La Opinión de Cuenca

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Cañita Brava o Federico Grande de Prusia

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La pandemia que estamos padeciendo no sólo es sanitaria, también es de liberticidas y déspotas. Hasta esa aciaga semana de marzo que Dios tenga en su gloria al año 2020, los ciudadanos españoles podíamos hacer lo que quisiéramos mientras no contraviniéramos la ley. Era el ministerio fiscal quien tenía que demostrar que habíamos hecho algo en contra de la ley.

Pero llego esa fatídica semana y se plantó un estado de alarma, que muchos dictadores hubieran querido para sí, algunos sabíamos que aquello era ilegal, no por que fuéramos muy listos sino porque sabemos leer un poco, las cartillas Rubio cumplieron su cometido, y la constitución deja claro que puede o no puede hacer un estado de alarma.

La cosa no quedo ahí, acabado el primer disparate en que el señor de la Moncloa, se cansó de su juguete se lo paso a 17 reyezuelos, para que cada uno hiciera de su capa un sayo. Habíamos dejado atrás las decisiones de un emperadorcito copión por 17 espadones, que imponían a su antojo cualquier cosa que hiciera ver a los ciudadanos, que ahora pasaron a ser súbditos, que algo se hacía, dando igual si era efectivo o no**. Así llegamos a la situación en la que eran estos 17 señores “neofeudales” quienes decidían en su gran benevolencia si podía ir al bar de la esquina, celebrar la Santa Navidad como quisieras, ir a Misa, o desplazarte a tu segunda residencia de la que religiosamente se lucran cada año con el IBI. Si el señor feudal estaba de buenas más o menos se podía soportar, pero si estaba de vinagre, hacía ver su poder con los alcahuetes que disponía a su alrededor.

De nuevo el papelón de aquellos que bajo la excusa de cumplir órdenes, incumplían la principal misión que tienen encomendada, “guardar y hacer guardar la constitución”. Recuerdo que en un lugar de Alemania llamado Núremberg, aquello de cumplir órdenes como que no coló. El caso es que esos 17 reyezuelos convirtieron a leales servidores de la ley en meros sheriff de Notthingam . 

Como no hay mal que 100 años dure, aquello también paso, se pudo hacer vida más o menos normal, pero los reyezuelos, como buenos absolutistas no reconocieron que se habían pasado de frenada, ninguno pidió perdón en un telediario a las tres de la tarde, ni mucho menos compenso a su pueblo por las molestias causadas. A ninguno se le ocurrió que, ya que no se podía disfrutar de las segundas residencias, al menos compensar el cobro del IBI de dichas residencias. Así que cada vez que veo al reyezuelo de la Taifa donde tengo mi segunda residencia, me acuerdo de la frase de Cañita Brava en la película Torrente: “Reyezuelo, me debes 6000 pesetas de güisqui”

Por otro lado, me viene a la mente la frase de Federico el Grande de Prusia, ejemplo de despotismo ilustrado y de audacia invadiendo en un gélido invierno la Silesia austriaca “A las ovejas hay que esquilarlas no desangrarlas”. Lástima que el reyezuelo de la taifa, tan rica en ovejas no la conociera y aun así la pudiera entender.

Las ovejas confían en su pastor, para que las alimente, les dé cobijo y las defienda de los lobos. Pero cuando el pastor se convierte en vampiro en vez de esquilador, a las ovejas ya no les sale a cuenta hacer lo que dice el pastor, las ovejas se asilvestrarán y dejaran la corraliza. Una vez ya en el monte no habrá pastor que las encierre, porque el recuerdo del mal pastor las guiará.

El buen pastor si se equivoca y lleva a sus ovejas a un secarral o un pozo salobre, rectifica, reconoce su error y cambia. No permanece empecinado en su parecer a costa de las ovejas

Luego vendrán los requiebros y lamentos del pastor, quejándose de que las ovejas se han vuelto locas o mohínas, cuando fue él con sus actos quien rompió el contrato milenario entre las ovejas y el pastor.

Mas esquilar y menos desangrar. 

Epilogo: Terminado el texto veo el artículo de mi compañera en La Opinión de Cuenca, “COVID un virus puñetero y caprichoso”, donde Ana Martínez, pone de manifiesto su asombro de cómo se han realizado otras actividades al aire libre y bajo techo en las últimas semanas, pero la procesión de San Antón, no.  Este es un ejemplo claro, si el sheriff del condado esta de buenas hay procesión, y si no, San Antón.

** Enlazo aquí el artículo de “El Debate” donde un metanálisis de la universidad Johns Hopkins, llega a la conclusión de que el confinamiento no fue efectivo para salvar vidas

https://www.eldebate.com/sociedad/20220201/cierres-obligatorios-tuvieron-escaso-efecto-tasas-mortalidad-covid-19.html

El artículo original lo pueden leer aquí:
https://sites.krieger.jhu.edu/iae/files/2022/01/A-Literature-Review-and-Meta-Analysis-of-the-Effects-of-Lockdowns-on-COVID-19-Mortality.pdf

Texto: José Carlos Martínez Ávila

Imagen: Friedrich der Große (1870)

Sección: El último mohicano

 
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