La Opinión de Cuenca

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Despoblación y cambio climático

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La Ley de Cambio Climático y Transición Energética es ya prácticamente una realidad. Tras tiempo de espera y de desacuerdos, el Senado daba estos días luz verde a la nueva norma, que volverá al Congreso para su aprobación definitiva. Intentará que nuestro país se una a los objetivos marcados en los diferentes acuerdos internacionales, encaminados, fundamentalmente, a reducir la contaminación y, en consecuencia, preservar el medio natural.

El debate sobre el cambio climático ha sido durante años arduo, intenso y marcado, en cierta medida, por una más que grave desinformación. Lejos de contextualizar determinados fenómenos que ocurrían a lo largo y ancho de la tierra, se ha impuesto, mediáticamente, una visión catastrofista de todo lo acontecido, como si en ningún momento de la historia de la humanidad nuestro planeta hubiera estado sujeto a determinados ciclos naturales y a sus consecuencias. Temperaturas más altas y bajas de lo habitual, huracanes, inundaciones, borrascas, deshielos… todo forma parte de la historia de nuestra Tierra, donde, qué duda cabe, la mano del hombre, eso sí y progresivamente, ha sido determinante y abusiva en buena parte del deterioro del entorno. Como al generalizar se suele pecar de imprecisión, descenderemos algunos peldaños, o mejor, nos situaremos en la España Rural y, en concreto, en la provincia de Cuenca. ¿Cómo se va a aplicar la normativa de esta nueva ley en un territorio claramente despoblado y donde el menor de sus problemas es la contaminación? ¿Qué contraprestaciones o beneficios prevé la legislación para aquellas empresas o actividades que contribuyen a preservar el medio ambiente? La lógica nos lleva a que al igual que el Gobierno de España marca unos condicionantes a empresas y ciudadanos, también desarrolle la responsabilidad de premiar e incentivar a quienes, en perfecta armonía con ese medio ambiente, no solamente no lo agreden, sino que contribuyen a su conservación. 

Incongruencias

En toda esta declaración de intenciones, que constituye la Ley y en especial la del Cambio Climático, se empiezan ya a percibir algunos propósitos reincidentes, que, a modo de latiguillo, se repiten peligrosamente a lo largo y ancho de todo texto institucional que se precie, de forma variada y a diferentes niveles. Vamos con algunos ejemplos clarificadores que evidenciarán si, efectivamente, la Ley del Cambio Climático combatirá las auténticas agresiones al medio natural o únicamente se pierde en una larga hilera de números y porcentajes que servirán para maquillar la no consecución de sus objetivos.

A raíz de esta norma, por ejemplo, el Gobierno se ha comprometido a la elaboración de una ley de movilidad sostenible y financiación del transporte público, que también contemplará objetivos de penetración del ferrocarril en el transporte de mercancías en distancias superiores a los 300 kilómetros. Sin ánimo de reincidir en esta cuestión, ¿Cómo se apuesta por un medio de transporte público si, a la vez, se está desmantelando? Volvemos a recordarlo, la provincia de Cuenca lleva más de un año de comunicación reducida con Madrid, vía tren, y anulada con Valencia ya cuatro meses, todo esto, en el Año Europeo del Ferrocarril, para más señas.

Otra de las obligaciones del actual Gobierno de España será poner en marcha, en los seis primeros meses desde la entrada en vigor de la ley, un plan de rehabilitación de viviendas y renovación urbana, todas ellas cumpliendo con los indicadores de eficiencia energética, ¿y las casas de los municipios pequeños? ¿Contempla esta iniciativa también las segundas viviendas, aquellas que mantienen el arraigo de muchas personas con sus pueblos y que los actuales gobiernos consideran casi bienes de lujo?

La nueva ley recaba planes de movilidad urbana sostenible para los municipios de más de 50.000 habitantes y los territorios insulares ¿Recogerá este guante el Ayuntamiento de Cuenca y contaremos con un transporte público eficaz y dinámico que permita una disminución en el uso del coche? ¿Qué pasa con la movilidad entre los pueblos pequeños, aquellos que, como el caso de Monreal del Llano, en Cuenca, se encuentran incomunicados ya que se han quedado sin autobús?

Obvia la nueva Ley, por ejemplo, cómo va a afrontar nuestro país la elevada dependencia eléctrica que tiene y si garantizará a las familias más vulnerables su acceso a este tipo de energía. Tampoco menciona a nuestra España rural y el que debería de ser su más que coherente liderazgo hacia ese crecimiento verde. No hay en el texto de la ley una alusión específica al uso de la biomasa, un recurso fundamental en provincias como la de Cuenca, a pesar del reciente y fallido intento de la empresa Iberopinar, en Almodóvar, de explotar este potencial. Recordemos el acto político celebrado en Cuenca en 2018 donde se llegó a prometer emplear a 200 personas en esta compañía. En la actualidad sólo se ha conseguido mantener a 8 trabajadores. 

El trabajo a distancia ha sido uno de los grandes cambios laborales que ha traído aparejado la pandemia. Para que sea posible su implantación son indispensables unas conexiones de calidad, requisito en el que no repara la Ley. Si se trabaja en casa, se reducen los desplazamientos y, consecuentemente, la contaminación que emiten los coches. La provincia de Cuenca no se caracteriza, precisamente y sobre todo en determinados municipios, por ser ejemplo de conectividad, por lo que este apartado sería de importante desarrollo en nuestra tierra. También es resaltable la necesidad de fomentar la Economía Circular punto incompatible a todas luces con albergar macrovertederos, como el que tiene la provincia en Almonacid del Marquesado, el más grande de España y uno de los mayores de Europa.

Disponer de la mejor agricultura a nivel mundial es un objetivo alcanzable ya que, de hecho, nuestro país ya es líder en diversos sectores agrícolas y ganaderos. La ley obvia estas actividades en el proceso marcado para la transición ecológica, y cuyo impulso aportaría más riqueza y mejor nivel de vida en el medio rural, además de nuevos pobladores.  

El hombre también es aliado de su entorno

Está claro que no siempre y no toda actividad humana es agresiva o va en detrimento del medio ambiente. Hemos convivido durante siglos, y en la mayoría de los espacios de nuestro planeta, en armonía y en perfecto intercambio de intereses con nuestro entorno. Hoy en día, el conservarlo es un compromiso tanto de administraciones como de la ciudadanía. A la hora de legislar, es imposible tener en cuenta todas las singularidades y características que se plantean en nuestro país, pero también no es menos cierto que no se puede tratar, bajo la homogeneidad de la norma, a todo el territorio por igual.  Está claro que la despoblación es, hoy por hoy, el principal problema del mundo rural y la Ley del Cambio Climático y Transición Energética no puede convertirse en una nueva traba para el desarrollo de los municipios de provincias con tan pocos habitantes y tan extensas como la nuestra y tampoco permitirse el lujo de no establecer parámetros concretos para combatirla. Tampoco el no incentivar y apoyar actividades tan esenciales como la ganadería o la agricultura. Cuenca tiene una densidad de población inferior a 7 habitantes por kilómetro cuadrado. En nuestros montes, por ejemplo, la mano del hombre es fundamental para su limpieza, y, así, evitar catástrofes como los incendios forestales. Está claro que un compromiso con el entorno propicia su cuidado y en la España rural, los habitantes son los verdaderos guardianes y conocedores del territorio. Habrá que esperar a que el Gobierno de España anuncie quienes compondrán el Comité de Expertos que velará por el desarrollo de la Ley del Cambio Climático y Transición Energética y que, esperemos, se caractericen por la sensatez y, sobre todo, por el conocimiento real de cómo es nuestro país, solucionando sus graves carencias y olvidos sobre todo en lo que a la vida en los pueblos y a sus actividades se refiere.

Texto: LOC

 
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