La Opinión de Cuenca

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Estorbando, que es gerundio

Opinión


Cada uno tiene sus manías, sus filias y sus fobias. Yo confieso que tengo varias, pero hoy toca hablar de una: no soporto los gerundios; desde pequeñita, les he tenido manía y busco cualquier recurso para no usarlos. Aborrezco los gerundios y sólo los acepto emparejados con los gerundivos, que en latín ambos se traducen como infinitivos, lo que me parece una cosa más que aceptable, plausible.

Se le atribuye al Nobel Cela una chusca respuesta a la amonestación del presidente del Senado, Antonio Fontán, durante uno de los debates de la Constitución. Se cuenta que cuando reprochó a Cela diciéndole “está usted dormido”, el escritor replicó: “No, señor, no estoy dormido; estoy durmiendo”; y ante la pregunta del catedrático, sobre si no era lo mismo, Cela replicó que o es igual estar dormido que estar durmiendo, como tampoco es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”. Tengo que confesar que después de repasar y repasar los Diarios de Sesiones, no he conseguido dar fe de la anécdota, que posiblemente sea más una leyenda autoalimentada por el propio Nobel que una pieza más de los debates parlamentarios. Al fin y al cabo, esa misma respuesta, más cortés como corresponde al protagonista, atribuyen las crónicas parlamentarias a Ríos Rosas, jurista exquisito, inmortalizado en el callejero de la capital de España, que realizó la comparación entre estar bebido y estar bebiendo.

Dejando aparte curiosidades parlamentarias, pocas cosas hay que me molesten más que el gerundio, y una de ellas es la desfachatez, la desvergüenza chulesca del ignorante maestro Ciruela, que no sabía leer y plagio tesis o puso escuela, tanto me da. Reconozco que Sánchez me irrita sin poder evitarlo, será cosa de química, y cada vez que le veo en la televisión con esa pose arrogante del que desprecia la sabiduría ajena para encubrir la ignorancia propia, se me agría el carácter y se me nubla el humor.

El presidente del gobierno no ha usado el gerundio para decir a Feijóo que le estorba. Lo hace en infinitivo y por triplicado, para enfatizar. Pero se le pone cara de gerundio cuando lo dice. Y entre encuestas y efectos que se le cuelan a la Vice en la foto y augurios de votos tan evanescentes como el gas argelino, no nos extraña que a Sánchez le vaya estorbando Feijoó y mucho, así, en gerundio.

Le fastidia Feijóo porque es el típico señor al que le compras un coche usado con un simple apretón de manos, porque inspira confianza, mientras que a Sánchez no le das ni la hora, por si te quedas sin reloj. Así que tenemos a Feijóo estorbando, que es gerundio, a las aspiraciones del presi a renovar el colchón de la Moncloa, que desde el principio manifestó una extraña prioridad para quien dice gobernar para los ciudadanos y sólo muestra interés declarado por su confort personal. ¡Ay esos subconscientes!

A los mediocres siempre les anda estorbando, que es gerundio, el que triunfa. El Real Madrid, tan cansino él, venga a ganar Copas de Europa, que hasta le cambian el nombre a la competición para que parezca que se reinicia el contador y ni con esas. Igual de cansino que Nadal, que empata con el Madrid a títulos, catorce, de Roland Garrós, que ojo lo que estorba a los franceses, empezando por su gerundia ministra de deportes. Puñetera envidia, que se dice. 

Y Feijóo enfila desde el minuto 1 su camino victorioso: sus cuatro mayorías absolutas en Galicia, su paso adelante triunfante para regir los destinos del Partido Popular, primero, para poder gobernar España, después, anticipo imparable que supone un grave estorbo para los perdedores a diestra y siniestra.

Así que, por una vez y sin que sirva de precedente, voy a hacer una triple petición, al Madrid, a Nadal y a Feijóo: por favor, por favor, continúen estorbando, que es gerundio. 
Y a Sánchez, que vaya explicando por qué le han estado espiando, si alguien le está chantajeando, cuál es el precio que está pagando y si va a seguir gobernando a golpe de ocurrencia y cortina de humo. Porque mientras se sigan encareciendo nuestros recibos y disminuyendo nuestros salarios a golpe de inflación, nuestra exigua estima hacia su persona irá menguando hasta que le acabemos mandando a su casita, elecciones mediando.  Y sí, con Sánchez uso gerundios: se lo lleva mereciendo cuatro años.

Texto: Silvia Valmaña Ochaita (Profesora Titular de Derecho Penal. Universidad de Castilla-La Mancha)

Sección: De frente y por derecho

 


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