La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

3, 2, 1... "¡¡LA BOUM!!"

Opinión


¡Silencio, se rueda! Bienvenidos a 1980, año en el que el director francés Claude Pinoteau estrenaba su película 'La Boum'. Su sinopsis, muy sencilla; Vic, una chica adolescente vive un momento de frustración por culpa de sus padres, los cuales no le permiten acudir a la gran fiesta de moda (‘La Boum’) y de la que todo el mundo habla. ¿Qué encontraremos en la película? Rebeldía adolescente, disputas con sus padres y el amor platónico incondicional con el que tendría su cita perfecta en dicho evento al cual sus amigos sí asistirán.

¡Silencio, se rueda! Bienvenidos a 2021, año en el que el director universal Covid-19 continúa una temporada más su serie 'Caos y destrucción'. Su sinopsis, muy sencilla; sin nombres y apellidos, los adolescentes viven un momento de frustración por culpa de las medidas contra el covid, las cuales no les permiten acudir a ninguna fiesta, ya sea de moda o no, de las que algunas redes sociales hablan y lanzan convocatorias. ¿Qué encontraremos en la serie? Rebeldía adolescente, disputas con la policía y el ansia de ver a sus amigos... y a sus 'amigos VIP'.

Dos párrafos idénticos. 40 años de diferencia pero el nombre de 'La Boum' (el apodo que le han puesto a esas quedadas multitudinarias en Bélgica) parece el apropiado. Será por eso que los gobernantes belgas están llamando al orden para que no se celebre 'La Boum 3.0'. Sí, sí... la 2.0 y la Boum en su versión Beta ya han tenido su momento de gloria. Y eso en un país de 11 millones y medio de habitantes. ¡Qué les voy a contar a ustedes si en España hay que multiplicar esa cifra por cuatro! Porque estas situaciones ocurren en todos los lugares. Miren, entiendo esa actitud de los asistentes. Los comprendo al 99,9%. Podríamos ser cualquiera de nosotros uno más entre esa multitud. Y eso da igual que sea en una ciudad de España, de  Ecuador o de Nueva Zelanda.

Recuerdo que mientras leía y veía imágenes en los medios de comunicación acerca de estos acontecimientos me hervía la sangre por dentro y mis dientes rechinaban. Quizá no tener a mis amigos cerca y que no tuviera forma de reunir a mi nutrida cuadrilla fue el hecho al que doy gracias y que me permitió aislarme de estos actos. De otro modo... ¿quién sabe? Lo mismo aparezco en la portada de un medio soltando algún piropo a un siervo de la ley o bien soy el primero en patear calle abajo para no tener que firmar ningún 'autógrafo' y su correspondiente 'propina'.

Porque creo que esto afecta a la movilidad de todos. Sin embargo, los adolescentes y jóvenes son quizás las personas que más sufren el bloqueo. Aunque vamos insertando nuevas actividades, hemos pasado por épocas en las que nuestro mayor movimiento era el de coger el mando de la televisión y hacer zapping, o pasar minutos, horas, y días pegados a una pantalla de ordenador. Vale, algún valiente se atrevía a hacer ejercicio en casa o salían al rellano y subían y bajaban escaleras como locos. Pero eso no entra dentro de mi concepto de hacer actividades. No se podía y punto.

No obstante, seamos realistas. Los jóvenes, incluyendo en ello sus cambios hormonales, están acumulando  niveles de testosterona y estrógenos que flirtean con la estratosfera. Ni salir de fiesta, ni reunirse en parques y plazas, ni salir a cenar, ni ir a casa de un amigo ni mucho menos, a casa de la querida o querido. Estar hablando de esto en un artículo de opinión es tan absurdo como la situación que vivimos. Pero la transición hacia la libertad o "nueva normalidad" (como quieran ustedes llamarla) pasa por empezar a comprender estas situaciones como si fuéramos medio tontos. Todos tenemos nuestra vida social, nos gusta salir y hacer diferentes planes, pero hay que ser realista, ellos están pasando por esa edad obligatoria de relacionarse interpersonalmente con todo quisqui, de viajar, de conocer y no olvidemos, de equivocarse. Yo yerro muchas veces, pero intento sacar partido y que sirva de aprendizaje. Pues si alguno de estos chavales se contagia del virus en una Boum y se lo traslada a los familiares con los que cohabita... algo me dice que a la segunda, tercera y siguientes quedadas no va a asistir.

No podemos ser jueces y parte del pensamiento de los demás. Podemos ser observadores y consejeros pero a nadie podemos prohibirle que se equivoque. Y mucho menos meter en el mismo saco a todos, como si una fiesta de cientos o millares de chavales represente a la totalidad de los adolescentes de cualquier territorio. Todos estamos cansados, hartos de no poder hacer vida normal y pasan días y días y más días sin poder ver a nuestros colegas. Es normal que esas ganas de hacer vida social aparezcan a través de algunos poros.

Hemos de dar gracias en parte, porque masivamente la opinión que me encuentro de muchos adolescentes y coetáneos no es la de irse de botellón, si no la decepción por no poder ir a ver una película al cine, porque no poder ir al teatro, a un concierto, a una exposición... o el simple malestar que es tener que interactuar con sus compañeros de clase, de academia, de universidad, de máster o de cualquier formación que estén cursando a través de una pantalla. Que si su afición es ir a bailar, no pueden porque no se permite el contacto físico ya que no se dan las medidas de seguridad necesarias. Que no puedes celebrar la boda de tus sueños con la persona de la que te has enamorado en el colegio, que obtienes por fin la mayoría de edad y no puedes ir a esa discoteca de la que tanto has oído hablar, ni tomar una cerveza legalmente gracias a tus 18 recién estrenados. Y que si estabas conociendo a alguien que te gusta antes de la pandemia pues... Pues que para qué hablar de las relaciones privadas entre dos personas que no pueden verse ni tener intimidad.

Y repito por enésima vez, todos estamos fastidiados por no poder realizar las actividades que queremos. Pero mayoritariamente recibe las críticas ese porcentaje de la población, como si fuesen unos vándalos e inconscientes. Y yo les digo que el mayor porcentaje de la juventud busca cultura, formación, un futuro digno y que si existen casos como estos de rebeldía es porque lo único que pretenden es ser libres. Es vivir.

Quiero dejarles un fragmento de la canción 'Bécquer' (Kase.O, Ara Malikian) por todos esos casos que por falta de opinión personal u orgullo, hacen siempre lo que el rebaño pide siguiendo ese camino inexorable, y no se atreven a enfrentarse a las consecuencias de salirse por la tangente: "Memorias de un niñato depresivo y blandengue / relatan la dictadura de una mente estresada. / Mi mente salvaje, no supe educarla. / Paz para los que llenan su vida de causas".

Texto: Fabián Beltrán

Sección: Visión Periférica

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