La Opinión de Cuenca

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El Cristo de Caña de Maíz de Torralba

Cultura


36 km al norte de Cuenca encontramos un municipio enclavado entre la Alcarria y la Serranía conquense, Torralba.

Este pueblo tiene un cerro que muestra las ruinas del que fuera un fuerte o un castillo muy antiguo. Se deduce que el castillo debió arruinarse durante la invasión francesa y también por influjos de las guerras carlistas.

Las ruinas se conocen como Torre Alba que da nombre a la población, y el cerro donde se asientan está horadado por más de 200 cuevas-bodegas. Parte de las mismas forman un sistema que debió de funcionar como antiguo aljibe del castillo. Aunque hay 200, solamente se pueden visitar 15. Las cuevas son tan antiguas como la historia del pueblo y no hay dos iguales. A través del tiempo han ido pasando de padres a hijos para seguir haciendo vino, porque reúnen las mejores condiciones para su elaboración y conservación. 

Adentrándonos en la villa llegamos a la acogedora Plaza Mayor, y me sorprendió no ver  la Olma del Consejo. Ante mi asombro contemplando un pequeño árbol que crece con fuerza: Silvia Navarro, concejal del Ayuntamiento y la persona que me ha guiado hasta los orígenes del Cristo de Maíz, me explicó  que el antiguo olmo, que por más de 200 años fue un símbolo natural de esta villa, contrajo una enfermedad: grafiosis y fue sustituido en el 2017 por otro de su misma especie pero inmune a ese tipo de contagio.

Con el tronco del antiguo, se pretende hacer una escultura. Pero nuestra visita tenía un objetivo especial: visitar una joya románica del siglo XIII con modificaciones hechas en los siglos XVII y XX, la iglesia dedicada a Santo Domingo de Silos que alberga en su interior el motivo principal de nuestra visita: el Cristo de Caña de Maíz.

Se sabe, a través de la historia, que el arribo de los españoles a Las Américas provocó un proceso de transculturación y que a partir de 1492 surgiría un arte nuevo de imaginería como resultado de dos influjos distintos: los modelos españoles llevados al continente y las maneras en que los indígenas representaban deidades prehispánicas con materiales autóctonos. 

Los primitivos mejicanos elaboraban las esculturas de sus dioses utilizando como material principal la caña y pasta de maíz, materiales muy ligeros y de poco peso, con el fin de poderlos trasportar a los campos de batalla para que los protegieran de sus enemigos.

Esta técnica se utilizaba moldeando la pasta de la médula de la caña de maíz triturada, o sencillamente empleando la caña para el grueso del tronco y extremidades.

Los españoles prohibieron hacer representaciones paganas, pero la técnica sobrevivió adaptándose a la nueva religión, el catolicismo.

El bajo coste económico, la rápida ejecución y la ligereza de estos materiales que facilitaban su trasporte, permitió que pudieran fabricarse con rapidez gran cantidad de imágenes de santos y cristos para satisfacer la demanda religiosa del virreinato y comienza su exportación a España, ya fueran traídos por los emigrantes a su regreso o encargados a talleres mejicanos gracias al floreciente comercio establecido entre ambos continentes durante los siglos XVI al XVIII.

Los Cristos de Caña de Maíz presentan las mismas características de los crucificados, pero con acentuado dramatismo. En cuanto a su estructura se destaca el articulado de la escultura. De tal forma que los brazos se podían desplegar a lo largo del cuerpo, y así trasladarse fácilmente.

En el caso del Cristo de Caña de Maíz de Torralba los brazos están unidos al cuerpo por fuelles de lienzo lo que permite abatirlos a los largo del cuerpo, de esta forma en los cultos de Semana Santa podía representarse el descendimiento y convertir la imagen en Cristo yacente.

Basándonos en los materiales utilizados para su confección y las características de su ejecución podemos afirmar, sin margen de error, que el Cristo de Caña de Maíz de Torralba  proviene de Méjico. Su tronco está formado por una armazón de cortezas de caña de maíz unidas unas a otras a modo de tejas. Alrededor de esta armazón se pegaron cañas de maíz descortezadas utilizando sólo su médula interior, convirtiéndose así en una pieza única en España con estas características.

Se desconoce el momento en que llegó a Torralba. Hay quienes sostienen que si el Altar Mayor de la iglesia fue encargado por D. Luis Salcedo (el oidor) a principios del siglo XVII y que dicho señor fue Miembro de la Cámara del Consejo de Indias entre 1602 y 1609, pudiese haber encargado ese Cristo a algún taller mejicano.

D. Miguel Montalbo Vaca, antiguo párroco de la localidad y al que agradecemos su valiosa información, sin la cual hubiese sido imposible la redacción de este artículo, sostiene otra teoría: El Obispo Francisco Antonio Calderón, natural de Torralba, ejerció su ministerio como obispo de Oaxaca con sede en Antequera (Méjico) de 1730-1736 y pudo encargarle a algún taller de su diócesis la obra, para luego enviarlo o traerlo personalmente a su pueblo.

El lugar del Cristo de Maíz siempre fue la última hornacina que coronaba el Altar Mayor hasta que durante la Guerra Civil (1936-1939) sufrió un atentado al ser tiroteado por grupos revolucionarios que le causaron grandes desperfectos en piernas y cuerpo.

Derribada la iglesia en 1951 a causa de su estado ruinoso, el Cristo fue trasladado a la Ermita de la Virgen de las Nieves. Restaurada la iglesia no regresó al lugar que le correspondía porque en su estado de deterioro se hubiera desmoronado por completo.

Gracias a las gestiones hechas por el párroco del pueblo, D. Juan Antonio, el Cristo fue trasladado al centro de Conservación y Restauración de la Diputación de Cuenca y después de un largo proceso de reconstrucción se pudo recuperar una obra extraordinaria que estuvo a punto de desaparecer.

El 28 de julio de 2015, regresaba El Cristo de Caña de Maíz a Torralba. Transcribo la nota de prensa de ese día:

El Presidente de la Diputación provincial de Cuenca, Benjamín Prieto, ha celebrado que el Centro de Conservación y Restauración  de la Diputación haya podido recuperar el Cristo de Caña de Maíz de Torralba, un Cristo de características muy especiales a nivel nacional e internacional del que, desde esta tarde, van a poder disfrutar no solo los vecinos de Torralba sino que también forma parte de ese gran patrimonio y legado histórico que la Diputación provincial quiere poner en valor como recurso turístico y como oportunidad para generar desarrollo de nuestro territorio.

TextoGrisel Parera 

Imagen: Cristo de la Caña de Torralba

 Sección: La mirada de ATABEX


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