La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

In memoriam (III)

Sociedad


Investigador, estudioso y defensor incansable de nuestra Semana Santa, Paco Alarcón nos deja hoy una breve, pero completísima, reseña histórica del único paso procesional anterior a la Guerra Civil, que desfila en Cuenca, El Cristo de Marfil. La barbarie de una guerra en contraposición al sentido común de aquellos, que, independientemente de sus ideologías políticas o creencias religiosas, sabían dotar a nuestro patrimonio de su verdadero valor artístico, histórico y cultural. Personas como Don Juan Jiménez Aguilar, a la que tanto admiraba Paco Alarcón, pasarán a la historia de nuestra ciudad, sin duda alguna, como uno de los mayores defensores de su patrimonio. Cuando uno ama el patrimonio, y lo ama como propio, lo defiende; y esto es lo que, sencillamente, hizo Don Juan Jiménez Aguilar.

Texto: Ana Martínez

Sobre la imagen del Cristo de Marfil

El 12 de mayo de 1715, dieciséis licenciados en teología, y en la Iglesia de Santo Domingo de Silos, fundan la Vble. Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía

Quince años más tarde, el 8 de abril de 1730, Don Juan Cerdán de Landa, cofrade de la hermandad, Secretario Real con nombramiento en 1700 por Felipe V, Regidor en Cuenca en 1707, a la sazón Comisario del Corregidor desde 1717, y Alguacil del Santo Tribunal de la Inquisición, hace donación a la hermandad de una imagen de incalculable valor, la del “Cristo de Marfil", para recibir culto como titular de la Cofradía.

Esta talla, de reducidas dimensiones, data de la primera mitad del siglo XVII, de autor desconocido, si bien, parece tener su origen en los talleres hispano-filipinos de entonces, siendo en la actualidad la de más antigüedad de aquellas que desfilan en la Semana Santa de Cuenca, ya que fue la única que se salvaría del expolio de la Contienda Civil en 1936.

Representa la imagen de Cristo en el momento de su expiración, con el cuerpo curvado adaptándose al material en que fue tallado, por la tendencia del colmillo de marfil.

En recuerdo de esta donación, la Hermandad tomó el acuerdo de sufragar una misa anual en el altar del Santísimo Cristo de la Agonía por el eterno descanso de tan piadoso donante.

Cuando finalizó la Contienda Civil de 1936, no existía noticia alguna de la suerte que había podido correr la valiosa imagen. Incluso casi se habían perdido las esperanzas de encontrarla, cuando el 15 de marzo de 1941, "El Cristillo" fue hallado, junto a otras obras de arte, escondido para evitar así su destrucción.

Entonces surgió la pregunta sobre quién fue el que consiguió salvarla del expolio con el resto de las imágenes de la Semana Santa y otros objetos de arte religioso.

Las indagaciones, pronto llegaron a una sorprendente conclusión. Se trataba de Don Juan Jiménez Aguilar, un hombre cuya identidad no interesaba hacer pública, ocultando su nombre a la opinión conquense hasta muchos años después, puesto que se trataba de un conocido conquense, que había sido influyente republicano.

 Polígrafo en Arte, Historia y Arqueología, había desempeñado el cargo de director del Instituto Alfonso VIII.

Entre sus títulos figuraba el de cronista de la ciudad de Cuenca y licenciado en Ciencias Naturales.

Había presidido en su día la Junta Republicana de Recuperación Artística.

No estaba bien considerado por la Jerarquía Eclesiástica por su militancia en la Masonería y por haberse declarado agnóstico en cuanto a creencias religiosas.

Por sus connotaciones políticas, había sido condenado a muerte, si bien esta sentencia nunca llegaría a cumplirse, siéndole conmutada con la pena del destierro, situación en la que moriría.

Esta es a grandes rasgos la figura de un hombre, a quien, por sus intervenciones directas o indirectas, se le debe la salvación del retablo de la Iglesia de la localidad conquense del Peral y de la Colegiata de Villanueva de la Jara. En cuanto a la Catedral de Cuenca, declarada Monumento Nacional, que estaba en el punto de mira de las hordas vandálicas, Don Juan Jiménez Aguilar tuvo una influencia decisoria, parándolas con firmeza negándose a la intervención de las mismas y preservando al tiempo con ello el Tesoro Catedralicio.

En definitiva, a este hombre al que le temblaban la voz y las manos, no le tembló la voluntad de salvar de la destrucción la Imagen del "Cristo de Marfil" la más valiosa y antigua joya de la Semana Santa de Cuenca.

Esta versión de cierta posibilidad, pero sin poderse documentar según aclaración de José Miguel Carretero Escribano, miembro de la hermandad e investigador de la Semana Santa, está avalada totalmente por la familia de don Juanito Aguilar, como se le conocía popularmente.

Ahora bien, este mismo autor da la posibilidad de que también sea cierta la versión que por otro lado daba Antonio Pérez Valero, achacando la salvación de la imagen a la actuación  de un hombre llamado Bonifacio Saiz Moreno, basada en el testimonio oral de su hija  Dolores Saiz Algarra, señalándolo como la persona que la escondió durante el tiempo que duro la Contienda, (rescatándola en un descuido de la Iglesia del Salvador y llevándola a su propia casa  que estaba contigua a la parroquia) describiendo al tiempo, que se encontró con un brazo roto y con la falta de dedos en una mano.

Todo hace suponer que es posible que ambas personas fueran, la primera por su influencia la que en un principio salvase la valiosa imagen de la destrucción y la segunda la que, por su intervención directa al esconderla, consiguieran que no corriesen el mismo destino que el resto de las imágenes de entonces.

Además, en el documento que extiende la Cofradía anuncia que desfilaría ese año sobre unas andas costeadas por el Ayuntamiento.

Esta imagen fue restaurada por Federico Coallaut-Valera

Paco Alarcón, “Hermano Mayor” de la Semana Santa de Cuenca.

 
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