La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

In Memoriam (I)

Sociedad


El próximo miércoles 2 de marzo es Miércoles de Ceniza. Con esta celebración comienza la cuaresma para los cristianos, o lo que es lo mismo, la cuenta atrás para la celebración de la Semana Santa, la semana más grande para una gran parte de los conquenses, para todos aquellos que formamos la gran comunidad nazarena de Cuenca. Es por eso, que desde La Opinión de Cuenca, nos queremos hacer presentes entre todos ellos, y queremos, junto a todos ellos también, prepararnos en estas semanas, hasta el tan deseado Domingo de Ramos. Este año, más deseado que nunca debido al parón motivado en los dos anteriores años por la pandemia. Las previsiones parecen favorables, pero no hay que olvidar que el virus sigue presente, y sólo desde la responsabilidad individual y colectiva, podremos volver a ver procesionar a nuestras Hermandades.

Y queremos hacernos presentes entre la comunidad nazarena, recordando precisamente a todos aquellos Hermanos Nazarenos que nos han dejado durante este duro período de epidemia. Nombrarlos a todos sería complicado e injusto; injusto porque seguro que alguno se nos quedaba en el tintero. Por eso, vamos a aunar a todos ellos en la persona de un nazareno de Cuenca que nos dejaba al inicio de esta pesadilla, el 24 de marzo de 2020. Me estoy refiriendo a PACO ALARCÓN, “Hermano Mayor” de la Semana Santa de Cuenca. Paco amaba la Semana Santa como Nazareno Conquense y como Hermano de El Amarrado y de La Exaltación. Investigó, estudió y escribió sobre ella con humildad, pero con absoluta devoción, rigor y respeto. Y precisamente son estos escritos suyos, que gracias a la generosidad de su familia y la suya propia, ya que siempre los ofreció para todo aquel a quien les pudiera interesar y ser de utilidad, los que de aquí a nuestra Semana más grande nos van a acompañar.

IN MEMORIAM, y de la mano siempre tendida a los demás de Paco Alarcón, rinde así homenaje a todos los que nos han dejado, y que procesionan en lo más alto del firmamento, y en esa íntima, pero grandiosa procesión, esa que recorre nuestras venas como si de las callejas de nuestra Cuenca se tratara… esa cuyo templo de salida y de recogida es el más noble de los templos humanos… NUESTRO CORAZÓN. Porque uno sólo muere cuando se le olvida, y olvidarles a ellos no es posible.

Texto: Ana Martínez

Foto: Raúl Contreras

 

INTRODUCCIONES

Cuando el primer plenilunio de la recién entrada primavera está a punto de hacerse realidad e inundar de luna blanca a la vieja ciudad castellana, marco incomparable para la representación icnográfica de la Pasión y Muerte de Cristo.

En su aire comienzan a notarse una mezcolanza de olores donde pueden adivinarse algunos como la canela y el aguardiente, imprescindibles y presentes en cocinas donde se prepara el brebaje seductor que algunos llaman, en traducción poética de su inseguro nombre de origen, “Rocío de sol” memorando el Amanecer Santo de Cuenca.

Se airean túnicas y capuces nazarenos, despertándolos del largo sueño de todo un año. Se relimpian los posibles restos de cera quedados en las tulipas que con esmerado cuidado se guardaron para volverlas a montar sobre el palo oscuro una vez salvadas un año más, de forma milagrosa del último desfile.

Leche y perdigones mezclados chocan con las paredes del viejo clarín para depurarlos, dicen, del oxido que los salivazos hayan podido producir, para intentar conseguir los estridentes clarinazos de dormidas, a las que muy pocos llegan a interpretar como antaño enseñaron los mayores.

Nuevos parches se tensan para los roncos y velados tambores, que deberán anunciar el más atroz del camino de la amargura conquense del sagrado reo.

Limpieza de andas y enseres, para que luzcan con su mayor esplendor cuando las imágenes destinadas tomen, un año más, sitio en ellas para volver a ser contemplados en la más bella representación del orbe de la Pasión y muerte del Rey de Reyes.

Las notas de las marchas procesionales confundiéndose con las del hiriente miserere, se filtran por balcones y ventanas, queriéndose adelantar a lo que pronto llegará.

Ensayos de ritmos de tambores y toques de cornetas para proclamar, que la Pasión de Cuenca está a punto de comenzar.

El cartel anunciador puede contemplarse en escaparates y doseles.

El antiguo templo de San Miguel ya se está preparando para ser tribuna, un año más, donde el afortunado y designado pregonero anuncie que el mayor Misterio de Cuenca se va a repetir de nuevo.

Los medios de comunicación escritos se afanan por poner pronto en la calle sus números extraordinarios, mientras que las emisoras locales comienzan su cita anual con los espacios especiales dedicados a lo que, irremisiblemente, va a acaecer en la ciudad.

Se adivina flotando en el ambiente de la ciudad los preparativos de lo que muy pronto ha de suceder.

Exposiciones, conferencias, conciertos, actos litúrgicos y culturales, se suceden uno tras otros en incontables actividades nazarenas.

Las Cofradías preparan con esmero lo que dentro de unas fechas van a protagonizar. 
Por las ventanas y balcones se escapan olores y sonidos, mientras que de ellos cuelgan hábitos y enseres penitenciales sacados de los baúles y armarios en donde han dormido durante casi todo un año.

La metamorfosis de Cuenca en cada primavera ha comenzado, y un año más está aconteciendo mientras en el aire comienza a respirarse su Pasión. 

Texto: Paco Alarcón. “Hermano Mayor” de la Semana Santa de Cuenca.

 
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