La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El comunismo (y III)

Opinión


No podemos olvidar al comunismo chino. Tras la muerte de Mao (1976), mientras la propia cúpula comunista ponía al descubierto el oscuro balance del maoísmo, el “Diario del Pueblo” pidió disculpas a sus lectores por “todas las mentiras y tergiversaciones” que publicó en el pasado. En su Breviario de saberes inútiles, escribe Simon Leys:

“Cuando Mao visitó Moscú en 1957, declaró que no había que tener miedo a una guerra atómica porque, si se producía, solo perecería la mitad de la especie humana. Esta afirmación proporciona una muestra de la mente que había de concebir el “Gran Salto Adelante” y la “Revolución Cultural”. El coste humano de esas aventuras fue abrumador: las hambrunas que resultaron pudieron llevarse hasta cincuenta millones de personas”.

Leys habla de purgas sangrientas, detenciones, torturas y ejecuciones; estancamiento y retroceso en los procesos productivos; destrucción del sistema educativo y cultural; destrucción del medio natural; farsa de los modelos agrícolas.

El Gran Timonel había resumido muy bien su estrategia: “El poder nace de la boca de los fusiles”. Esta tosquedad se aplicó contra los estudiantes en el Pekín del 89. La petición de una reforma democrática congregó a una enorme multitud en la plaza de Tiananmen y el gobierno envió, en la noche del 3 de junio, a los carros de combate y a la infantería, provocando una masacre de la que nunca se dieron cifras oficiales. El embajador británico aseguró que el número de muertos ascendía a más de diez mil.

En 2010, la concesión del Premio Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo, lo puso en el punto de mira del régimen chino. Fue detenido, la universidad le despidió, se le prohibió dar conferencias y publicar en China. Murió en prisión en el año 2017 dejando escrito:

“En China, la mafia y el Partido se compenetran formando una sola y misma cosa: los elementos criminales han adquirido un estatuto oficial, convirtiéndose en diputados de la Asamblea Nacional Popular o en miembros de la Conferencia Consultiva Popular, mientras que los oficiales se han vuelto criminales y se apoyan en la mafia para mantener el orden en las colectividades locales”.

A las personas y sociedades desinformadas les resulta muy difícil comprender la descarnada amoralidad del marxismo y les cuesta creer que haya dictaduras que solo generan violencia, mentira y pobreza, al tiempo que destruyen la libertad, la paz, la verdad y el progreso, pero la táctica es perfecta, porque el empobrecimiento:

Provoca descontento general.
Genera dependencia del Estado.
Alimenta una agitación social que permite acceder al poder.

Churchill escribió: “forma parte del manual de instrucciones de Lenin que los comunistas deben ayudar a conseguir el poder a los gobiernos socialistas débiles, para después debilitarlos más y arrebatarles el poder".

Lenin también recomendaba “máxima flexibilidad” a la hora de aliarse con todas las fuerzas subversivas para alcanzar el poder.

Históricamente, el marxismo-leninismo ha consolidado su poder con tres medidas de corte totalitario:

- La primera es el monopolio de la información y la propaganda controlando los medios.

- La segunda es el control de las armas. Debilita al ejército y a los cuerpos policiales, infiltrando su cadena de mando. Crea nuevos cuerpos policiales o paramilitares y “arma al pueblo” para que sus afines se conviertan en milicia organizada.

- El tercer paso es el control del dinero. Esto exige mandar sobre el Banco Central para poder imprimir moneda y financiar un gasto desmesurado. Así se gana popularidad antes de que el desempleo aumente, la inflación se dispare y la economía se hunda. Cuando el pueblo descubre el engaño es tarde, pues las instituciones han perdido su independencia, desaparecen las garantías legales, las calles están controladas por las milicias, los opositores encarcelados, amedrentados o en el exilio y las votaciones son una farsa.     

Texto: Vicente Pérez Hontecillas

Sección: Nihil scitur
       

 
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