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Escaleras mecánicas, en deuda con la accesibilidad

Actualidad


A finales del pasado mes de octubre, el Ayuntamiento de Cuenca y la Junta de Comunidades lanzaban a los medios de comunicación un anuncio que no pasaba desapercibido. ICOMOS, daba el visto bueno a la construcción de unas escaleras mecánicas en la capital que desembocaran en el Casco Histórico. Esa aprobación se hacía pública sin el documento que la certificara, sin la existencia de un proyecto sobre el que emitir un juicio y apostillando, por parte de ambas instituciones, que las recomendaciones del organismo internacional eran asumibles. El sentido común apunta, sin conocer ningún detalle más de este asunto, que entre esos consejos priorizarán los que protejan el ingente patrimonio que se encuentra y rodea a la parte antigua conquense.

Nada se ha vuelto a saber de este tema. Los responsables políticos se comprometieron tanto con la prensa como con determinadas asociaciones y sectores profesionales a facilitar más detalles sobre este proyecto, pero hasta la fecha, casi un mes después, lo tratado entre los gobiernos regional y local con ICOMOS permanece en la más absoluta de las intimidades.  

Pocos detalles específicos trascendían de la decisión de construir las escaleras. Uno de ellos era que la Junta iba a aportar más de 9 millones y que el Consorcio Ciudad de Cuenca se haría cargo del resto, cifra que podría oscilar entre los 2 y 3 millones más. En la mente de quienes se lanzan a imaginar una obra de esta envergadura en la capital conquense aparece inevitablemente Toledo, cuyo primer remonte mecánico ha superado ya los 20 años de funcionamiento, pero los dirigentes socialistas lanzaban como referente otra ciudad más lejana, La Coruña, donde con una experiencia menos dilatada en este medio para transportarse, existía un proyecto, señalaban, de un tipo de escalera que solventaba las dificultades que tienen para usarlas quienes se desplazan en una silla de ruedas, llevan un carrito con niños, maletas o los mayores que usan andadores o bastón. El mecanismo, patentado por un ingeniero catalán, permitiría convertir peldaños en plataformas para facilitar el acople de las citadas sillas de ruedas, andadores o maletas. Un botón las transformaría para este uso y, después, volverían a su posición original.

Lo cierto es que el idílico mecanismo que concede a estos remontes la denominación de escaleras universales nunca llegó a ponerse en marcha en la ciudad gallega. El tramo de Maestro Clavé, comenzaba su andadura en 2015 y, ya este mismo año, la revista Solidaridad publicaba un reportaje en el que se podía leer textualmente, “las escaleras mecánicas se publicitaron como un servicio inclusivo y accesible, que iba a ser pionero en Galicia y en el que se invirtieron 1.129.564,60 euros. Sin embargo, las personas con movilidad reducida lo tienen vetado. Un cartel advierte que esos cinco tramos de escaleras instalados no pueden ser utilizadas por quienes llevan bastones, andadores, carritos de ruedas o vehículos. Eso realmente invalida su uso para las personas que más necesitan este tipo de ayudas y supone una solución bastante costosa”. La publicación recoge el testimonio de una joven en silla de ruedas que apunta, incluso, que, “la opción de ascensores hubiera sido mejor”.

Las escaleras coruñesas se presentaron y construyeron con la fanfarria lógica de un proyecto de tal envergadura. Los vecinos de la zona recibían con alegría una infraestructura que, pese a sus limitaciones, facilitaba el ascenso a una zona que rondaba el 20 por ciento de desnivel. Pero a los pocos días comenzaron los problemas. Sólo una semana transcurrió desde el trayecto inaugural hasta la primera avería. Un fatídico récord que iría cambiando no solo la percepción de la construcción para sus usuarios, sino, que también suprimiría, al poco, la posibilidad de su uso para bajar.

Más sobre las escaleras de La Coruña

En la actualidad, como decimos, cuentan con 5 tramos de ascenso. Los vecinos del barrio dejaron pronto de percibir con buenos ojos la idea, ya que, apuntan, excepto al principio, las escaleras jamás han estado operativas más de tres meses consecutivos por las continuas reparaciones tras los accidentes que provocan y su complicado mantenimiento. Comenzaban a subir y bajar, como señalábamos, en el mes de agosto de 2015. El 20 de diciembre de ese mismo año, en uno de sus múltiples fallos, causaba un accidente en el que resultaban heridas dos personas, de 80 y 82 años. Ese fue el detonante para que se suprimiera el tramo de bajada.

Los medios de comunicación coruñeses suelen hacerse eco con asiduidad de lo que acontece en los remontes. El diario La Voz de Galicia publicaba, en noviembre de 2020, un artículo bajo el título Cinco años de averías en las escaleras de Maestro Clavé. Relata el deterioro de la infraestructura en sólo un lustro.  Los vecinos se quejan del parcheo constante al que están sometidas las escaleras, sin que se encuentre la solución definitiva que garantice su funcionamiento y la seguridad de su uso. De hecho, tal y como publicaba El Ideal Gallego en febrero, el Ayuntamiento coruñés estaría planteándose, ahora, techar unas escaleras que definen tal y como recoge el diario, como “un quebradero de cabeza”. Hasta como taparlas es un problema, “la cuestión sobre la que están dando vueltas los técnicos es qué clase de cubierta convendría instalar allí. Nadie quiere envolver las escaleras con un tubo completo, no solo por la sensación de inseguridad que podría generar un túnel, sino también porque perdería calidad estética y urbana. Tampoco pueden invadir las escaleras a ambos lados de la mecánica De todos modos, como todavía no se ha planteado una solución, esta no llegaría a materializarse este año. De momento, no queda más que seguir reparándola cada vez que se estropea”, recoge el digital. 

El costoso mantenimiento en Toledo

La capital toledana comenzaba hace más de 20 años a convivir con las escaleras mecánicas. La integración de la construcción en el perfil de la ciudad nada tiene que ver con las condiciones que ofrece Cuenca, una ladera en contraposición a la verticalidad que rodea al Casco Histórico conquense. A pesar de que los problemas de funcionamiento de esta estructura distan bastante de la coruñesa, lo cierto es que el precio de su conservación es para tenerlo en cuenta. En 2018, por ejemplo, el contrato de mantenimiento de 16 escaleras y un ascensor, durante sus dieciséis horas de funcionamiento ascendía a 48.000 euros al año. A esta cifra habría que sumar los 20.000 de limpieza y los 15.000 de consumo de energía. En 2020, mantenimiento más limpieza específica del tramo de Safont añadía otros 41.500 euros al año y el consumo de energía es el mismo, que rondaría 15.000 euros. Este año, 2021, el contrato de mantenimiento y limpieza se sitúa en 100.000 euros al año y el gasto de energía subiría hasta los 20.000 euros. 

En cuanto a su construcción, los números ya causaban vértigo hace 20 años. 1.700 millones de pesetas, 10’2 millones de los actuales euros, se destinaron a las escaleras de Recaredo. Por lo que se refiere a las de Safont, las obras se adjudicaron e iniciaron en 2011 por un importe de 4.488.667 euros más IVA, aunque más tarde se pararía y redimensionaría el proyecto. El coste final es el resultado de sumar ese importe de adjudicación a la indemnización de la resolución y a la obra previa, en total 2,4 millones de euros incluyendo el IVA y seis meses iniciales de obra, dieciocho de paralización y catorce de conclusión, es decir, más de tres años.

Teruel opta por el ascensor

Poco se ha dado a conocer hasta ahora la intención de la capital turolense de contar con un ascensor que desemboque en su casco antiguo, en vez de por escaleras mecánicas. Según publicaba el Heraldo de Aragón, en junio, comunicará el barrio del Carmen con el Centro Histórico de Teruel con base en la calle Bajo los Arcos y remate en la plaza del Seminario costará 2.218.236 euros y se construirá en 12 meses. Salvará un desnivel de 31 metros, tendrá una entrada en túnel desde la calle Bajo los Arcos hasta un elevador que quedará oculto en la ladera situada en el interior de la muralla. La salida superior será por una cabina cúbica de alabastro al nivel de la plaza del Seminario y que estará situada entre este edificio religioso y la Biblioteca Pública. El proyecto prevé una parada intermedia a la altura de la Cuesta de la Andaquilla. Los accesos inferior e intermedio se realizarán a través de un marco de acero corten de color rojizo. A raíz de lo que se puede leer en este artículo, la ciudad aragonesa ha optado por una solución relativamente económica y adaptada a sus necesidades.

Cuenca, a problemas verticales, soluciones verticales

En el año 2017, en acuerdo la Junta de Comunidades y el Colegio de Arquitectos, se designaba a tres profesionales Carmen Mota, Fernando Olmedilla y Ana Martínez, para estudiar la mejora de la accesibilidad del casco. Se crea la conocida asociación Cuenca [in], que nace de un concurso curricular del propio Gobierno Regional invitando a participar a la Demarcación de Cuenca. Más tarde se incorporaban Yanira Huertas e Ignacio Vignolo. Estos cinco arquitectos iniciaban un estudio pormenorizado del casco histórico, “no entendimos el encargo como un proyecto que proporcionara, sin más, una solución técnica de recorridos e itinerarios. Debía y debe generar un enriquecimiento real focalizado en los vecinos residentes y en la mejora de la sociedad”, apuntaron en ese momento.

Ese conocimiento en profundidad de la ciudad era el punto de partida fundamental del proyecto, “finalmente plasmamos una propuesta global y compleja, atendiendo los aspectos que consideramos más importantes y que proporcionan un verdadero valor añadido a nuestra ciudad, más allá de la mera consecución de espacios accesibles”. Los profesionales contemplaban como otras de las bases fundamentales de su iniciativa la accesibilidad universal, un concepto centrado en que quienes tienen alguna dificultad de movimiento o discapacidad no vean interrumpida la realización de sus actividades porque un entorno determinado no le permite avanzar de forma autónoma.  

El grupo de arquitectos concluía su trabajo con la incorporación al estudio de cuatro ascensores estratégicamente ubicados, coincidiendo con zonas pobladas y con actividad relevante para que fueran, además, útiles a los vecinos. Su denominación Zóbel, Torner, Rueda y Saura. Tres de ellos podrían ejecutarse de forma inmediata por estar incluidos en el planeamiento urbanístico de la ciudad.  La puesta en marcha del Ascensor Zóbel, que uniría la Hoz del Huécar con la Plaza de Ronda, y el de Torner, que comunicaría la Puerta de Valencia con la calle Matadero Viejo, supondría una inversión que no llegaría a los 6 millones de euros, frente a los más de 11 millones, por el momento y subiendo, que costarían a las arcas públicas los 9 tramos de escaleras mecánicas de subida y otros tantos de bajada que contemplan en la actualidad la Junta y el Ayuntamiento conquense. Hay que añadir que a la puesta en marcha de los ascensores acompañan rehabilitaciones del entorno, como el de la muralla y acondicionamiento paisajístico que otorgaría, que duda cabe, un valor añadido a todo este proyecto, la visión global y, sí, la ansiada accesibilidad imposible de conseguir, por el momento, con otro tipo de remontes.

Cuenca no es Toledo, ni La Coruña, ni siquiera Teruel. La ciudad presenta una singularidad y unas características en el Casco Antiguo y entorno únicas. Importar ideas y soluciones de otros lugares es complicado y dejarse impresionar por los resultados ajenos, buenos o malos, un absoluto riesgo. ¿No es más coherente confiar en quienes conocen, han estudiado la ciudad y proponen unos ascensores que pretenden mucho más que conectar la parte baja con la alta de la ciudad? Sentido común y una frase rotunda del arquitecto Ramón de la Cal, “a problemas verticales, como el de nuestro farallón rocoso, soluciones verticales”. Queda suficientemente claro.

Texto: AGA

Foto: Las características del Casco Antiguo de Cuenca no apuntan a las escaleras mecánicas como la mejor solución en cuanto a accesibilidad

 

 
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