La Opinión de Cuenca

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Inflación

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Llevamos bastantes meses que la inflación es muy elevada. Ya antes del comienzo de la guerra los precios de determinadas materias primas comenzaron a subir. En concreto el acero, muchos materiales de construcción, componentes electrónicos necesarios en diferentes tipos de industrias como la del automóvil, pero también los productos energéticos fundamentales y por supuesto el transporte que ha llegado casi a triplicarse. De hecho se empezó a hablar de las consecuencias de la parálisis que en el mundo entero se produjo por culpa de la Pandemia del COVID-19.

Después vino la guerra de Ucrania y con ella las primeras consecuencias fueron los nuevos incrementos de los precios de los combustibles como el gas y el resto de derivados del petróleo que en concreto  Europa tanto depende de la producción rusa.

Los transportes, que con la globalización tanto facilitaron durante años el movimiento de mercancías entre los diferentes continentes, también se encarecieron nuevamente un poco más hasta niveles no conocidos.

Todo ello comenzó a ser de forma progresiva cada vez más preocupante por los niveles que los precios de los productos han ido alcanzando. 

Pues hoy  la inflación que continua alta a pesar de haberse moderado un poco, cada boletín de noticias en las emisoras de radio, o cada telediario que comienza, lo hacen con la tremenda subida de precios que suelen achacar claramente a los precios de la cesta de la compra, esto es a los productos de alimentación: frutas,  verduras,  carnes y pescados junto con todo lo que comemos cada día.

Es completamente injusto que se haga responsable del “desaguisado” de precios al sector primario que permite la alimentación de más de ocho mil millones de habitantes a día de hoy.

Es cierto que los cereales subieron por culpa de la guerra y el bloqueo del grano desde aquel país siempre considerado como el granero de Europa, pero además de forma indirecta por el precio del transporte influido a su vez por los combustibles, y por tantas otras causas.

Lo cierto es que la noticia que en estos días predomina es la elevada inflación por culpa de los alimentos, y en particular de la cesta de la compra con indicación concreta a los productos frescos como las frutas y verduras.

Lógicamente los precios por ejemplo del campo ahora están experimentando la subida ocasionada por todo lo mencionado anteriormente, pues sus insumos como los abonos, los carburantes, la electricidad, fitosanitarios, la seguridad social que el gobierno lejos de ayudar, cada día la sube más como los intereses de los bancos con cada vez más comisiones.

En fin, que lo raro es que no suban más aún a pesar que en origen muchos productos el agricultor sigue cobrándolos igual o en algunos casos más baratos. Es el caso de la uva para vino, o los ajos que después de haber tenido una peor campaña los precios también han sido inferiores.

El aceite de oliva dicen que se ha disparado cuando cuesta el litro alrededor de 7 €, pero no tienen en cuenta al hacer los porcentajes de subida, que  partían de un precio por los suelos con el que el agricultor no podía vivir, y además acentuado por la actual cosecha nacional inferior a la mitad de una campaña normal, por poner un ejemplo. Como también subió el precio del aceite de girasol pues se importaba en gran cantidad de Ucrania.

Los alimentos tienen que subir, pues lo que es una realidad es que cada día hay menos agricultores, y ello es porque la actividad además de dura es poco rentable y no miramos las subidas de otros productos y servicios que suponen menos sacrificio y sobre todo menor incertidumbre en sus procesos de fabricación o ejecución. La obtención de una lechuga, un pimiento, una cabeza de ajos o una cebolla supone una gran inversión en semilla, abonos, preparación de la tierra, riego, y mano de obra (cada vez más escasa y cara). Todo sabiendo que el cultivo es al aire libre y sometido a las inclemencias del tiempo; que ahora hiela, después graniza o viene una pertinaz sequía que deja la cosecha en la mitad.

Es completamente injusto que los titulares de prensa continúen hablando de los alimentos, y en particular de las frutas y verduras como los responsables de la elevada inflación. Si estos suben es por los incrementos imparables de todos los insumos que precisan. Y que, si difícil y caro puede ser hacer “un tornillo” o “el componente de un coche” dentro de una fábrica, imagínense hacer alimentos muy naturales, sanos y sabrosos que en la sociedad exigimos. Estos últimos a la intemperie y con cada vez más exigencias y limitaciones por los que nos gobiernan en este momento.

Creo que se están equivocando, y si quieren probar lo ventajoso y sano que es ser agricultor, por ejemplo los estadísticos que analizan tantos datos desde el despacho, vengan y con la salida del sol y hasta que se pone, lleven a cabo las tareas agrícolas que en ocasiones tildan de vida buena y bonificada.

Si queremos alimentos seguros en la mesa y que éstos tengan garantía sanitaria ello cuesta dinero. Y los trabajadores agrícolas (incluidos los autónomos) no cobran la hora a más de 10 € incluida la seguridad social, luego en buena lógica pocos son los que quieren continuar en el sector. Por ello no hay relevo generacional, y la mayoría de quienes siguen en las explotaciones agrarias son personas con más de 65 años.

Luego como suele decirse “a otro perro con ese hueso”. Los que encarecen la vida no están en el campo. Y cuidado también con la comparación de los precios en el campo y los que llegan al consumidor, pues está claro que por ejemplo en algunos productos llegan a tener mermas de más del 50 %. Con el consiguiente manipulado, envasado, transporte y conservación (pues la mayoría son muy perecederos), el precio puede subir mucho y sin dejar de estar en manos del propio agricultor aunque sea a través de sus cooperativas que hacen estas últimas tareas.

Como también hay que valorar lo que se hace desde los gobiernos precisamente para bajar la inflación, que es importar de países terceros donde no se pregunta por la mano de obra, ni por los tratamientos fitosanitarios utilizados, o si las prácticas agrícolas de esos lugares son respetuosas o no con el planeta. Pues estas cumbres gubernamentales con países vecinos como la de la semana pasada entre España y Marruecos seguro que implicará la llegada a España de tomates, naranjas, aceite, etc. Y repito que sin muchos controles en frontera como consecuencia de esos llamados acuerdos preferenciales de vecindad o amistad.

Además se miente continuamente por nuestras autoridades gubernamentales. El gobierno que nos rige iba a castigar fundamentalmente a los grandes para beneficiar a los pequeños; en particular a la Banca y las Energéticas las iban a “meter en vereda”. Pues creo que nunca la banca ha tenido tantos beneficios. Vinieron las comisiones ya que los intereses eran bajos, pero han comenzado a subir de forma insoportable los tipos de nuevo y las comisiones ya se han quedado. Hasta en las entidades llamadas cooperativas de crédito que las cobran indistintamente a los socios y a los no socios. O te encuentras que publicitan (les encanta a nuestros políticos) que han firmado un acuerdo una Consejería con una Entidad Financiera de éstas para ayudar al sector agrario (productor o transformador) para que pueda desarrollarse o casi mantenerse, y te diriges a la entidad en cuestión y no tienen ni idea de dicho producto. Pero la imagen es la imagen y como quienes lo escuchan igual ni son del sector agrario pues ya les sale rentable. Y las energéticas no habrán ganado tanto en muchos años y precisamente a costa de los costes por las nubes de la energía que también repercute como los financieros en el precio de los productos del sector primario.

Lo más gracioso también es que cada día echan a más trabajadores a la calle estas grandes empresas (Banca y Energéticas), pues con la digitalización y tanta modernidad les hacemos el trabajo nosotros, siendo más barato que nos atienda una máquina. Y los pocos trabajadores que dejan están peor pagados que nunca.

Luego si todo esto pasa gobernando la izquierda que venía a asaltar el cielo, cuando llegue la derecha mala (para ellos) nos tocará la cartilla de racionamiento. 

¡Largos se nos van a hacer los meses que quedan para terminar el año!

Texto: Miguel Antonio Olivares

Sección: Guardián del Labriego

 
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