La Opinión de Cuenca

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El Tren Turístico de Cuenca que lleva esperando en Renfe desde 2018

Actualidad


Es tremendamente importante no perder la perspectiva de ciertos asuntos. Por mucho que los actuales gobernantes intenten vender ideas como nuevas y como el bálsamo que pueden curar las cada vez más profundas heridas que sufre la provincia de Cuenca, lo cierto es que, como apunta el dicho popular, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Y en estas andamos.

Volvemos a abordar el cierre de la línea de tren Madrid-Cuenca-Valencia. La supresión de este transporte público es una de esas barbaridades difíciles de explicar y justificar, por muchas vueltas e ideas que se pongan sobre la mesa para tapar semejante afrenta y torpeza. Grave es esta decisión por el propio hecho de que se suprime una infraestructura centenaria, en la que perfectamente se podía invertir y consecuentemente explotar, pero también por su significado implícito. Cuenca vuelve a convertirse no solo en la hermana pobre y desahuciada de Castilla-La Mancha, sino de toda España. Única provincia, recordamos, que se queda sin ferrocarril y con una sola estación para su extenso territorio, la del AVE. Con aparcamiento para bicicletas, eso sí. 

Bajo este prisma queda más que claro que el baremo para las inversiones y el desarrollo se mide ahora más que nunca en votos y que a quienes gobiernan en la actualidad, la alianza socialista que todo iba a arreglar, lo de la despoblación solo les afecta en la medida en la que son conscientes de que en las urnas poco o nada va a perjudicarles. Quizás el próximo mes de mayo les depare alguna que otra sorpresa.

Atrás quedaron los tiempos en los que el ex presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, gorra en cabeza y banderín en mano emulando a un jefe de estación, se comprometía en Carboneras de Guadazaón a mantener el tren, “Renfe podría ahorrar más si redujera el número de altos cargos” afirmaba el socialista en 1994, según recogía El Día de Cuenca. 20 años más tarde, en 2013, el actual presidente de la Junta, García Page se marcaba un viaje en ferrocarril, junto al actual responsable de Las Cortes, Pablo Bellido, bajo la siguiente frase, “si nosotros no defendemos el tren, no lo hará nadie”. Ambos dirigentes utilizaban este transporte público en reacción a la supresión de frecuencias prevista por Renfe en ese momento.

Desde que confluyeron en las diferentes administraciones gobiernos del Psoe, la percepción del tren por Cuenca fue cambiando paulatinamente, hasta acabar en desarrollar una animadversión incomprensible a la infraestructura. En julio de 2020, por ejemplo, el presidente de la Diputación de Cuenca, Chana, se comprometía a defender la línea Madrid-Cuenca-Valencia, es decir, que aún no le habían informado sobre los planes de cierre o supo, él y sus compañeros, mantener una gran mentira con una más que envidiable cara de póker. La cuestión, desde ese momento fue cambiando y la evolución de la historia es conocida por todos, hasta desembocar en el cierre del tren, en julio de este año.

El tema sigue candente. Hace una semana exactamente volvía a convocarse una concentración en la Plaza de España de la capital en la que se reclamaba a Adif la marcha atrás en el robo del tren a los conquenses. También sale a relucir el ferrocarril en las diferentes y constantes entrevistas que los dirigentes socialistas conceden a los medios de comunicación últimamente, en las que pocos argumentos convincentes exhiben que justifiquen la clausura de la centenaria infraestructura.

Decíamos al principio de estas líneas que no conviene perder la perspectiva. Precisamente la Diputación de Cuenca heredaba en la legislatura de 2019, la que dio paso del gobierno popular al socialista, un ingente trabajo en torno a la línea del tren conquense en dos vertientes. El Serranía en Vía, proyecto de rehabilitación de estaciones históricas y que fueron cedidas por Adif a la institución provincial para que las recuperara y así se les pudiera dar diferentes usos y un Tren Turístico, llamado también Serranía en Vía, cuyo diseño elaboraba la Fundación de Ferrocarriles Españoles y que era entregada, por el propio presidente de la Diputación, en ese momento Benjamín Prieto, a Renfe el 20 de diciembre de 2018. El actual dirigente de la institución, Chana, siempre ha negado que esta iniciativa turística existiera y vende como propias y novedosas sus reuniones con la mencionada fundación y como una iluminación llegada del más allá la posibilidad de que la provincia cuente con ese tren turístico. A destiempo, claro, cuando la vía está siendo desmantelada. ¿Cómo circularía ese tren? Si lo hiciera, ¿por qué no recuperar el de pasajeros? Y ya que estamos impulsar el transporte de mercancías.  Quizás si la Diputación hubiera ejecutado el Serranía en Vía y el Tren Turístico, los destinos de nuestra provincia hubieran sido otros.

Tren Turístico ‘Serranía en Vía’

"Serranía en Vía es un proyecto que, pilotado por la Diputación de Cuenca, propone la recuperación de las estaciones del tramo conquense del ferrocarril Cuenca-Utiel para nuevos usos de dinamización del territorio”. Así comienzan la veintena de páginas que recogen el proyecto de 2018 de un Tren Turístico para nuestra provincia. En este informe, la Fundación de los Ferrocarriles Españoles reconoce el mal estado de los inmuebles de la línea, “habiéndose desentendido la administración ferroviaria, desde 2005 ADIF, de su conservación”, señala. Alude la citada Fundación “al ambicioso proyecto diseñado por la Diputación de Cuenca” y a la cesión por parte de ADIF de las estaciones “con el compromiso de su recuperación, de modo que se frene su deterioro”.

La Fundación califica el Tren Turístico de “oportunidad” para la provincia y planteaba entre dos y tres circulaciones entre Cuenca y Mira, con una primera parte paisajística, guiada e interpretada a bordo de los trenes y un segundo tramo en autobús, que llevaría a los viajeros a puntos de interés situados a poca distancia de la vía. Recalcaba el proyecto los viaductos y túneles con los que cuenta la línea, “espectaculares y referentes de la ingeniería de le época”, citando el de Narboneta y los de San Jorge y El Cabriel como especialmente llamativos.

En el estudio, se hace especial hincapié en coordinar el inicio del viaje en el Tren Turístico con la llegada de los primeros AVE a la capital, procedentes de Madrid y Valencia y en facilitar el acceso de quienes quieran llegar al punto de partida en transporte privado. El recorrido de esta atracción se circunscribiría a los fines de semana ya que precisamente en estos días, “hay una disponibilidad de trenes en la estación de Cuenca”, señala el informe.

Una vez en el tren, el recorrido comenzaría en Cuenca y seguiría por La Melgosa, el Viaducto del Rollo, Palancares, Viaducto Milano, Cañada del Hoyo, Carboneras, Arguisuelas, Viaducto de San Jorge, La Gramedosa, Yémeda-Cardente. Viaducto del Cabriel, Víllora, Viaducto El Imposible, Viaducto Torres-Quevedo (Narboneta), Enguídanos y Viaducto de Mira. Una vez llegado a este punto, comenzaría el retorno a Cuenca.

Paradas y comida incluida

Todo el recorrido contempla paradas para disfrutar del paisaje, además de folletos y un servicio de guía para explicar la historia de los lugares por los que transcurre el tren. La comida está contemplada en Enguídanos, “con una parada de una hora de duración para la visita al viaducto, obra más espectacular de la línea. Además, existe espacio suficiente para realizar allí la comida mediante un servicio de catering”, apunta el proyecto. Tras este intervalo, tendría lugar el regreso a Cuenca, esta vez en autobús, “lo que permitiría al viajero conocer la infraestructura ferroviaria desde otro punto de vista, paralelo a la línea” y también visitar Las Hoyas, Las Torcas y Tierra Muerta, de gran singularidad y belleza paisajística. Se incluye, en este viaje de vuelta, una visita a la Fábrica de Maderas, perteneciente al Ayuntamiento de Cuenca, “un destacado enclave del patrimonio industrial”, apunta el proyecto. La llegada a la estación del AVE Fernando Zóbel está prevista para las 20’30, lo que permitiría a los turistas enlazar con los últimos servicios hacia Madrid y Valencia.

No olvida el proyecto a quienes decidan utilizar su transporte privado para llegar a Cuenca, lo que se tornaría en “especialmente atractivo para los alojamientos rurales de la zona”, señala el informe.  

El billete, entre 35 y 45 euros

Los trenes propuestos para realizar el recorrido turístico pertenecerían a la serie 592.200 de Renfe y son los que prestaban habitualmente el servicio de la línea Madrid-Cuenca-Valencia. Se trata de automotores diésel compuestos por tres coches de viajeros. Fueron modernizados en 2002, alcanzan una velocidad máxima de 140 kilómetros hora y tienen capacidad para 228 viajeros.

En cuanto al precio del billete, la Fundación de Ferrocarriles recomienda que oscile entre los 35 y los 45 euros, “se estima que el producto turístico es viable a partir del 50 por ciento de su ocupación”, señala el informe.

Casi cuatro años han transcurrido desde que Renfe recibirá esta propuesta, impulsada por la Diputación en 2018 y desarrollada por la Fundación de Ferrocarriles Españoles. La gestora nacional no ha dado explicaciones sobre cómo se encuentra el proyecto de un Tren Turístico para Cuenca. Y en lo que respecta a la Diputación, cada vez que se le ha preguntado a Chana por este Tren mira para otro lado y niega la existencia del proyecto. Eso sí, saca pecho presumiendo se sus reuniones con la Fundación de Ferrocarriles y se atreve a apuntar la posibilidad de que un convoy recorra una parte de la línea ferroviaria que tanta prisa se están dando en desmantelar sus compinches nacionales bajo su beneplácito.  Quien sabe, a lo mejor el próximo viaje del presidente de la Diputación, una vez que ya conoce el Caribe, es Japón, para comprar un tren bala. En fín…

Texto: AGA

Imagen: Estación de la localidad de Arguisuelas, incluida en el proyecto Serranía en Vía y en el Tren Turístico.

 
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