La Opinión de Cuenca

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El marxismo, ingeniería social (I)

Opinión


En Mayo del 2018 se conmemoró en Treveris el bicentenario del nacimiento de Marx. Jean-Claude Juncker , presidente de la Comisión Europea, afirmó entonces que el inspirador de las dictaduras marxistas fue un ciudadano europeo ejemplar. Sin embargo, el marxismo parece la antítesis de los valores sobre los que crecieron Europa y Occidente, y Marx tampoco vivió como un marxista ejemplar.

El joven Marx estudió Derecho, Historia y Filosofía en las universidades de Bonn y Berlín. Pensó que el motor de la historia era la economía, y se empeñó en “descubrir la ley económica que preside el desarrollo de la sociedad moderna”. Le tocó vivir el conflicto insostenible el proletariado y la burguesía capitalista. Las soluciones que se imaginaron fueron los diversos “socialismos pacíficos “, a los que Marx despreció como utópicos. Frente a ellos defendió su socialismo “científico”, deducido de las supuestas leyes históricas y económicas que anunciaban la disolución del sistema capitalista.

Marx diagnosticó en el Manifiesto Comunista que – en todo el mundo y a lo largo de la historia- las injusticias, las violencias, las desigualdades económicas y sociales tenían su origen en la defensa y acumulación egoísta de los bienes. A continuación propuso cortar por lo sano, suprimir de raíz la propiedad privada y dejar todos los bienes en manos del Estado. Más adelante, el Estado se encargaría de poner esos bienes en común. Así – en una nueva versión del optimismo ilustrado- surgiría la justa y pacífica sociedad comunista sin clases.

El Manifiesto Comunista, firmado por Marx y Engels, publicado en Londres en 1848, es uno de los escritos políticos que más han determinado la historia. Su forma periodística sirve a los autores para redactar un texto vigoroso. Al mismo tiempo, su brevedad, su finalidad revolucionaria y su tono visceral lo convierten en un poderoso panfleto subversivo.

En su interpretación dialéctica de la historia, Mar y Engels ven la lucha de clases como ley constante que enfrenta siempre a oprimidos y opresores. No es difícil ver que la violencia de la lucha de clases está en el polo opuesto del ideal de la verdadera política: el bien común , entendido como concordia, bienestar material y primacía de los valores.

El comunismo prometía una imprecisa Edad de Oro situada en un futuro no muy claro. Heredaba el intento ilustrado de instaurar el reino de la razón, pero desde el primer momento- con Lenin y la revolución bolchevique- se impuso un descoyuntamiento social y político que trastornó la historia del siglo XX.

Lenin amordazó a la prensa dos días después de tomar el poder en octubre de 1917. Antes de terminar el año había creado los Tribunales Revolucionarios, que en 1918 alcanzaron una media de mil ejecuciones al mes, sólo por motivos políticos. Ese mismo año en enero, empezaron a llenarse los primeros campos de trabajo que con Stalin se transformarían en el Archipiélago GULAG, con 10 millones de presos como mano de obra esclava.

Marx no firmó ninguna sentencia de muerte, pero al leer sus cartas y escritos se aprecia una extraordinaria violencia. Su amenaza preferida era ¡te liquidaré!. Sus más estrechos colaboradores tuvieron claro que cualquier régimen marxista sería una dictadura personal sostenida por la fuerza y el terror.

Karl Popper ha explicado que el comunismo reinó sin piedad en el Este de Europa y en la Unión Soviética, “apoyado en un arsenal de mentiras“ Y que se trata de una ideología que no entiende la política como servicio al bien común, sino como conspiración permanente. Por eso, derechos y libertades, democracia y justicia, son pura retórica para enmascarar su único objetivo: el asalto al poder y la violencia totalitaria.

Marx demostró ser mucho más utópico que los ilustrados. Prueba de ello es el descalabro de todos los proyectos que el comunismo ha llevado a cabo. En los países capitalistas los proletarios no se han empobrecido, ni ha triunfado la lucha de clases. En cambio el comunismo se impuso por la fuerza en países agrarios y atrasados como Rusia, China, Camboya, Cuba y en ellos no surgió la prometida democracia proletaria, sino fortísimas dictaduras de partido único.

Texto: Vicente Pérez Hontecillas

Sección: Nihil Scitur

 
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