La Opinión de Cuenca

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El capitalismo

Opinión


“A pesar de todas las contribuciones excesivas exigidas por el gobierno, el capital ha crecido insensiblemente y en silencio gracias a la economía privada y a la sabia conducta de los particulares, decididos a mejorar su nivel de vida a base de esfuerzo constante. Este esfuerzo, que actúa sin cesar bajo la protección de la ley, y que la libertad permite ejercitar en todos los sentidos, es el que ha sostenido la progresiva riqueza de Inglaterra a lo largo de su historia.”

Adam Smith (La riqueza de las naciones)

Y como anticipaba en la anterior entrega, ese liberalismo económico se asoció con el maquinismo y surgió el capitalismo. El barco y la locomotora de vapor, la máquina de hilar y el telar mecánico, inventos del siglo XVIII, se implantan en el XIX y dan lugar a la revolución industrial. En la nueva situación, el trabajo de cien artesanos lo realizará una máquina, con un resultado mas rápido y barato.

Para no morir de hambre, los distintos profesionales estarán dispuestos a trabajar por un salario miserable.

La burguesía y el mundo obrero toman por primera vez conciencia de su identidad social, en términos de lucha de clases.

La libertad de mercado y la propiedad privada de los medios de producción son realidades positivas. Pero la ausencia de legislación económica y laboral facilitó la acumulación de riqueza en pocas manos, apareciendo un proletariado tan numeroso como pobre.

En Londres, durante los “ hambrientos años 40”, Karl Marx en sus Manuscritos de Economía Política: “ El trabajo produce maravillas para los ricos, pero en el trabajador produce despojo. Produce palacios, pero para el obrero produce chozas. Produce belleza, pero para el obrero enfermedad. Alimenta el espíritu, pero al obrero le produce estupidez y cretinismo.”

¿Exageraba Marx? En 1891, el papa León XIII, en Rerum Novaru, se refería al problema obrero en estos términos: “Un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios”. ¿Exageraba León XIII?

Sobre el tema y su entorno es muy descriptiva la novela de Dickens, “Tiempos difíciles”.

Algo parecido sucedía en Estados Unidos. Desde finales del siglo XIX se estaban formando grandes “trusts” comerciales y financieros que concentraban en pocas manos una riqueza exorbitante. La justificación calvinista de la riqueza como signo exterior de elección divina, fue reforzada por el darwinismo social de Herbert Spencer. La lucha por la existencia – venía a decir el filósofo inglés- no sólo era natural si no saludable. La ley del mas fuerte, vigente en la naturaleza, se convirtió en el evangelio del nuevo ”businessman”.

Los problema humanos de la industrialización se agravarán por sucesivas recesiones económicas y por una masiva inmigración de origen europeo. Formaban un ejercito de desposeídos en busca de la Tierra Prometida que no existía. La situación se hizo trágica a raíz del hundimiento de la bolsa de Nueva York en 1929, seguida por la Gran Depresión de los años treinta.

Este periodo lo narran en dos novelas, Betty Shmith y John Steinbeck, que fueron premio Pulitzer: Un árbol crece en Brooklin y Las uvas de la ira.

El liberalismo incipiente, lejos de resolver los problemas económicos y sociales, agravó las desigualdades. El capitalismo reclamaba todo el rendimiento, dejando al trabajador apenas lo necesario para reparar sus fuerzas.

John Dewey hace balance y reconoce que “las creencias y los métodos del primer liberalismo se rebelaron ineficaces para afrontar los problemas de organización e integración social”. Surgen así los neoliberalismos, con una nueva conciencia social que permite la intervención del Estado por medio de leyes reguladoras del mercado. Al mismo tiempo, el fracaso político y económico del nazismo y del comunismo puso de manifiesto la incapacidad de esas ideologías para gestionarla complejidad de las sociedades modernas.

El enfrentamiento entre los dos bloques demostró, de manera abrumadora, la superioridad de la economía de mercado. El capitalismo liberal no tiene, como el comunismo, una acabada visión del mundo y un plan de ingeniería social.

Es algo más simple y eficaz: una apuesta por la libertad. Aunque con defectos reales en legislaciones permisivas.

Las democracias liberales han sido capaces de instaurar, con matices y contradicciones:

      - El sufragio universal
      - La separación de poderes y una justicia independiente
      - Una administración neutral
      - Protección de los derechos humanos y tolerancia religiosa
      - Libertad académica y de investigación científica
      - Libertad de empresa, de prensa y de trabajo
      - Protección de la propiedad privada y respeto de los contratos

 Si, ya sé lo que están pensando, por eso he insertado lo de “con matices”. 

Texto: Vicente Pérez Hontecillas

Sección: Nihil Scitur

 
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