La Opinión de Cuenca

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Fascinación por el oro blanco conquense

Patrimonio


La sal siempre tuvo un gran valor a lo largo de la historia y ya era utilizada por sus propiedades preservadoras durante el reinado de los faraones. En la época romana se empleaba este producto no sólo para pagar el salario a los soldados romanos sino también para otro tipo de transacciones comerciales. La provincia de Cuenca fue un enclave importante desde hace siglos en la obtención de sal y prueba de ello es que se explotaban numerosas salinas. En estos fascinantes espacios se deja evaporar el agua salada, se recoge la sal que queda y luego posteriormente se vende. Se distinguen dos tipos de salinas: las salinas costeras, situadas en las costas para utilizar el agua de mar, y las salinas de interior, que utilizan agua de manantiales, ríos o lagunas saladas. En el S.XIX hubo una veintena de instalaciones, pero la gran mayoría cayeron en el olvido aunque algunos ayuntamientos no descartan su acondicionamiento como recurso turístico.

Una de las salinas más importantes se encuentra en Belinchón, sin embargo con el paso de los años se abandonó poco a poco la elaboración de sal por evaporación. En la actualidad están en manos de una empresa que basa su actividad industrial en la obtención, comercialización y transporte de salmuera natural así como en la obtención de sulfato sódico de alta pureza, ambos productos extraídos de los manantiales existentes. Estas instalaciones ya eran utilizadas durante la época de los romanos y hacia 1146, el rey Alfonso VII dona al Arzobispo de Toledo, la mitad de las mismas. Aparecen mencionadas en el siglo XIV por El Arcipreste de Hita, en su Libro del Buen Amor e incluso en esa época estaba entre las principales salinas del reino junto a las de las localidades de Tragacete y Monteagudo. 

Las minas de sal romanas de Salinas del Manzano fueron una de las más destacadas de la provincia de Cuenca ya que Quinto Fulvio Flaco ya hablaba de la importancia de las mismas en el 181 a. de C. Los primeros datos en una fuente histórica son una mención del 9 de abril de 1187 cuando el rey Alfonso VIII de Castilla concede los diezmos de las salinas a la comunidad de canónigos de la iglesia de Santa María de Cuenca. La Asociación Hispania Nostra las incluyó el año pasado en la Lista Roja de Patrimonio por su deterioro y consideran que al tratarse de un patrimonio histórico e industrial “sería plenamente adaptable para su uso como recurso turístico y etnográfico”. Según consta en el informe que redactaron, el complejo salinero, que ocupa un pequeño valle, cuenta con “un pozo de captación, un estanque de decantación y dos conjuntos de balsas de evaporación con un total de 86, equivalente a una superficie de 5000 metros cuadrados”.

Monteagudo de las Salinas tuvo también un papel importante en la historia de la sal tal y como se refleja en varios documentos que otorgan cantidades fijas por parte de la Corona al Obispado conquense por la renta de las salinas, en 1220. Más tarde en el siglo XIX, contaban aproximadamente con una producción de 7.000 fanegas de sal mientras que en el siglo XX la producción alcanzaba la cantidad de 200.000 kilogramos de sal anuales.  En otras localidades conquenses hubo complejos salineros como en Valdemeca, Arcos de la Sierra, Las Majadas, Valsalobre, Beteta, Villalgordo del Cabriel y Enguídanos. Asimismo, los historiadores también se refieren a los de Minglanilla, Víllora, Cañete, Valdemoro de la Sierra, Fuente del Manzano, Boniches, Salvacañete, Moya, Santa Cruz de Moya o Landete. 

Texto: Antonio Gómez

Fotografía: Las minas de sal romanas de Salinas del Manzano fueron una de las más importantes de la provincia de Cuenca. (Hispania Nostra)


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