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El Almudí, deterioro de una apasionante historia

Actualidad


Algunos de los edificios patrimoniales con los que cuenta la espectacular capital conquense no son los suficientemente valorados y, por tanto, parecen no merecer las atenciones inversoras, para rehabilitarlos que sin duda necesitan. Lucen grietas y deterioro, y, como bálsamo que intenta aliviar heridas, de vez en cuando son protagonistas de alguna noticia salvadora por parte de las instituciones, más encaminada a evitar críticas que al convencimiento de volverlos a situar en el mercado.

Esta es la injusta historia de El Almudí, un monumento que nada tiene que demostrar a estas alturas y poco que envidiar al resto de joyas que conforman el Casco Histórico de Cuenca. Nuestro protagonista de hoy cuenta con una apasionante vida de siglos. Volvía a ocupar portadas en enero del pasado 2021. No porque el Ayuntamiento, al que pertenece, hubiera ideado y materializado un plan para recuperarlo y darle utilidad, sino porque era víctima colateral de un incendio. Su cubierta se hundía pasto de un fuego que tardó 15 horas de intervención y la dedicación de 30 efectivos para apagarse.
La voz de alarma tardaba en calar en las conciencias municipales nada más y nada menos que un año y cuatro meses. Más, como decíamos, por presión popular que por iniciativa propia, el Consorcio Ciudad de Cuenca anunciaba en mayo de este 2022 un raquítico presupuesto, alrededor de 300.000 euros, para el arreglo de la colapsada cubierta, fachadas, interiores, patios y jardines de El Almudí. El objetivo final es que con este poco generoso esfuerzo inversor el edificio inicie una nueva etapa de su dilatada trayectoria como centro cultural y una oficina de gestión y atención al público. Como no solo de promesas viven los proyectos, ¿Cómo y que iniciativas van a impulsarse para que reviva el edificio? ¿Cuándo está previsto que finalicen las obras y reabra sus puertas? ¿Veremos alguna foto electoralista? ¿Habrá sorpresas foráneas e inservibles, como la que nos deparó la Iglesia de la Santa Cruz, entregada, sin reparo alguno, el coleccionista Roberto Polo? El tiempo dictará sentencia, pero no hay que olvidar que la improvisación y, sobre todo los parches temporales, no suelen llegar a buen puerto, sobre todo en lo que a patrimonio se refiere.

La importancia de El Almudí no deja lugar a dudas. El Centro Virtual Cervantes, dependiente del Instituto, sitúa a este edificio en el puesto número 16 de los 37 que destaca de la capital conquense. En este particular Top monumental aventaja en interés, por ejemplo, a la emblemática Torre de Mangana, a las iglesias de San Miguel y Virgen de la Luz, al Puente de San Antón o la Ermita de Las Angustias. Por delante, entre otros en esta lista, la Catedral, los Museos de Arte Abstracto y el Diocesano y el Barrio de San Martín o la calle Alfonso VIII.

Las esmeradas instrucciones del maestro cantero Pedro López de la Vaca posibilitaron el levantamiento de este edificio municipal en 1569. Gracias al rendimiento de los campos cerealeros de la comarca, fueron muchas las fanegas de grano que llegaron al lugar, usado en principio como lonja y luego como almacén del Pósito Real. Lamentablemente, esa fecundidad agrícola se vio interrumpida y finalmente fue un regimiento militar el que hizo uso del Almudí en el siglo xvii. Mediante una serie de modificaciones arquitectónicas efectuadas durante la centuria siguiente, la edificación admitió las ventajas del rococó. Aún hoy es admirable el uso que hicieron los alarifes de la sillería y la mampostería, comienza la mencionada web del Instituto Cervantes, que continúa con un interesante recorrido sobre los avatares del monumento a través del tiempo.

A parte del reconocimiento de la prestigiosa institución cervantina, El Almudí también despierta, como no podía ser de otra manera, el interés y la preocupación de escritores y periodistas locales. José Vicente Ávila en su blog Cuencávila dedica un extenso y documentado artículo a esta construcción. 

El local, después de cesar en las funciones para que fuera creado, fue Conservatorio Municipal de Música, Gimnasio de Educación y Descanso, Museo Municipal de Arte y en la actualidad Museo Arqueológico Provincial. Por esa puerta pasaron, pues, a lo largo de los años, además de campesinos curtidos por los soles y las nieves, músicos, gimnastas, escultores, pintores y, por último, arqueólogos y amantes de esta rama del saber, apunta José Vicente Ávila, quien continúa “en la fecha de publicación de 1972 el Almudí albergaba el Museo Arqueológico de Cuenca y en la parte baja la Inspección de Policía Urbana o Municipal”.

Además de ser sede de la Policía Municipal, en la entrada del número 2, el amplio inmueble albergó igualmente otra sala de exposiciones, perrera y alguna otra actividad, dada el enorme espacio de un edificio multiusos, que fue objeto de un “lavado de cara” por una Escuela-Taller (…) Las salas de la parte baja permanecen más que cerradas, “tapiadas” y sólo se accede por el número calle, en lo que conocemos como sede de los ensayos de la más que centenaria Banda de Música de Cuenca. En la pared de entrada se aprecia una escultura de Tomás Bux, como reconocimiento a la Banda de Música de Cuenca, por parte de la Hermandad de la Negación de San Pedro, mediante el acto de hermanamiento que se celebró el 10 de marzo de 2017. José Vicente Ávila también hace referencia a la declaración de El Almudí como Bien de Interés Cultural en el año 2002.

José Luis Muñoz también le dedicaba un artículo a principios de este año en el periódico La Tribuna. Sospecho que el Ayuntamiento incluso se ha olvidado de que existe un edificio llamado El Almudí (o El Pósito), que es de su propiedad, envuelto ahora en una horrorosa malla con la que se quiere ocultar el deterioro que padece y que, de paso, oculta a las miradas la existencia de esta noble arquitectura cargada de historia, explicaba  Muñoz en esas líneas.

Vayamos a lo que interesa, que es el maltratado edificio de El Almudí conquense, obra magnífica del Renacimiento, construido a finales del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, por encargo hecho desde el consistorio municipal al maestro Pedro López de Vaca, si bien de esa época inicial apenas se conservan algunos elementos identificados, ya que se reconstruyó por completo entre 1751 y 1753, dejándolo tal como lo vemos ahora, introduciendo las bóvedas interiores tan características en la sala principal, relata José Luis Muñoz, muy crítico con la utilidad de su condición de BIC (…) aunque ya sabemos que tal declaración no sirve absolutamente de nada.

A ver si esta vez es la definitiva y El Almudí no vuelve a caer en el olvido, deja sus lonas y andamios fuera y recobra la vida y la importancia que tuvo años atrás. Una ciudad Patrimonio de la Humanidad no puede permitirse ignorar hasta el deterioro edificios tan emblemáticos. Visión de futuro y reconocimiento del pasado. Y aprovechar los monumentos para generar oportunidades y riqueza. Es así de simple. Pero hay quien no lo acaba de ver…

Texto: AGA

Imagen: Fachada de El Almudí, en Cuenca

 

 
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