La Opinión de Cuenca

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En busca del informe de Icomos

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Ha pasado ya más que un tiempo prudencial desde que, a mediados de octubre del año pasado, el Ayuntamiento de Cuenca y la Junta de Comunidades anunciaran que el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, ICOMOS, había dado el visto bueno a la construcción de las escaleras mecánicas en y hacia el Casco Histórico de la capital. Conviene recordar que fueron varios los años en los que no se habló en la capital de escaleras y sí de ascensores, unos remontes que, por las condiciones especiales de la parte de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, parecían adecuarse más a sus características.

Lo cierto es que las tornas cambiaron y quienes se han erigido en impulsores y propulsores de la subida hasta la parte alta de la ciudad decidieron un buen día que ascensores no y escaleras sí. Urgía anunciarlo y el escudo protector de este nuevo viraje era el mencionado ICOMOS y su informe. Varios son los colectivos, grupos políticos y medios de comunicación conquenses que desde hace cuatro meses permanecen a la espera del citado informe. No aparece y nadie ha podido leerlo para, simplemente, constatar que lo anunciado por las instituciones es del todo cierto y en qué términos este consejo internacional apoyaba una obra del todo punto muy complicada y en la que el margen de error tiene que reducirse casi a la inexistencia.

La Cuenca Patrimonio de la Humanidad no está para experimentos. Casi de osadía se puede calificar que tras el hundimiento del muro de la calle Canónigos, junto a las Casas Colgadas, el lugar más identificativo de la capital, se anunciara una obra de semejantes características, unas escaleras mecánicas, en la parte alta de Cuenca.

En sendos reportajes publicados en La Opinión de Cuenca en octubre del año pasado, abordábamos varias cuestiones relacionadas con el anuncio de estas escaleras mecánicas. Respecto al gasto, la Junta anunciaba que iba a aportar más de  9 millones y que el Consorcio Ciudad de Cuenca se haría cargo del resto, cifra que podría oscilar entre los 2 y 3 millones más. La comparación con Toledo era inevitable. Su primer remonte mecánico ha superado ya los 20 años de funcionamiento y también se aludía, ya en octubre, a La Coruña, con una experiencia menos dilatada pero donde, contaban los dirigentes conquenses, existía  un tipo de escalera que solventaba las dificultades que tienen para usarlas quienes se desplazan en una silla de ruedas, llevan un carrito con niños, maletas o los mayores que usan andadores o bastón. El mecanismo, patentado por un ingeniero catalán, permitía convertir peldaños en plataformas para facilitar el acople de las citadas sillas de ruedas, andadores o maletas. Un botón las transformaría para este uso y, después, volverían a su posición original. Lo que se omitía es que este proceso de accesibilidad, las llamadas escaleras universales,  nunca llegaron a ponerse en marcha en la ciudad gallega.  La revista Solidaridad publicaba un reportaje en el que se podía leer textualmente, “las escaleras mecánicas se publicitaron como un servicio inclusivo y accesible, que iba a ser pionero en Galicia y en el que se invirtieron 1.129.564,60 euros. Sin embargo, las personas con movilidad reducida lo tienen vetado. Un cartel advierte que esos cinco tramos de escaleras instalados no pueden ser utilizadas por quienes llevan bastones, andadores, carritos de ruedas o vehículos. Eso realmente invalida su uso para las personas que más necesitan este tipo de ayudas y supone una solución bastante costosa”. La publicación recogía el testimonio de una joven en silla de ruedas que apunta, incluso, que, “la opción de ascensores hubiera sido mejor”.

Volviendo a Toledo, aludíamos al coste de mantener las escaleras mecánicas en buen funcionamiento. En 2018, por ejemplo, el contrato de mantenimiento de 16 escaleras y un ascensor, durante sus dieciséis horas de funcionamiento ascendía a 48.000 euros al año. A esta cifra habría que sumar los 20.000 de limpieza y los 15.000 de consumo de energía. En 2020, mantenimiento más limpieza específica del tramo de Safont añadía otros 41.500 euros al año y el consumo de energía es el mismo, que rondaría 15.000 euros. Este año, 2021, el contrato de mantenimiento y limpieza se situaba en 100.000 euros al año y el gasto de energía subiría hasta los 20.000 euros. 

Otra ciudad, muy cercana a Cuenca, salía a relucir en este debate escaleras/ascensores, Teruel. Según publicaba el Heraldo de Aragón precisamente un ascensor comunicará el barrio del Carmen con el Centro Histórico de Teruel con base en la calle Bajo los Arcos y remate en la plaza del Seminario costará 2.218.236 euros. Salvará un desnivel de 31 metros, tendrá una entrada en túnel desde la calle Bajo los Arcos hasta un elevador que quedará oculto en la ladera situada en el interior de la muralla. La salida superior será por una cabina cúbica de alabastro al nivel de la plaza del Seminario y que estará situada entre este edificio religioso y la Biblioteca Pública. El proyecto prevé una parada intermedia a la altura de la Cuesta de la Andaquilla.

Los ascensores de Cuenca

En el año 2017, en acuerdo la Junta de Comunidades y el Colegio de Arquitectos, se designaba a tres profesionales Carmen Mota, Fernando Olmedilla y Ana Martínez, para estudiar la mejora de la accesibilidad del casco. Se crea la conocida asociación Cuenca [in], que nace de un concurso curricular del propio Gobierno Regional invitando a participar a la Demarcación de Cuenca. Más tarde se incorporaban Yanira Huertas e Ignacio Vignolo. Estos cinco arquitectos iniciaban un estudio pormenorizado del casco histórico. 

Su trabajo incluía cuatro ascensores estratégicamente ubicados, coincidiendo con zonas pobladas y con actividad relevante para que fueran, además, útiles a los vecinos. Su denominación Zóbel, Torner, Rueda y Saura. Tres de ellos podrían ejecutarse de forma inmediata por estar incluidos en el planeamiento urbanístico de la ciudad. La puesta en marcha del Ascensor Zóbel, que uniría la Hoz del Huécar con la Plaza de Ronda, y el de Torner, que comunicaría la Puerta de Valencia con la calle Matadero Viejo, supondría una inversión que no llegaría a los 6 millones de euros, frente a los más de 11 millones, por el momento y subiendo, que costarían a las arcas públicas los 9 tramos de escaleras mecánicas de subida y otros tantos de bajada que contemplan en la actualidad la Junta y el Ayuntamiento conquense. Hay que añadir que a la puesta en marcha de los ascensores acompañan rehabilitaciones del entorno, como el de la muralla y acondicionamiento paisajístico que otorgaría, que duda cabe, un valor añadido a todo este proyecto, la visión global y, sí, la ansiada accesibilidad imposible de conseguir, por el momento, con otro tipo de remontes.

Abordábamos también, además del nada desdeñable desembolso inicial, la sostenibilidad de la inversión y cuánto podría costar el mantenimiento de nueve tramos de escaleras a la intemperie y bajo el clima de frío y calor propio de la capital que podría superar la nada despreciable cantidad de los 200.000 euros anuales.

Condicionantes económicos aparte, también hay que tener en cuenta el impacto paisajístico en el entorno histórico conquense, la complejidad de la obra, con posibilidad de que aparezcan, por ejemplo, restos arqueológicos que impidan su continuidad o que la suman en largos retrasos.

Lo cierto y verdad es que las escaleras mecánicas en el Casco Histórico recibían hace unos días un nuevo impulso. El alcalde Darío Dolz, con la mirada puesta en mayo del año que viene y en si será de nuevo candidato a la alcaldía o no, anunciaba sin dudas que las obras comenzarán en esta legislatura en la que ya tiene poco margen de actuación, aunque, todo hay que decirlo, estos casi tres años de gobierno tampoco se han caracterizado por su especial dinamismo. Eso sí, el primer edil quiere pasar a la historia como aquel que inauguró la fastuosa obra de los remontes al Casco y no como cómplice del cierre del tren en la capital y provincia. Lo tiene difícil…

Texto: AGA

Foto: Imagen del Casco Antiguo de Cuenca

 
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