La Opinión de Cuenca

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Fertilización sostenible de los cultivos

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Para el crecimiento de las plantas se necesitan tres nutrientes básicos: el carbono, el hidrógeno y el oxígeno. El primero lo consiguen a partir del dióxido de carbono presente en la atmosfera, y el hidrógeno y el oxígeno lo obtienen del agua, en todos los casos mediante procesos de reducción y con la energía necesaria obtenida de la radiación solar a través del proceso de fotosíntesis. Además de estos nutrientes básicos se necesitan otros nutrientes. El químico alemán Justus von Liebig demostró, en 1840, que las plantas necesitaban nitrógeno, potasio y fósforo, enunciando la ley del mínimo de Liebig que establece que el crecimiento de una planta está limitado por la deficiencia, en principio, de alguno de estos nutrientes. Concretamente estos tres nutrientes tienen que estar balanceados en el suelo para una correcta nutrición de los cultivos.

Todos los agricultores conocen los requerimientos de los cultivos. En primer lugar, unas condiciones climatológicas adecuadas: temperatura y pluviometría. Una vez dadas dichas condiciones, aunque no siempre se cubran las necesidades hídricas, sobre todo en los cultivos de secano, los agricultores saben que también es necesario abonar. En los cultivos cerealistas de nuestra zona se realizan dos abonados: el abonado de sementera que aplica los tres macronutrientes nitrógeno, potasio y fósforo, que Liebig estableció como básicos, y el abonado de cobertera que se aplica antes del encañado y que fundamentalmente aporta nitrógeno en forma nítrica y amoniacal.

El abonado es fundamental para obtener una buena cosecha, la cuestión es cuándo aplicamos, cómo aplicamos y qué cantidad aplicamos. El cuándo ya lo hemos visto, en sementera y cobertera. El cómo, normalmente se realiza mediante fertilización inorgánica aunque también se podría realizar con fertilización orgánica, fundamentalmente con estiércoles y purines. Y en cuanto a cuánto aplicamos, es la cuestión  que es  más difícil de responder.

El correcto abonado es una práctica agrícola difícil de realizar, si nos quedamos cortos la planta sufrirá un déficit de nutrientes y su desarrollo se verá mermado, si nos pasamos en la dosis podemos crear, en primer lugar, un problema medioambiental fundamentalmente por contaminación de amoniaco a la atmósfera y de nitratos a las aguas subterráneas, en segundo lugar se está afectando negativamente la economía del agricultor (sobre todo este año que, debido al precio del gas y a los efectos de la guerra de  Ucrania, los precios de los fertilizantes se han más que duplicado) y en tercer lugar no vamos a tener un incremento significativo de nuestra cosecha. Por lo tanto, lo ideal será aplicar una dosis de abonado justa y para ello es necesario realizar un balance de nutrientes y especialmente el balance de nitrógeno para lo cual tenemos que tener en cuenta todos los aportes y las extracciones. Las extracciones se pueden calcular fácilmente a partir de la producción esperada. Para el cálculo de los aportes es necesario conocer el estado nutricional del suelo, pues este actúa como una despensa de nutrientes y por lo tanto tenemos que saber cómo está nuestra despensa y para ello debemos realizar un análisis de suelo. Si el cultivo fuera de regadío tendríamos que tener en cuenta los aportes de nitrógeno con el agua de riego, por lo tanto necesitamos también un análisis del agua. Existen otros aportes y extracciones menores que también deberían ser tenidos en cuenta. Finalmente la diferencia entre las extracciones del cultivo  y los aportes, fundamentalmente del suelo más agua, nos daría la dosis correcta de fertilizante que tenemos que aplicar. Con esta dosis de fertilizante, obtenida mediante el balance de nutrientes, tendríamos satisfechas las necesidades del cultivo, no generaríamos problemas de contaminación ambiental del aire y agua, y no afectaríamos negativamente a nuestro bolsillo.

La Directiva de Nitratos, los Códigos de Buenas Prácticas Agrícolas y sobre todo los Planes de Actuación de las Zonas Vulnerables,  que afectan a municipios de la provincia de Cuenca situados en las zonas vulnerables declaradas en 2020 (Mancha Occidental, Mancha Oriental, Lillo- Quintanar y Sierra de Altomira), plantean unos requisitos de obligado cumplimiento sobre el tipo de fertilizante a añadir, época del año y dosis según cultivos. 

El Real Decreto 47/2022, de 18 de enero, sobre protección de las aguas contra la contaminación difusa producida por los nitratos procedentes de fuentes agrarias incorpora nuevas medidas sobre los planes de actuación.

Finalmente,  el Real Decreto, de próxima publicación en el BOE, sobre Nutrición Sostenible de suelos agrícolas obligará registrar las operaciones de aporte de nutrientes y materia orgánica al suelo agrario, así como los aportados por el agua de riego, en un cuaderno de explotación y en particular  a realizar un plan de abonado para explotaciones de más de 30 ha en 2026 y de 10 ha en 2028, determinando las necesidades de nitrógeno, fósforo y potasio para cada cultivo mediante un balance. 

No son fáciles de entender todas estas normativas por parte de los agricultores, pero con ellas y con las administraciones  tendrán que lidiar, en los próximos años, para tratar de evitar la contaminación por nitratos de nuestras aguas subterráneas y las emisiones de gases efecto invernadero  y de  amoniaco a la atmósfera. Estos balances de nutrientes en este momento no son obligatorios, pero lo serán en el futuro y estarán ligados al cobro de las ayudas de la PAC.  El objetivo final es  conseguir una agricultura sostenible que sea capaz de combinar productividad y conservación del medio ambiente.

Texto: Augusto Arce (Profesor ETSIAAB- UPM)

 
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