierros incrustados en él que son restos de antiguos tendederos de los vecinos de la zona y de portamacetas. Lo primero, es que no entiende nadie que en su día se autorizara su instalación, y, segundo, no se comprende la desidia y dejadez de no haberlos retirado ya.

Amo Cuenca, por eso, ante tanta agresión hacia la ciudad que llevo en el alma sólo puedo decir… ¡POR DIOS, QUÉ PENA!

Texto: La Opinión de Cuenca

Fotos: Varias imágenes que demuestran el estado de esta calle conquense

 
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