La Opinión de Cuenca

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Cooperativismo y despoblación

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A nuestros políticos les sobra fachada y les faltan ganas de trabajar. Cuando asumen responsabilidades de gobierno deben “coger el toro por los cuernos” y gestionar el dinero de los ciudadanos para resolverles los problemas del día a día. Por desgracia esto no es así y hasta en ocasiones se les escapa que “nosotros hemos hecho…” como si de dinero de su bolsillo hubieran salido los recursos que sirven para cualquier obra o servicio a la sociedad.

La realidad es que en primer lugar se “pavonean”, después tiran por tierra lo hecho por los anteriores y a continuación actúan (mirando de reojo a los colectivos que más votos les aportan) con criterios sectarios, discriminatorios y populistas.

Habrá quien piense que soy exagerado, pero ese perfil anterior por desgracia es más frecuente de lo que desearíamos. Con ello no olvido a muchos que actúan de modo correcto y honrado incluso perjudicando lo personal, aunque con las limitaciones propias del sistema. 

Los recursos gestionados son públicos y escasos pues salen de los impuestos de los ciudadanos generados desde el sector privado. Y de ahí deben pagarse todos los bienes y servicios que disfrutamos. Por ello es tan importante que el sistema sea el correcto, con los oportunos controles y planificación adecuada buscando la ecuanimidad y justicia en la gestión.

En primer lugar la duración de los mandatos es corta para proyectar todo lo que compete y poder ir ejecutándolo, y peor aún si  quien entra a asumir esas responsabilidades lo hace con la visión corta e inapropiada que he mencionado en los párrafos iniciales.

El problema de “la despoblación del medio rural”, de “la España vaciada” o como se le quiera llamar, se produce como consecuencia de no haberse trabajado con antelación para evitarlo desde hace muchos años. Con una correcta planificación a largo plazo y un trabajo eficaz y constante no se hubiera llegado al punto actual con situaciones sin solución.

Y aquí es donde considero una herramienta muy útil al cooperativismo. En nuestra tierra castellano-manchega conocemos perfectamente el cooperativismo agrario que ha ayudado a que en el medio rural los pequeños agricultores y ganaderos hayan adquirido dimensiones suficientes para proporcionar a sus socios los insumos que precisan a precios competitivos, y también a que puedan situar sus productos incluso transformados en cualquier mercado.

Uno de los principales motivos del abandono del medio rural es la falta de determinados servicios que precisa una sociedad moderna. La educación llega un momento en que se resiente por la escasez de población, la sanidad igualmente es deficitaria y lejana de los pequeños pueblos. Hoy las entidades financieras que en su momento tuvieron una gran red de oficinas, tienden a cerrar por la falta de actividad y por tanto de rentabilidad.

Todo entra en un círculo vicioso que se retroalimenta para ir ahogando poco a poco el medio rural.

Y todo ello se produce a la vez que los productos de nuestras tierras siguen saliendo como materias primas a granel sin transformar. Y las cooperativas es la herramienta perfecta para lograr que esas cosechas se transformen, manipulen y envasen in situ para que el valor añadido se quede en donde se ha producido. La industria agroalimentaria no cooperativa existe en nuestra tierra, pero también tienden a ubicarse en ciudades mayores o mejor situadas por las ventajas logísticas, de personal cualificado, etc.

Cuando el tejido cooperativo fuese suficiente y en las diferentes fases de fabricación y comercialización, y abarcase todas las posibles producciones, sería factible el que las agencias de transporte recogieran nuestros productos elaborados. Y es que no hay que olvidar que la mayoría de los productores son pequeños, o al menos sin la dimensión adecuada para afrontar estos procesos industriales, por ello las cooperativas son la herramienta adecuada para sumir dicha función.

Pero la realidad es que crece el individualismo y el cooperativismo con los problemas que lo rodean no termina de despegar. Podría decirse que incluso está en cierto retroceso. Y aquí es donde la responsabilidad de los políticos es importante.

Es mucha la cantidad de dinero que ha llegado desde las administraciones a estas cooperativas, mucho de él desde Europa, pero continuamos viendo demasiado hormigón, e instalaciones que no suelen hacer otra labor que la del almacenamiento. Entidades que facturan decenas de millones de euros pero con casi un único mercado, el del granel. Esas decenas de millones se podían convertir en centenas llegando hasta el consumidor final.

Está claro que muchas de las inversiones se han hecho “sin cabeza”. Ha bastado con venir a hacer la foto para la nota de prensa pero sin el control y seguimiento necesarios para asegurar que esos fondos públicos, los de los impuestos de los ciudadanos, están cumpliendo la misión para la que se invirtieron. Y esta es una realidad que vivimos en los pueblos de forma cada día más frecuente.

Tantas promesas de los que vienen a salvarnos con peticiones de grandes proyectos e infraestructuras (si llegan a realizarse) que con el tiempo se abandonan sobran. Es necesario un verdadero trabajo a largo plazo que permita aprovechar y rentabilizar al máximo nuestra riqueza, que es mucha, y de la que se benefician casi siempre en lugares muy lejos de nosotros. 

No nos queda otra que la unión aunque la sociedad actual nos hace cada vez más individualistas. El mundo rural castellano manchego siempre ha logrado objetivos importantes a través del asociacionismo. Las cooperativas, sociedades agrarias de transformación, y otras figuras jurídicas han aglutinado, y podrían seguir haciéndolo en el futuro las producciones individuales, y además podrán ser la fórmula que permita a los agricultores y ganaderos pequeños subsistir a la vez que convertirse con sus materias primas en el motor del desarrollo que necesita nuestra España Rural.

Texto. Miguel Antonio Olivares

Sección: Guardián del labriego

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