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Incendios, el desamparo del fuego

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El fuego, desgraciadamente, es un habitual de las historias más dramáticas del verano. Cada año nuestro país lamenta, a parte de otros, el que se podría denominar el gran incendio de la época estival y que, en 2021 y de momento, se queda en la provincia de Ávila. Varios han sido, en lo que va de verano, los municipios conquenses en los que se han tenido que combatir las llamas en mayor o menor medida.  Albaladejo, Cardenete, Salinas, Castillo de Garcimuñoz, Fuentelespino de Haro, Gascueña, Villaverde y Pasaconsol, Enguídanos, Jábaga, Santa Cruz de Moya, Salvacañete, Cañada del Hoyo, la capital Cuenca y la localidad de Víllora han formado parte de un problema difícil de controlar, que, en numerosos casos debe su origen a un cúmulo de fatales circunstancias, pero que, en todo caso, cuenta con la prevención como su mejor aliado. Unos montes limpios y cuidados y caminos despejados por los que poder acceder y atajar las llamas cuando se producen son dos elementos clave en los que las administraciones deberían de centrarse en la época propicia para ello, principalmente el invierno, y que, en nuestro territorio, inmensamente rico en patrimonio natural, se demuestra que es imprescindible.

Pocos podemos imaginar, si no lo hemos experimentado en primera línea, lo que supone la declaración de un incendio a pocos metros nuestro municipio, de la casa en la que vivimos. José Ramón Ubiedo, alcalde de Víllora, recibía, a media tarde del domingo, 25 de julio una fatídica llamada, se había declarado un incendio a poco menos de un kilómetro del pueblo. La comarca en la que se sitúa este municipio es una de las más bellas y generosas, medioambientalmente hablando, de la provincia de Cuenca. El primer edil rememora esos instantes. Recuerda salir corriendo de su casa, montarse en el todoterreno con extintores y pala y acudir raudo y veloz al lugar donde se originaba el fuego, “consciente de que los primeros momentos son fundamentales para evitar daños mayores”. A pesar de la rapidez, paralela a las llamadas de alerta para pedir efectivos profesionales en la zona, nada se pudo hacer por sofocar las llamas. En pocos minutos, el fuego había saltado a la carretera. El viento y los árboles actuaron como aliados del fuego que se propagó con especial virulencia por la zona. A pesar de que los efectivos y medios ya comenzaban a llegar, el alcalde, gran conocedor del terreno y acompañado de su cuñado, siguió ayudando en lo que pudo, “con una caterpillar llegamos a abrir hasta 8 kilómetros de camino”. Mientras tanto, en la mente de José Ramón, el recuerdo nefasto de catástrofes como la de finales del pasado siglo, en la que se llegaron a quemar 20.000 hectáreas en el mismo lugar…

La que iba a ser, a priori, una apacible tarde veraniega de domingo finalizaba a la 1’30 horas de la madrugada del lunes, cuando con los medios y efectivos de la lucha contra incendios combatiendo a pleno rendimiento el fuego, “nos retiramos quienes habíamos estado activos desde el primer momento a descansar, pero nos fue imposible dormir”. Una hora y media más tarde, José Ramón ya volvía al puesto de mando, situado en el centro del pueblo, “muchos vecinos estaban despiertos, observando el fuego y tomando fotografías de lo que estaba ocurriendo”. Mientras se viven estos momentos la solidaridad y el apoyo de amigos, compañeros y conocidos “se agradece muchísimo”. Especialmente, el alcalde destaca el ofrecimiento de su homólogo en Cardenete, “que ya lo había dispuesto todo en su municipio por su teníamos que evacuar Víllora”.

Pero a las 5’00 horas de esa madrugada, el patrón Santiago y la abuela Santa Ana empezaron a obrar el milagro. Alguien advertía de que en Cuenca se había desatado una fuerte tormenta, si viniera hacia esta zona nos ayudaría bastante. José Ramón Ubiedo recuerda esas palabras como la mayor de las esperanzas de esa madrugada. Y se cumplieron los deseos de quienes allí combatían el fuego. Las nubes descargaron la providencial agua que sofocaba y controlaba el incendio, “si no llega a ser por la tormenta, estaríamos hablando de mucho más de 500 hectáreas quemadas”, apunta el alcalde, “las llamas hubieran pasado a los términos de Villar del Humo, Henarejos, Narboneta o Enguídanos”. Afortunadamente y a pesar de los daños, se pudo evitar una catástrofe mayor. “Nos queda ese consuelo y el inmenso agradecimiento a todos los profesionales que combatieron el incendio”, señala el alcalde.

El día después

 ¿Y ahora qué? Cuando el incendio se da por extinguido, el primer y fundamental paso es la evaluación de los daños y el siguiente la limpieza de la zona. Es especialmente importante que la diligencia de las administraciones en este sentido sea rápida, para que la recuperación ecológica comience cuanto antes. Un caso relevante en nuestra provincia, ejemplo de deficiente gestión, en este caso por parte de la Junta de Comunidades, es el incendio que solaba casi 3.000 hectáreas de los municipios de Barchín del Hoyo, Gabaldón, Piqueras y Valverdejo. Dos años después del siniestro, la Asociación de Propietarios Afectados sigue reclamando un plan de recuperación de toda la zona. La pandemia y Filomena ya no sirven como excusa para que la Junta no haya cortado del lugar la madera y para que no contemple un plan de reforestación. Los afectados denuncian la falta de diálogo con el Ejecutivo regional y el estado deplorable de abandono de la zona, con caminos intransitables. Todo ello afecta también, de manera negativa, a los lugares cercanos que no fueron pasto de las llamas. 

¿Podemos evitar incendios?

Nuestro colaborador Juan Carlos Álvarez nos relata algunas claves sobre la extrema importancia que adquieren determinadas actuaciones para combatir a priori el fuego. Independientemente de los esfuerzos máximos de la sociedad frente a los incendios forestales, hoy tenemos unas razones mucho más imperativas para ello si tomamos en cuenta las políticas mundiales sobre cambio climático y los informes del panel de expertos IPCC. Nos explica Juan Carlos Álvarez que los montes fijan casi el 40% de las emisiones de Co2. Si analizamos los escenarios que el IPCC plantea sobre las emisiones y la carga de Co2 actual en la atmósfera, más las emisiones producidas, sería lógico atender primeramente a aquellas situaciones o sistemas que retiran ese Co2 de la atmosfera y que fijan el mismo en su estructura vegetal; así como a la protección contra su destrucción para evitar, por un lado perder esa capacidad de fijación y retirada del gas del medio aéreo, y por otra parte para evitar emisiones que se producirían en un incendio.

Para Álvarez la sociedad internacional en general actúa muy poco o nada. Se da prioridad absoluta al cambio del vehículo de combustión interna por el vehículo eléctrico. Hay y habrá en el futuro ingentes cantidades económicas para este tipo de ideas, pero ni una sola para los bosques.

Incide en un asunto fundamental, aplicable, por ejemplo, al anteriormente mencionado incendio de Barchín del Hoyo, los propietarios forestales carecen prácticamente de ayudas públicas cuando el estado recauda enormes cantidades en concepto de emisiones de Co2; ya sea por recibo eléctrico, de combustible, etc… un enriquecimiento estatal injusto a costa de los ellos.

Esta actuación de los poderes públicos inexplicable hace reflexionar con los verdaderos objetivos que se esconden tras estas políticas equivocadas. El transporte de manera global emite entre un 12 y un 18% de Co2, frente a los bosques que fijan el 40 de todo lo emitido. Una comparativa inexplicable y que nos obliga a pensar que los objetivos no son los que dicen ser. Ni tan siquiera en uno de los incendios forestales se ha aludido a que su desarrollo provoca calentamiento global y es fuente de ingentes emisiones. Muy al contrario, se dice que la culpa del incendio fue del cambio climático. Un punto de vista, sin duda a tener en cuenta, máxime cuando los incendios mundiales de un año equivalen a las emisiones de toda la Unión Europea en el mismo periodo. Sin embargo, los expertos han decidido que no contabilicen estas emisiones por lo que no ocupan la cúspide de los planes para mitigar el cambio climático, detalle curioso, por cierto.

Juan Carlos Álvarez nos detalla algunas medidas, políticas necesarias y que cada vez más evidencian que deben ponerse en práctica. Las carreteras que atraviesan montes arbolados, de matorral o de pastos, carecen de cortafuegos adecuados, un 20% de los incendios se producen en ellas como el de Ávila. El hombre del medio rural no recoge leñas y combustibles para sus usos energéticos; los montes albergan en el suelo una biomasa que antes era aprovechada. Esa biomasa es clave en la propagación de los incendios. La ley de Cambio Climático se plasma en anteproyecto sin hablar lo más mínimo de los bosques y de su incidencia en las emisiones, sector estratégico en la política de CC en la UE, pero en España no. La biomasa y algún detalle sobre los bosques se ha incluido en la tramitación parlamentaria de manera residual y nunca el primero en el capítulo de energía alternativa.

La ganadería, clave

Para Juan Carlos Álvarez, el ganado es el principal medio, a distancia, de los mecánicos o humanos para prevenir incendios forestales, la ganadería está en claro retroceso por lo que los pastos quedan en las fincas y alimentan incendios extensos que acaban en superficies arboladas. También esta actividad va a la par de la despoblación rural: falta de ayudas, carencia de precios competitivos, canon ecológico no reconocido de su carne. Tampoco ayuda, relacionado con esta cuestión el fomento al odio a la ganadería; a comer carne. La faena la remata, a juicio de Juan Carlos, la protección del lobo como especie, que hace retroceder con más fuerza la implantación del nuevo ganadero y el odio a la fiesta taurina que propicia el abandono del ganadero de su cría que trae por ende el de las fincas.

Los recursos

El gasto en recursos para la defensa contra los incendios es brutal. Hemos pasado a medios costosísimos aéreos que superan con creces cualquier previsión pasada, por lo que los recursos para la limpieza de los montes se van en prevención directa. Matamos moscas con cañonazos cuando no hay peligro de incendio, pero somos una aguja en un pajar en un día caluroso y de viento. Y sigue relatando, Los servicios de extinción en grandes incendios son variados de procedencia y desconocidos entre ellos. Cada cual tiene sus mandos específicos que a su vez vienen de procedencias diferentes y se unen en el mismo siniestro. Juan Carlos Álvarez propone que el servicio de incendios forestales debiera ser de dirección única y especializada. Mandos al frente de sus efectivos jerarquizados. En los primeros momentos de un gran incendio el caos es la nota dominante. Aboga por la Unidad Militar de Emergencias, la UME está infrautilizada siendo el mejor operativo que tiene España. UME, Comunidades Autónomas y Estado, todos los medios bajo mando único de protección civil sería una de las claves. Concluye de una manera muy gráfica, el incendio es una guerra. No conozco ningún ejercito del mundo que no se entrene de manera conjunta y que cada batallón tenga siempre los mismos mandos.

Texto: AGA / Juan Carlos Álvarez

Foto: Imagen del incendio incendio del pasado mes de julio en la localidad de Víllora


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