La Opinión de Cuenca

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Carboneras de Guadazaón, más fuerte que un rayo

Actualidad


Árbol solitario
Se alza en campo yermo,
Desafía las iras
Del rayo del cielo.

La tormenta cuajó y suelto el rayo
Tronchó del árbol el robusto tronco.

¡Ay del árbol solo
Que en un campo yermo
Desafía las iras
Del rayo que es ciego!

(Miguel de Unamuno)

Así, como el árbol solitario en campo yermo, extramuros del pueblo de Carboneras de Guadazaón, se encuentra el imponente y magnífico Panteón de los Marqueses de Moya. Y al igual que al árbol de Unamuno, una tormenta que cuajó y suelto el rayo la noche del pasado viernes 21 de abril, le tronchó, no el tronco, pero sí el remate superior de su fachada principal. Eran las once y media de la noche cuando sin piedad trató a este soberbio monumento, gracias a Dios respetó la integridad de todas las personas que se encontraban en el pueblo en ese momento. Los daños materiales son cuantiosos; no sólo los que afectan a la estructura del edificio en su parte más alta y al tejado, sino también hay que destacar que toda la instalación eléctrica quedó destruida, lo mismo que ocurrió con parte de las vidrieras. 

La importancia artística e histórica de este monumento es máxima tanto para Carboneras como para toda Cuenca. Los hoy olvidados Marqueses de Moya, son personajes claves para la historia contemporánea de España. Tuvieron importancia capital en la Reconquista y también en el descubrimiento de América.

Doña Beatriz de Bobadilla fue la camarera de la reina Isabel I. Era hija de Mosén Pedro Bobadilla, que tuvo la alcaidía de Madrid y de la Casa de El Pardo, con la guarda de sus montes. Su esposo, Andrés Cabrera, mayordomo del rey Enrique IV, fue el alcaide del alcázar de Segovia y jugará un papel determinante en la aspiración de la infanta Isabel a la Corona de Castilla. En agradecimiento al matrimonio, se les concederá el título de señorío de Moya y parte de los sexmos segovianos de Casarrubios y Valdemoro y el título de marqueses en 1480. Una veintena de años después, el linaje está consolidado. Los marqueses establecen dos mayorazgos entre sus cuatro hijos y planifican un lugar para su descanso eterno. El lugar elegido para panteón del linaje será el lugar de Carboneras de Guadazaón, en el extremo oeste de las tierras de su jurisdicción y encrucijada de caminos que separan las tierras de allende los Montes Universales y el Levante Mediterráneo. Allí fundan los marqueses, en julio del año 1500, el convento de la Santa Cruz, junto a Don Juan Pérez de Cabrera, Arcediano de Toledo. La fundación es encomendada a la Orden de Predicadores, que permanecerán hasta la desamortización del año 1835. El convento tiene su época de esplendor durante el siglo XVIII cuando es sede de la Universidad de Filosofía Tomista y Teología.

A la importancia histórica del monumento, se une la no menos destacable arquitectura del conjunto. La Iglesia fue declarada Monumento Nacional en 1981. El templo es de cruz latina, de una sola nave y ábside plano, con bóvedas de crucería gótica del primer tercio del siglo XVI

A finales del siglo XX se conservaba la bóveda de crucería primitiva con sus nervaduras sin retoques ni alteraciones. El resto de la nave fue reformada en el siglo XVIII por Martín de Aldehuela, recubriéndose las paredes, artesonados y pilastras con yesos, según su estilo y época, resultando un estucado de notable belleza. También se conserva la tumba de sus fundadores. En el Museo Diocesano de Cuenca se conservan ocho tablas de Juan Borgoña del primitivo retablo, que posteriormente fue sustituido por uno barroco que resultaría totalmente destruido en la Guerra Civil, del cual sólo se conserva alguna pieza suelta de algún angelillo y una fotografía de cómo era.

El exterior, con paramentos lisos de mampostería, posee una magnífica portada gótico isabelina abocinada, compuesta por arco de medio punto y dos puertas de entrada con arcos carpaneles y parteluz.

Del extinto convento de Dominicos de Carboneras de Guadazaón, sólo queda en pie la iglesia. El proceso de degradación del conjunto quedó en parte detenido, tras la rehabilitación de la cubierta que se llevó a cabo a inicios de la década de los años ochenta del siglo XX. Recientemente, en 2016, el Panteón de los Marqueses de Moya fue incluido en los planes PLAMIT de la Diputación Provincial de Cuenca, siendo presidente Don Benjamín Prieto, con un proyecto que pretendía en un conjunto de fases, la reparación completa de la iglesia y su aprovechamiento como espacio cultural para el municipio. La actuación llevada a cabo se centró en cubiertas, bóvedas, muros, suelos y urbanización, así como restauración y acabados interiores. Las bóvedas se encontraban en muy mal estado debido a la humedad que filtra desde la cubierta. Su estabilidad estructural se encontraba muy debilitada, además las molduras, decoración y pintura se encontraban también muy deterioradas. Es probablemente que gracias a estas intervenciones el daño causado por el rayo caído el pasado viernes no haya sido devastador. Carboneras podrá celebrar de nuevo el segundo domingo del mes de mayo su Domingo de procesiones. 

El pueblo de Carboneras, y a la cabeza, su alcalde, Don Carlos Arteche, se volcarán, como siempre lo han hecho, con su Panteón, porque tienen muy claro que todo esfuerzo es poco para conservar el Patrimonio, Patrimonio que es un legado insustituible, porque tener Patrimonio es tener un tesoro que no debemos ni podemos perder, y que al igual que nosotros lo hemos recibido de nuestros mayores, tenemos la obligación de entregarlo, conservado y mejorado, a las generaciones futuras. 
Son las administraciones quienes tienen la obligación y la responsabilidad de hacer el esfuerzo de preservar este monumento que es seña de identidad cultural y espiritual para Carboneras de Guadazaón, para todo el Marquesado de Moya y para toda Cuenca. La gestión del Patrimonio por parte de las administraciones debe ser una fuente generadora de recursos, de puesta en valor y de vida para nuestros pueblos. Carboneras es un ejemplo de creatividad en la gestión patrimonial del Panteón, pero necesita el apoyo institucional para recuperarlo en todo su esplendor.

Los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad. La ley penal sancionará los atentados contra este patrimonio.

Art. 46 de La Constitución Española.

Texto: Ana Martínez

Imagen: Panteón de los Marqueses de Moya (Raúl Contreras)


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