La Opinión de Cuenca

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En defensa del convento de dominicos de Villaescusa de Haro

Opinión


Este año en el que se cumplen ocho siglos de la muerte de Santo Domingo de Guzmán, un grupo de personas, junto con la Sagrada Orden de Predicadores de Santo Domingo, hemos decidido rendir homenaje al santo y poner en valor la predicación y los magníficos monasterios que la Orden dejó en numerosas villas de la provincia de Cuenca, recuperados hoy día por el esfuerzo de sus alcaldes y D. Benjamín Prieto, Presidente de la Excma. Diputación Provincial de Cuenca en el período 2011-2019. 

Este relato, desconocido para la inmensa mayoría del público, quiere poner en valor el sacrificio de un fraile del convento de Santa Cruz de Villaescusa de Haro en un momento aciago de su destino.

No fue la falta de ayuda de la monarquía durante los últimos años del siglo XVIII, ni la infame invasión francesa, sino la propia Constitución española, durante lo que se ha dado en llamar el Trienio Liberal o Trienio Constitucional, la que provocó la destrucción y primera expulsión de los frailes de su Monasterio.

Para que se entienda lo que sucedió, debemos incluir unas pequeñas notas de los hechos que acaecieron en ese periodo. El coronel Riego al mando del Segundo Batallón de Asturias, tropas que se iban a integrar en un cuerpo expedicionario encargado de sofocar las revueltas en las colonias del continente americano, dio un pronunciamiento militar en Las Cabezas de San Juan, provincia de Sevilla, el 1 de enero de 1820, proclamando la Constitución de Cádiz de 1812, La Pepa. A este movimiento inicial se fueron anexionando adeptos hasta que el rey Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución y suprimir el Santo Oficio el 10 de marzo de 1820. España se ve sumida en un período de gran inestabilidad causado por las luchas entre liberales de distintos pensamientos, de moderados, de los que eran partidarios de un equilibrio de poderes entre los constitucionalistas y monárquicos, incluso de los que comenzaron a pensar en una república como forma de gobierno. 

Los hechos que nos atañen, en el devenir de nuestro convento, suceden después de las segundas elecciones de este período constitucional, que tuvieron lugar en marzo de 1822. Las Cortes estaban presididas por Riego, pero existía en ellas una mayoría de diputados exaltados. La situación se agravó porque el rey, cansado de ese desgobierno, intentó en julio un golpe de estado aprovechando el descontento militar utilizando su guardia real para esa acción, pero pronto fue neutralizado por la Milicia Nacional en una escaramuza que tuvo lugar en la Plaza Mayor de Madrid el 7 de julio de 1822. A raíz de este levantamiento, el 6 de agosto, se formó un gobierno de exaltados bajo la presidencia de Evaristo Fernández de San Miguel, militar y senador por la provincia de Pontevedra.

El día 24 de septiembre de 1822 el Convento de Santa Cruz de Villaescusa de Haro es suprimido por decreto de las Cortes Constitucionales y, dicen los frailes, que también por calumnias atroces que levantaron los vecinos del pueblo. 

El día 24 de septiembre de 1822 fue suprimido este Convento por los infames decretos de las Cortes Constitucionales y calumnias atroces que los de esta villa levantaron. 

 Los frailes son obligados a abandonar su Casa que habían ocupado casi trescientos años atrás; fueron días de gran revuelo y confusión, cada uno fue haciendo reparto de los bienes como mejor pudo y supo. 

Las cuentas y asentamientos en los libros estuvieron ajustados hasta ese día por el fraile procurador, y por la supervisión de tres años del padre Prior Predicador General fray Agustín Iniestola, según se puede ver en ellos, pero con motivo del abandono forzoso del Convento se desfiguraron todas las cuentas de manera extraordinaria. Así, se pusieron en el gasto partidas que no se habían recibido y se añadieron infinitas facturas falsas, deudas que nunca existieron, mantas que se dijeron se habían comprado sin ser verdad, trigo que se dijo se había dado por vendido, de tal forma que fue imposible averiguar lo que el convento había recibido y el gasto que había hecho. 

Una vez los frailes fueron obligados a dejar el convento entró el Crédito Público como responsable de su gestión, y siempre que esto ocurre la historia es pertinaz y nos dice que nunca funcionó esta forma de administración, aunque muchos traten de justificarlo. Entre los responsables del Crédito Público, los criados que pusieron en el convento y las demás personas que andaban a su alrededor llevaron, vendieron y robaron todo lo que había en su interior, de manera que solo quedaron las paredes desnudas; las viñas y olivares fueron abandonados, sin hacer en ellos las labores necesarias de mantenimiento, cavar y podar. Del interior del convento no se salvó nada; lo poco que quedó fue gracias a que fray Pedro Martínez, hijo del convento, se pudo quedar a instancias del padre Prior como administrador en nombre del Crédito Público, y más tarde su sucesor Julián Fernández, ambos tuvieron la habilidad de mantener lo poco que quedó de los edificios, huerta y olivares, que a no ser por ellos todo se hubiese destruido completamente. 

Pero no había de durar mucho tiempo en su cargo fray Pedro Martínez, porque un día 6 de marzo de 1823 le ataron en el De Profundis y cruelmente le asestaron veintidós puñaladas. Fue un buen religioso que había obtenido licencia del nuncio para poder usar vestidos de paisano, como efectivamente usaba, pero mantuvo su orden religioso y no llegó a secularizarse, ni nunca lo pretendió. Con este traje de paisano le asesinaron y el mismo traje fue su mortaja cuando fue sepultado en la ermita de Santa Bárbara, el primer lugar que habitaron los frailes y donde deben descansar todavía sus huesos. Su sucesor, Julián Fernández, apodado el Licho, sufrió mucho en ese cargo de administrador y expuso varias veces su vida por conservar la huerta, olivares y viñas. 

Después de un período de guerrillas y rebeliones de los partidarios del rey, Francia decidió acudir a salvar la monarquía española en virtud de la Santa Alianza, mediante el envío de un ejército, los Cien Mil Hijos de San Luis, a las órdenes de Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema, el mes de abril de 1823. El ejército liberal se vio empujado hasta Sevilla y luego retrocedió a Cádiz con todo el gobierno y el rey como rehén, pero derrotado por los franceses, se consiguió restituir a Fernando VII en el gobierno. Riego, derrotado el 14 de septiembre en Jódar, fue ahorcado en la Plaza de la Cebada de Madrid el 7 de noviembre de 1823. Los frailes estuvieron fuera del convento ocho meses y tres días. Volvieron a entrar el día 27 de junio de 1823, gracias a un decreto de la Regencia del Reino. 

hasta que al cavo de ocho meses y tres días volvimos a tomar posesión del Convento, por el día 27 de junio de 1823, en virtud del benignísimo y justísimo decreto de S. A. S. la Regencia del Reyno, por ausencia y captividad de N. Amabilísimo Soberano D. Fernando el Séptimo: restaurado al fin, y puesto en su soberanía en 1º de Octubre de 1823 

y con el mismo fue sepultado en la Hermita de Sta. Bárbara, que es la que está frente del Convento, y en la tuvieron por habitación y morada los primeros religiosos que vinieron a fundar este Convento. 

Texto: Enrique Lillo Alarcón

Sección: Historias de un caballero

 
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