La Opinión de Cuenca

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Escaleras al Casco, la casa por el tejado

Actualidad


Los años pasan y la capital conquense necesitaba ya un golpe de efecto claro y firme, un anuncio que justificara lo que no se ha hecho en la presente legislatura y que abriera las puertas electorales, a la actual clase gobernante, del año 2023. La sociedad ya no es fácilmente impresionable y mantener la ciudad limpia, cuidada, sin que se derrumben muros históricos, con autobuses que se ajusten a las necesidades de los ciudadanos, atraer inversión, solucionar el problema del Bosque de Acero o adecentar las instalaciones deportivas, por ejemplo, se torna insuficiente, se queda pequeño como garantía para situarse en la línea de salida de los próximos comicios sin un rasguño crítico. A la posibilidad de que alguna voz cuestione la inacción en la que se encuentra sumida Cuenca, la constelación de gobiernos socialistas contestará, a partir de ahora, alto y claro con un proyecto megalómano, improvisado, basado en un claro golpe de efecto y cortoplacista, porque nadie garantiza ni su operatividad ni su continuidad en el tiempo. Contra la inoperancia, la fórmula mágica son unas escaleras mecánicas que conecten la parte baja de Cuenca con el Casco Histórico. Más de 9 millones de euros de las cuentas regionales y otros tantos, todavía sin concretar, del Consorcio Ciudad de Cuenca para fingir que se soluciona un problema de accesibilidad, concepto con un claro margen de aplicación, mientras se usa, como garante de la trama, a un organismo internacional, ICOMOS,  encargado de velar por la conservación y restauración de edificios y sitios monumentales, con especial celo, como no podía ser de otra manera, hacia los declarados como Patrimonio de la Humanidad. 

El vicepresidente de la Junta de Comunidades, el parrillano José Luis Martínez Guijarro, fue el escogido por la alianza gubernamental monocolor que gobierna la capital, región, provincia y España para impresionar mediáticamente a los conquenses. El primer objetivo se consiguió con facilidad, copar los titulares de digitales, emisoras y televisiones, con un anuncio en el que desde su púlpito privilegiado y sin mostrar documento alguno, Guijarro aseguraba que el citado ICOMOS había dado el visto bueno a las escaleras mecánicas, a un proyecto sobre el que no hay ningún tipo de proyecto.

Las reacciones y opiniones al anuncio en la capital han sido inmediatas. Callan quienes por puesto y condición no pueden más que asentir a las ocurrencias que marca la apisonadora gubernamental, hay quienes sencillamente pasan tanto de esta circunstancia como de cualquier otra que ataña a la capital y provincia, y queda el resto, los ciudadanos que han percibido que en este proyecto no prima ni la accesibilidad, ni potenciar Cuenca como ciudad turística. Sólo se trata de salvar un expediente político, de entretener a los conquenses durante años, de desviar la atención sobre el resto de los problemas de la ciudad. Si al final la obra se eterniza, como la del nuevo Hospital, recordemos que Barreda ponía la primera piedra hace 10 años, o se abandona, como el Bosque de Acero, otra primera piedra del ex presidente socialista esta vez en 2007, nadie asumirá responsabilidades, mientras el malgasto de dinero público, aquel que es de todos, profundizará los problemas económicos de las administraciones y se traducirá en la falta de otras inversiones o recursos mucho más necesarios para los ciudadanos.

Junio de 2018, se reabre el debate

Encontrar una manera de llegar hasta el Casco Histórico de Cuenca, salvando el desnivel que a la vez que es parte esencial del encanto de la ciudad dificulta llegar hasta sus monumentos más emblemáticos, ha sido una cuestión largamente debatida y abordada durante decenas de años. Precisamente, en junio de 2018, la capital volvía a reencontrarse con este dilema y los responsables eran los integrantes de Colegio Oficial de Arquitectos. Dentro de este colectivo, un grupo concreto, Cuenca IN, profesionales seleccionados por la Junta de Comunidades para afrontar el reto de aportar luz y abordar una complejidad, la del Casco Antiguo conquense, que no se reduce, obviamente, a una percepción simplista de dotarlo o no de unas escaleras mecánicas.

‘Muralla, Paseo Fluvial y Primer Remonte’ era el título de la exposición que se inauguraba en el edificio Iberia en el verano de 2018. Tuvo que posponer su cierre dado el éxito de público y la muestra recogía el trabajo de más de una treintena de profesionales “que han evaluado las características paisajísticas, arqueológicas, geológicas, topográficas, arquitectónicas y de gestión de nuestro casco histórico”, recogía el Colegio de Arquitectos en su web. “El propósito de este trabajo es nutrir las bases del concurso para el proyecto que habrá de ejecutar el remonte Zóbel, la adecuación de la muralla y el paseo fluvial tras acordar entre Junta y Ayuntamiento la aportación de un 80-20 del presupuesto. Habilitaremos una jornada para que todos nuestros compañeros de la Demarcación puedan conocer de primera mano el material, sabiendo el enriquecimiento que supone para nosotros y el proyecto el intercambio de opiniones con todos ellos”, continuaba la página, desde donde se avanzaba el siguiente paso, “es la convocatoria de un concurso que, con estas bases, de lugar al proyecto de ejecución, que materializará el parque fluvial, la recuperación de la muralla y el primer remonte”.  Los arquitectos conquenses agradecían a todas las personas, políticos de diferentes administraciones, partidos, asociaciones y colectivos que en mayor o menor medida habéis intercedido, apoyado y alentado este sueño y vaticinaban que "en breve será una realidad".

Antes de esta exposición, el 8 de noviembre de 2017, el pleno del Ayuntamiento de Cuenca aprobaba por unanimidad de los cuatro grupos políticos una moción en la que instaba a la Junta de Comunidades a pagar los remontes mecánicos del Casco. El 25 de junio de 2020, el Consistorio votaba en contra de la propuesta de Cuenca en Marcha para elaborar un Plan Integral de Acceso al Casco Antiguo y de una consulta municipal sobre los proyectos de remontes al mismo.

Escaleras, ¿podemos pagarlas y mantenerlas? 

La concepción y ejecución de un proyecto no se puede reducir únicamente a su coste, pero, que duda cabe siempre, y más en estos momentos tan complicados económicamente, hay que tener muy en cuenta que, primero, el dinero público es de todos los ciudadanos, de unos impuestos que van al alza, segundo, preguntarse si ese cuantioso desembolso responde a una necesidad apremiante o esa ciudad, en este caso Cuenca, cuenta con otras prioridades que atender. En tercer lugar, podríamos hablar de las alternativas, soluciones similares o incluso más apropiadas que la anunciada por las instituciones y, por último y no menos importante, ¿Es sostenible en el tiempo esta inversión? ¿Cuánto puede suponer su mantenimiento?

Por empezar a ajustar cifras, el coste de la construcción de las escaleras mecánicas superaría ya, hoy en día, los 11 millones de euros. Un desembolso inicial nada despreciable que podría incrementarse, a medida que se vaya ejecutando el proyecto por los imprevistos que puedan ir surgiendo y que duplica lo que constaría, por ejemplo, la instalación de dos ascensores a la parte histórica con correspondientes actuaciones en la muralla, el entorno del Auditorio y el parque fluvial del Huécar. El mantenimiento de las escaleras podría superar la nada despreciable cantidad de los 200.000 euros anuales.  Situadas a la intemperie y expuestas a las inclemencias del clima y a posibles actos vandálicos, esta opción se antoja costosa y poco práctica. Condicionantes económicos aparte, también hay que tener en cuenta el impacto paisajístico de las escaleras en el entorno histórico conquense, la complejidad de la obra, con posibilidad de que aparezcan, por ejemplo, restos arqueológicos que impidan su continuidad o que la suman en largos retrasos.

Cuenca no es Toledo

Perogrulladas aparte, independientemente de que las dos ciudades están declaradas Patrimonio de la Humanidad, nada tiene que ver la capital conquense con la toledana. Ni en número de habitantes ni, por supuesto y desgraciadamente, en el de turistas.

Las escaleras mecánicas de Toledo cumplen ya más de 20 años. Las características de su casco histórico, con una pendiente mucho más suave que las que adornan la capital conquense, hacían de este tipo de remontes los más adecuados para facilitar el acceso a su parte alta.

Lo cierto es que, en Cuenca, el debate más reciente sobre construcción de remontes al Casco comenzaba contemplando ascensores y no escaleras. ¿En qué momento y por qué la Junta de Comunidades y el Ayuntamiento de la capital cambian de idea?

Caben más preguntas sobre este reciente anuncio. ¿Por qué no se ha facilitado a los medios de comunicación y a la ciudadanía en general en qué términos se ha pronunciado ICOMOS sobre las escaleras? ¿Qué se le ha consultado exactamente? ¿Qué proceso se va a seguir para la adjudicación del proyecto y de la obra?

Pocos detalles han trascendido del intercambio de pareceres entre las instituciones e ICOMOS con respecto a las escaleras mecánicas. Ante una consulta, es lógico que el organismo no haya mostrado reticencia alguna y que, por norma, no disuada, a priori, a las administraciones de que la lleven a cabo la obra. Lo cierto es que ICOMOS a veces emite opinión sobre determinados proyectos y otras veces, sencillamente ni habla, señal ésta última, de que una iniciativa discurre por el buen camino. En la construcción de las escaleras mecánicas de Toledo, este organismo internacional ni siquiera se pronunció.  

Nueve tramos de subida y sus correspondientes bajadas compondrían las anunciadas escaleras mecánicas de Cuenca. Se habla de una modalidad, una patente japonesa, que convierte los peldaños en plataforma y que no viene, precisamente, de una buena experiencia en concreto, en La Coruña. El impacto paisajístico de la construcción sería considerable y superar la verticalidad que protege y rodea a la parte antigua conquense todo un reto. 

Las prisas nunca son buenas consejeras y los anuncios sin unos asideros firmes que soporten preguntas y dudas lógicas tampoco. Por lo que se refiere a Patrimonio, en Cuenca queda poco margen para el error y, mucho menos, para los entendibles temores que manan de unas escaleras producto, todo parece indicar, de la improvisación.

Cuenca necesita proyectos y revulsivos para el turismo. Comunicaciones por autovías a Albacete y Teruel, por ejemplo, autobuses coordinados con la llegada y partida del AVE, lanzaderas que conecten la parte nueva y el Casco Antiguo, parques cuidados, un palacio de congresos, calles limpias, oficinas de información, la ampliación de museos y la organización de actividades que dinamicen la vida cultural de la ciudad, por solo enumerar algunos ejemplos. También, por qué no, servir y repercutir de su potencial turístico a la provincia y a la inversa. Todo esto, mucho más sencillo y barato debiera de convertirse en el primer peldaño de esas fastuosas escaleras mecánicas. 

¿Alguien puede imaginarse un fracaso similar al Bosque de Acero, pero en los aledaños del Casco Histórico? ¿O un error en el desarrollo de un proyecto que por falta de madurez o porque se ha elegido el más barato cause un daño irreparable en nuestra Ciudad Patrimonio? Hay dos caminos por donde puedes ir, pero en el largo recorrido, aún tienes tiempo para cambiar tu ruta, cantaba Led Zeppelin en su Escalera al cielo. Pues eso, aún hay tiempo de recapacitar.

Texto: AGA

Foto: Imagen del Centro Histórico de Cuenca

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