La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El Carcaj de Cupido

Opinión


¡Ay, pequeña criatura (diabólica) con alas! Normal que su iconografía lo represente con una venda en los ojos ya que se dedica a lanzar flechas a diestro y siniestro sin seguir un esquema. ¿Quién no se ha enamorado nunca? Ya ni me refiero al amor entre dos personas, más bien a ese sentimiento de apego, de quedarse prendado por algo, ese algo que nos ha tocado de manera visceral y llevamos dentro.

Cada cual elige de qué (¿se puede elegir?). La casa del pueblo de la infancia, la playa idílica con el anaranjado cielo del atardecer, el coche deportivo de tus sueños… No hace mucho tiempo leía una noticia donde una chica le había propuesto matrimonio a su avión. Avión, sí...¡¡avión!! Efectivamente, oigan, para mí también es bizarro pero estamos hablando de sentimientos y quiénes somos para juzgar a los de otra persona? Es por ello que entre interrogantes he dejado la duda de si es posible elegir de qué o quién, cómo y dónde nos enamoramos. Soy de los que piensan que el amor es un invento y estamos adoctrinados en su paradigma y estructura. Y ninguno tenemos axiomas fidedignos para definir el término. No obstante, si nos fiamos del instinto y en un cúmulo de otros adjetivos podemos intentar acercarnos de soslayo   lo que significa esa palabra.

Recuerdos vivos en la memoria, momentos del pasado, circunstancias efímeras pero intensas… Muchas veces no nos damos cuenta de que los sentimientos eran tan fieros y potentes hasta que el tiempo corre. Para aquellos que somos hipersensibles las alegrías se llevan a flor de piel y somos incansables en el propio disfrute de la emoción cuando sentimos ese petardazo en nuestros adentros. Pero las gallinas que entran por las que salen; cuando nos vemos en números rojos y ese amor se desvanece… el volcán entra en erupción y nos quemamos pero bien.

Hablamos entonces de un amor no correspondido entre dos personas. No correspondido o ilegítimo, dos personas en diferentes raíles de la vía del tren. Mientras uno se sube al vagón el otro se queda en el andén. Y son esos detalles, y el cómo afrontarlos, los que nos hacen vivir en una montaña rusa de emociones en las que Cupido nos va inyectando sus vacunas en diferentes situaciones. A veces, el pinchazo no duele. Otras, sufrimos una sobredosis de la que, dependiendo de su desenlace, no nos recuperamos.

Como les dije antes, para mi no es la palabra amor. Creo más bien en la supeditación de otros adjetivos que entre sí pueden definir el término. No por completo, obviamente, pero sí darle forma. Es por ello que analizaré a mi manera frases de la canción Ellas (Nach, Ismael Serrano) porque pienso que la retrospectiva que hace de cada una de las etapas es magnífica y todos nos podemos sentir representados en algún momento de nuestra vida.

“A mi primer amor lo conocí al nacer, luz era su nombre”. Les escribí un artículo acerca del ser o el no ser evocando a nuestra personalidad. Hoy les diré: el ser físico comienza cuando un útero nos escupe y alguien nos recoge en brazos. Esa primera mirada, aunque no somos aún conscientes de lo que viene de ahí en adelante, será nuestro primer gran amor. El de una madre.

“Creí enmudecer cuando ilusión tocó mi corazón de adolescente, me enamoré perdidamente”. Nos vamos convirtiendo en pequeños hombrecitos. Las matemáticas y la lengua, los juegos del patio en el recreo, nuestros primeros amigos y ese: ¡a fulanitooo le gusta fulanitaaa! y haces lo imposible para no reconocer que te han pillado pero… ¡los que se pelean se desean!.

“Perdida en la ciudad vi a indiferencia andando distraída. Demasiado fría, algo me decía… desconfía”. Y te llevas tu primer castañazo por ser demasiado imberbe. Pero eso que sentiste hacia la benjamina de tu clase atrae y nuestro instinto innato nos hace continuar en la senda para fijarnos en esa persona que nos parece el/la más guapa del colegio. No sabes de qué narices va la clase de hoy ni de qué habla el profesor porque estás en una vigilia perenne con la esperanza de que haya un intercambio de miradas con la miss/míster de tu promoción. Pero no, ella no sabe ni cómo te llamas y ni si quiera sabe que existes. ¿A quién se llevaría a una isla desierta? Desde luego... a ti no.

“Melancolía me quería con locura, cada noche aparecía en mi cama medio desnuda”. Vamos creciendo, ya no somos tan niños y te acabas (o acaban) emparejando con alguien. Hay complicidad pero ambos, como tantas veces ha ocurrido les pasa eso de… más vale pájaro en mano que ciento volando. No era tu primera opción en el conejo de la suerte pero, ¡eh!, al menos no estás sólo.

“Pronto conocí a pasión, fue como un flechazo”. Amores y desamores, tiempo al tiempo. El castillo de naipes se cae y toca volver a remar. Y lo que suele pasar es que en los siguientes conatos de enamoramiento (efímeros todos) creemos que en cada uno de ellos las mariposas (vamos a dejarlo en crisálidas) revolotean dentro de nosotros. Ilusión seguida de tortazo. ¿Cómo lo desea usted, poco, medio o muy hecho?

“Conocí a constancia al poco tiempo, su autoestima y disciplina me dijeron no abandones, tendrás un sitio en la cima con los mejores”. Las manos amigas que siempre están ahí. La supuesta lealtad que hace que intentemos seguir un rumbo. ¿Cuál? Ni idea, pero uno. Con preguntas y la mayoría sin respuesta nos olvidamos de esas funciones esotéricas del amor e intentamos tirar el dado de nuestra propia felicidad. Encontramos complicidad y estabilidad con alguien, la típica pareja estable y su titulitis de… “sí, mengano, el novio de mengana”. A todo lo que hacemos le ponemos fecha por ser nuestra primera vez juntos y casi habría que también añadir la fecha pero de caducidad, meternos agarraditos de la mano en el ataúd, sellarlo y lanzarlo al mar. Porque comienza un contrato de larga (o semilarga) duración en el que las expectativas de cada uno disienten de las del otro. Bienvenido tedio, welcome monotonía.

“Pero sufrí mal de amores cuando envidia me miró al pasar, otra vampiresa que besa y que te hace sangrar”. Elegante, bella, sensual y un sinfín de adjetivos que la visten. ¡Esta vez sí, es imposible que exista nadie más perfecto! Solo que en el pecado (no original) lleva escrita su penitencia. Así que se te pone el caramelo sabor tutti frutti delante y vuelves a querer probar los límites de todo junto a esa nueva damisela que ofrece un brebaje sublime y utópico. Pero descubres que la pócima no estaba preparada en exclusiva para ti. Tarde. Le habías cedido tus instintos, donaste tu personalidad, dejaste a su merced todo lo que eras para otorgarle el título de “lo mío es tuyo”. Exacto, y te acaba robando hasta los calzones. Creyendo que tu pedestal estaba cada vez más alto la realidad era que seguías siendo un caballo en el establo dando coces.

“Fue por eso que lloré junto a nostalgia cada tarde”. Los fotogramas del recuerdo llenos de fantasía y una repentina capacidad espacial sobrehumana se vuelven un nuevo talento paranormal que no conocías. No ayudan en absoluto y estás más para ingresar en un centro psiquiátrico que para pisar la calle. Todo había sido un juego, muy divertido, pero la partida llegó a su fin. Game Over. Ganó ella y no tienes opción a introducir una nueva moneda en la máquina. El emperador se ha quedado sin emperatriz víctima de un caciquismo ilustrado.

“Un día soledad llamó a mi puerta y me paralizó”. Deja vu. Por esta casilla ya he pasado. Bien, reorganización. Seremos nuestro consciente y subconsciente y haremos esa desintoxicación de mente y cuerpo tal que un libro de auto-ayuda. ¿Quién soy? ¿Qué quiero ser? La eterna fábula de la pescadilla que se muerde la cola.

“Hasta que encontré a esperanza esperándome en la calle. Me dijo Libertad te espera, ella siempre te será fiel”. Hemos crecido y madurado. Hay un horizonte delante. Somos el YO. Ni ella, ni él, ni nosotros. MI, ME, CONMIGO. Con lo que hemos visto y vivido, los buenos amores que hemos tenido, los tratos poco cívicos que también hemos sufrido, las penas, las alegrías… podemos aprender que nunca estaremos solos. Ha habido gente que nos ha amado, cada uno a su manera y con sus circunstancias incluso poco evidentes y muy irracionales. Hay gente que todavía hoy nos quiere y existen también personas que nos querrán situar a su lado en el futuro. Lo que no tiene discusión es que la historia se repite una, otra y otra vez. Hoy arriba, mañana abajo y viceversa. Tan sólo cambian los detalles, que pueden ser más o menos atractivos. Y lo que es aún más cierto, es que los protagonistas siempre seremos nosotros por lo que a quien tenemos que lanzar el dardo del querer y acertar de pleno en la diana es a nuestro propio esqueleto, con sus órganos y vísceras rodeados de carne y piel. Que tengan suerte con su tirada y espero y les deseo que acierten en el epicentro de sus entrañas, justo entre las dos aurículas y los dos ventrículos.

“Como viejas amantes regresan del olvido, has dormido ya en sus brazos pero todo es nuevo. Siempre es tarde cuando ya se han ido. El hecho de vivir deja secuelas… ELLAS”.

Texto: Fabián Beltrán

Sección: VIsión periférica

 
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