La Opinión de Cuenca

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El dinero en efectivo, una cuestión de libertad

Actualidad


Billetes y monedas, si no lo remediamos, van camino de la extinción. Atrás quedaron los tiempos en los que, a la hora de pagar o ajustar cuentas, sacábamos nutridos monederos rebosantes de parné, aunque fuera en pequeñas cantidades, y solucionábamos la situación sin tarjetas, claves, transferencias, bizums, pagos fraccionados o aplazados y demás parafernalia. En las sucursales bancarias se guardaba religiosamente el turno y los empleados del sector ayudaban, sobre todo a los más indefensos en cuanto a cuestiones administrativas y monetarias se refiere, a solucionar cualquier problema. Había tiempo, medios y disposición para ello. Todo funcionaba.

El problema, porque lo es, cala más mucho más allá del anterior párrafo introductorio, y se agrava sobremanera a medida que nos adentramos en los municipios más pequeños, en definitiva, en el mundo rural. Y es que al desmantelamiento de servicios básicos al que se está sometiendo sistemáticamente a los pueblos, transportes y sanidad por delante, se ha unido recientemente la exclusión bancaria, es decir, dejarles sin posibilidad de operar en una sucursal y, por tanto, de contar con dinero en efectivo. Consciente de la situación, la Junta de Comunidades anunciaba hace unos meses la instalación de cajeros automáticos en algunos municipios pequeños. En la letra pequeña, aquella que suele descubrirse cuando poca capacidad de reacción queda, se recogía que los Ayuntamientos de estos pueblos, los mismos en los que escasean los recursos, tendrán que pagar por la instalación la nada despreciable cantidad de 11.600 euros al año y que a quienes utilicen el servicio, cada operación les costará un mínimo de 1’30 euros de comisión. Hace unos días, la localidad conquense de Buendía anunciaba que ya se disponía de uno de esos dispensarios. En redes sociales se instaba a los vecinos a que completaran su información al respecto en el Ayuntamiento y se calificaba la comisión por operación de baja, los citados 1’30 euros. ¿Dónde está el límite entre una comisión abusiva y otra que no lo es?  ¿Por qué un usuario de este servicio en Buendía tiene que pagar un extra por la posibilidad de contar con dinero en efectivo cuando en otros pueblos y ciudades es gratis? De lo que les cuesta a los habitantes de Buendía el contar con este cajero, lo usen o no, ni mu. Porque esa es otra, ¿De dónde se piensa la Junta que salen los 11.600 euros que le cuesta al Ayuntamiento el cajero? Pues volvemos al sufrido bolsillo de los vecinos.

Seguimos tirando del hilo, aunque sólo sea como pataleta que nadie tiene intención de remediar. Estos cajeros no serían necesarios si las sucursales bancarias no cerraran. Y esas oficinas seguirían entre nosotros si el abismo al que se asomó en su momento la Caja de Castilla-La Mancha (CCM) merced a la deplorable gestión de su entonces presidente, Hernández Moltó, no hubiera consistido en vaciar sus fondos destinándolos a unos pocos privilegiados y proyectos ruinosos… pero todo esto da para otra historia. Aunque el banquero socialista parece que quiere volver a primera línea económica y social en nuestra región de la mano de los empresarios. Ver para creer.

Villalba del Rey, Carrascosa del Campo, El Pedernoso, Campillo del Altobuey, Minglanilla, Beteta, Mira, Los Hinojosos, Olivares del Júcar, Santa María del Campo Rus, Torrejoncillo del Rey, Palomares, La Alberca o Buenache de Alarcón son algunas de las localidades conquenses que, o bien se quedan sin servicio bancario o se reduce a la figura de Agente Financiero, es decir, a una sola persona que ofrece los productos de la entidad a los posibles clientes. Poco servicio público alberga este concepto y más de búsqueda de rentabilidad sin riesgo para el banco o la caja. Por no hablar, en todo este asunto, de la pérdida de empleos y de las condiciones en las que se quedarán trabajando los mencionados Agentes Financieros, pocos y sin el respaldo de un contrato que les garantice un sueldo digno a fin de mes.

Plataforma Denaria y soy mayor no idiota

La exclusión económica rural y también a las que están sometidas las personas mayores saltaba hace unos meses a la actualidad de la mano del jubilado Carlos San Juan. Bajo el lema soy mayor, no idiota este quijote recogía 600.000 firmas que entregaba en el Ministerio de Asuntos Económicos para alertar, básicamente, de la deshumanización de la banca. Paralela a esta iniciativa, surgía también hace unos meses y presidida por el diplomático conquense Javier Rupérez, Plataforma Denaria, una organización que persigue, según reza en su web, “aunar todas las voces afectadas por las limitaciones de acceso al efectivo. Queremos llevar a cabo una iniciativa común que defienda el acceso al efectivo entre todas las capas sociales y en todas las regiones”. La Plataforma muestra su confianza en el uso del efectivo, “es una herramienta de inclusión social, una alternativa de pago segura y un medio muy común entre los ciudadanos que garantiza la libertad de elección y protege la privacidad”.

Con una cuidada puesta en escena y demostrando que el uso del dinero físico ni está pasado de moda ni es carca, la Plataforma dispone de todo tipo de logos, banners y material en general para que, quien comparta su ideario, lo difunda también a través de sus propios medios “Recuerda etiquetarnos en Facebook, Twitter y LinkedIn y utilizar los siguientes hashtags para manifestar tu defensa del efectivo: #EFECTIVOseguro, #accesoEFECTIVO, #elEFECTIVOimporta”, señalan.

No le falta razón a este colectivo cuando esgrime por qué defiende billetes y monedas “el dinero en efectivo es un importante método de pago para los ciudadanos, es la moneda de curso legal que facilita la inclusión financiera de todos los colectivos y segmentos de la población de forma equitativa”. A veces se nos olvidan conceptos tan fundamentales como la libertad y la privacidad, “es un símbolo de libertad y garantía de privacidad ante la injerencia de organizaciones y corporaciones en los datos personales de los individuos. El efectivo es, además, la única alternativa de pago en situaciones de catástrofes naturales, ciberataques o cualquier incidencia tecnológica, una reserva de valor para los ciudadanos segura frente a estafas y ciberdelitos”.

“Cualquier sociedad avanzada debería preservar el acceso al DINERO EN EFECTIVO como bastión de los derechos y libertades fundamentales frente a los riesgos de exclusión financiera, desatención de colectivos vulnerables o ante situaciones de emergencia”, insisten.

noticiasbancarias.com se hacía eco de unas declaraciones de Javier Rupérez en las que el presidente de la Plataforma apuntaba que «los países europeos deben respetar el curso legal del efectivo y evitar restricciones a su uso». Recordaba que las instituciones europeas ya han alertado a los países miembros de que cualquier medida que limite el uso del efectivo debe respetar el curso legal de los billetes en euros. «El reciente dictamen del BCE considera que la reducción a 1.000 euros del límite del pago en efectivo de la ley española de lucha contra el fraude fiscal es desproporcionada», apuntaba.

Asociaciones como el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) ya se han adherido a esta iniciativa sellando, recientemente, un acuerdo de colaboración, “se comprometen a trabajar conjuntamente para trasladar a la sociedad y a las instituciones la importancia del uso y acceso al dinero en efectivo, como principal medio de interacción económica para buena parte de las personas con discapacidad y, por lo tanto, su carácter como herramienta fundamental para favorecer la inclusión financiera y social”, podemos leer en su web.

No vivimos buenos tiempos. La situación económica es más que grave. Y la incertidumbre cambia y aumenta cada día sobre pilares que considerábamos básicos e imperturbables. Respecto al dinero, that clinking clanking sound como recoge la célebre canción del musical Cabaret… pero en nuestro bolsillo.

Texto: AGA

Imagen: Sede de la antigua CCM en el Parque de San Julián de Cuenca

 
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