La Opinión de Cuenca

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De anillos verdes, la Plaza de España y la gran promesa electoral

Actualidad


Nuevas zonas verdes para hacer deporte y pasear; extremar la vigilancia para que se recojan los excrementos de perros y se limpien los orines en las calles; fomentar el uso de la bicicleta en el casco urbano; o la rehabilitación de espacios y edificios privados venidos a menos, para ofrecérselos a la ciudadanía. Estos son algunas de las promesas electorales que aparecen publicadas estos días en los medios digitales y que se refieren a las principales ciudades de la región. Es tiempo de campaña, es tiempo de tratar de atraer y contentar al ciudadano de a pie para que el domingo 28 de mayo le brinde su apoyo en las urnas. 

En primer lugar, cada uno de nosotros somos ciertamente importantes en ese día trascendental. Un solo voto no decantará la balanza, pero muchos pueden determinar qué partido nos dirigirá en los próximos cuatro años. Y para ello, para tratar de convencernos y de atraernos hacia sus ideas, cada partido idea un programa que, en prácticamente todos los casos, incluye ideas y proyectos ciertamente interesantes para mejorar la vida de los habitantes de una ciudad. 

Antaño, cada domicilio recibía en su buzón un folleto o panfleto de cada una de las formaciones políticas –algunos ciertamente extensos– que pormenorizadamente exponían todos y cada uno de los puntos de un programa estudiado y trabajado. De alzarse con el apoyo multitudinario, las promesas electorales no quedarían en agua de borrajas, no. Ese programa impreso sería el compromiso del partido hacia sus ciudadanos y la prueba fiel de que lo que se prometía se cumplía. 

Claro está, pasaban las legislaturas, los partidos, se producía la alternancia y, en algunos casos, el porcentaje cumplido del programa electoral bajaba notablemente. Hasta el punto de no llegar a cumplir ni siquiera la mitad de lo que entonces, años atrás, se había prometido al electorado con un brindis al sol. A veces pensé que hubiese sido un gran ejercicio guardar para la posteridad cada uno de aquellos programas para recordarlos tiempo después, e ir tachando una a una las promesas impresas en papel cuché que nunca vieron la luz.

Aquellas cantidades ingentes de papel fueron reduciéndose en años posteriores. Quizá por aquello de no reflejar lo que no se puede cumplir, de no escribir una sola línea que años más tarde pudiera ser echada en cara. Más bien se optó por hacer uso de los medios, digitales, televisivos o radiofónicos y prensa en general, para visibilizar las propuestas sugeridas, en una hemeroteca que también se puede consultar con el paso de los años. 

Creanme cuando digo que a mi me gustaba más aquel modelo de recibir carta en el buzón de los partidos, algunas veces personalizada, para visualizar las sesentaypico propuestas y votar en consecuencia y por la más coherente o creíble. Me pierdo ahora en ese juego diario de los partidos, que rivalizan por publicar en cada medio –sin el cambio de una sola coma– la propuesta más completa y grandilocuente. Sé que son pinceladas, proposiciones menores, que irán ‘in crescendo’ a lo largo de la semana y culminarán con la promesa, probablemente, de puestos de trabajo, de rebajas fiscales, o de quizás un gran proyecto de ciudad que cambie el futuro de sus residentes. Algunas serán más verosímiles y más racionales que otras, todo sea dicho.

La gran propuesta. 

Aún no sé cuál es la gran propuesta de los ocho partidos que concurren a las urnas. Si bien, conozco o me informo de lo que ya han trasladado en sus mítines a la ciudadanía, pero tengo la sensación de que esa gran proposición está por venir. En capítulos anteriores, los partidos nos ‘vendieron’ un nuevo campo de fútbol, un nuevo hospital, las autovías a Teruel o Albacete, y en las pasadas elecciones el tema central fue integrar los ríos de Cuenca (Moscas, Huécar y Júcar) en la ciudad. Se trataba de un anillo o circuito verde que no solo pudiera recorrerse a pie, traspasando la barrera arquitectónica del Puente de la Trinidad, sino de articular alrededor de las confluencias y de los espacios fluviales donde se pudiese una serie de zonas ajardinadas, paseos y espacios deportivos, para que la ciudad pudiese disfrutar de ellos. Imagínese poder cruzar por una pasarela bajo el puente de San Antón y unir los tres ríos por sendas, pasos elevados y paseos llenos de naturaleza. 

Que quieren que les diga. Cuatro años después no se ha mejorado mucho en este tema. De aquel paso que une el Huécar y Júcar se sabe poco y tampoco se ha tenido especial atención con parques, jardines y fuentes monumentales –la mayoría de ellas abandonadas–, incluidas en algún programa que integraba de nuevo los espacios verdes en la ciudad, retirando vallas y elementos separadores. 

Permítanme señalar otra de las propuestas repetitivas que en los últimos programas electorales se convirtió en habitual. Por cierto, hasta la fecha ‘ni está ni se le espera’. Remodelar el centro de la ciudad y hacer más atractiva Carretería y, sobre todo la Plaza España, y el vetusto y peligroso edificio del Mercado. ¿Cuántas y cuántas veces se ha utilizado como arma electoral? ¿A qué esperan los partidos para dar una solución definitiva a un espacio degradado del que no podemos sentirnos orgullosos los conquenses? 

Cuenca respira naturaleza por sus cuatro costados, pero también deporte. No hay familia cuyos miembros no practiquen alguna disciplina y en algunos casos varias. Quizás por aquello de que la ciudad se presta a salir, a respirar aire puro y a ejercitarse en uno de los mejores marcos que existen. Piragüismo, escalada, senderismo, atletismo, fútbol, balonmano, baloncesto, esgrima, voleibol, tenis, natación y un largo etcétera. La larga lista de deficiencias deportivas en esta ciudad daría para un artículo largo y extenso. Mucho más que este. ¿Qué se ha hecho en los últimos años por el deporte de esta ciudad? Como muestra las desvencijadas pistas de tenis de El Sargal que ilustran este artículo, o concretamente el campo Joaquín Caparrós, cuyos vestuarios permanecen cerrados por riesgo de derrumbe.  

La peatonalización de la principal artería de Cuenca ya fue otro de los puntos estrella del programa de algún que otro partido y, pasados los años, las soluciones que se dieron no han llegado a acertar. El progresivo cierre de comercios, las reiteradas pintadas en fachadas, o el vacío de actividades continuas de ocio han ido relegando a Carretería a lo que es hoy. Un paso triste y anodino que no representa a la calle más importante de la ciudad. Tampoco sus calles aledañas, vacías de contenido, yermas de atractivos locales y alejada de la vida boyante de hace décadas. 

Como el recinto de la Plaza España, al que nos hemos acostumbrado ya, pero que horroriza a los turistas y viajeros que pasan de largo. Un edificio ruinoso, desvencijado por sus cuatro costados, que a duras penas contiene el mal mayor. Unos improvisados aleros de chapa sujetan la posible caída de algún cascote o pieza que, Dios no lo quiera, pudiera desprenderse y caer encima de un viandante despistado. ¡¿A qué esperan ustedes para hacer algo?

Lo cierto es que esta ciudad necesita de un plan integral, de un proyecto común que sume y no divida a los partidos y ediles que salgan elegidos este domingo. Los ciudadanos no queremos peleas políticas con el tú más. Queremos soluciones para que nuestras vidas, las de nuestros hijos y las de nuestros futuros nietos sean más cómodas en la ciudad que queremos. Que nuestros parientes no se tengan que ir fuera porque Cuenca hace mucho tiempo que no da para que se queden. 

Queremos una oferta cultural de calidad, una sanidad acorde a una ciudad que supera los 50.000 habitantes. Queremos una educación con oportunidades para elegir, un campus universitario en consonancia con nuestro entorno. Queremos mejores transportes, comunicaciones con la estación del AVE, autovías de alta capacidad para que vayamos, vengan y se genere intercomunicación y economía. Queremos que el turismo se desarrolle definitivamente con todos los agentes sociales y que sea una importante baza para desarrollar la capital. No queremos falsas promesas de cientos y miles de puestos de trabajo que nunca se van a cumplir. ¡Queremos realidades! 

Al día siguiente, si las propuestas de un partido que no ha sido electo merecen la pena, les pido a los  que gobiernen que las estimen y tengan en cuenta. No dividan, no busquen la confrontación y el revanchismo. Únanse por el bien de Cuenca y por el de los conquenses. A ustedes, a los que leen este humilde pero sincero artículo, solo les ruego que mediten y voten en consecuencia. Por su bien, por el de Cuenca. 

Texto: José Julián Villalbilla

 
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