La Opinión de Cuenca

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Don Anastasio, 'el Cura de los Iconos', pero, sobre todo, un hombre bueno

Cultura


Intentar resumir en unas breves líneas la figura de Don Anastasio Martínez es verdaderamente una tarea difícil, máxime si se tiene en cuenta que quien las escribe, o sea yo, le profesa una gran admiración desde el más profundo cariño y respeto. Así es que les pido disculpas a todos los lectores de este artículo por mi falta de imparcialidad, pero es que ni puedo ni quiero evitarla.

Don Anastasio Martínez Sáez nace en Valdemorillo de la Sierra el 15 de abril de 1934. Su vocación sacerdotal fue muy temprana, tanto es así que el 31 de mayo de 1958 es ordenado sacerdote en la Catedral de Cuenca. Durante cincuenta años ejerció el sacerdocio como párroco de Las Majadas, Zarzuela o Portilla, hecho que le valió el cariñoso apodo de “El Párroco de la Sierra”. Pero si por algo es conocido y reconocido Don Anastasio, y no sólo en Cuenca, sino también en toda España y fuera de ella, es por ser el primer español que se dedicó a la pintura de los iconos. En nuestro país, y sin ningún riesgo de equivocación, es la persona que más entiende de este arte. Es por esto que Don Anastasio es conocido también con el sobrenombre de “El Cura de los Iconos”

Su pasión por los iconos se despierta en su época de seminarista en el Seminario Diocesano de Cuenca, cuando por encargo de sus superiores tiene que preparar una serie de “estampitas”, quedando de este modo cautivado por las caras de unos iconos cuando los contempla por primera vez. No resiste la tentación de intentar reproducir estos rostros…Hoy en día, esta “tentación” sigue más viva que nunca. 

Comienza así la gran aventura de este sencillo “cura de pueblo”, pero de este gran “hombre de fe”, la de convertirse en iconógrafo. Estudia y basa su aprendizaje en las normas para este arte dictadas en el segundo Concilio de Nicea, en el que se decía que la ordenación espiritual corresponde a los padres de la Iglesia, pero la técnica es a los artistas. Pero en Don Anastasio el arte es un don. Todos los cristianos estamos llamados a dar testimonio de Cristo en el mundo, y para ello hemos de utilizar los dones que hemos recibido. Y él lo tiene claro y continuamente da fe de ello… como sacerdote y como iconógrafo es ante todo un hombre de oración, que lucha en cada obra que realiza por superar sus “imperfecciones”, que se sabe mediador de Dios y los hombres por medio de su obra, el icono, al que considera, como así marcan los cánones, como una ventana que nos ayuda a encontrarnos con el Misterio de Dios. Ante esta grandeza, la humildad de su persona, su sabiduría de saberse instrumento del Padre, hace que afronte cada nuevo icono con una oración: “Dios ve todo lo que existe. Ilumina e instruye el alma del corazón y la inteligencia de tu servidor Anastasio y dirige sus manos para que pinte de modo responsable y perfecto la imagen de la Purísima Madre de Dios y de todos los Santos a la Gloria, Júbilo y Belleza de la Santa Iglesia; a la remisión de los pecados a aquellos que veneren y besen con devoción estos iconos, honrando a su prototipo. Líbralo de cualquier influencia diabólica, así que progrese en todos sus mandamientos por tu intercesión, de tu Madre Inmaculada, del santo evangelista San Lucas y la de todos los Santos”.

 Pero paradojas de la vida, su mayor fuente de inspiración en este arte no la encuentra en tierras de Rusia o de Grecia, cunas del arte bizantino y ortodoxo, no. Este tesoro inspirador se encuentra en el Museo Diocesano de la Catedral de Cuenca, y no es otro más que el Díptico Bizantino o Relicario de los Déspotas de Epiro del siglo XIV, del cual Don Anastasio es el mayor experto a nivel mundial, con numerosos estudios y un fantástico libro publicado sobre esta joya. Tal es su devoción por esta obra, que dado su elevadísimo nivel artístico tanto en la pintura de los iconos, como en el dorado y también en el repujado de la plata, acometió, con un éxito indescriptible, la copia de este Díptico.

El don que ha recibido Don Anastasio, que lo acredita como un iconógrafo excepcional, lo ha cultivado y agrandado de manera autodidacta con el estudio y lectura de numerosos libros, recordemos que en su formación no existía internet, por lo que a lo largo de los años ha ido creando una rica biblioteca sobre el arte de los iconos. En sus numerosos viajes por países de religión ortodoxa, ha tenido acceso de primera mano al conocimiento de este arte y de sus técnicas, y también le ha dado la posibilidad de ir adquiriendo poco a poco, las numerosas piezas que conforman la que sin duda es hoy la colección de iconos más importante de España, tanto en cantidad como en calidad.

En un acto de generosidad tan grande como su amor a los iconos y su visión para perpetuar la unidad de esta colección, Don Anastasio Martínez Sáez ha hecho pública su firme intención de donación de su maravillosa colección a la Catedral de Cuenca, de la cual es canónigo, con el fin de que sea expuesta de manera permanente para disfrute y estudio de todos aquellos que lo deseen. Esta donación supone, no sólo un amor inmenso a los iconos, no sólo una confianza enorme en nuestra Catedral como máxima institución religiosa y cultural de nuestra ciudad, sino también, un regalo incuantificable para Cuenca y los conquenses, que pondrá a nuestra ciudad a la cabeza del Arte de los Iconos a nivel nacional, que colocará a Cuenca como visita obligada en España de todo amante de los iconos y que hará de Cuenca una ciudad referencia, internacionalmente hablando, en la Iconografía Bizantina Y Ortodoxa.

DON ANASTASIO MARTÍNEZ SÁEZ, “EL CURA DE LOS ICONOS”, PERO, SOBRE TODO, UN HOMBRE BUENO.

Texto: Ana Martínez

Foto: Imagen de la reproducción realizada por don Anastasio del Díptico Bizantino que alberga el Museo Diocesano de Cuenca
 

 
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