La Opinión de Cuenca

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La Defensa debe estar al margen de intereses partidistas y bien dotada presupuestariamente

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Decir que la política de Defensa en España debe estar al margen de intereses partidistas puede parecer una obviedad, sobre todo si tenemos en cuenta que el ministerio de Defensa tiene la consideración de ministerio de “Estado”: Lo que pasa es que cuando se mira la composición del actual Gobierno y la extracción ideológica del resto de sus apoyos parlamentarios, puede parecer conveniente remachar la afirmación que sirve de título a este artículo. 

La guerra desatada en Ucrania por las ambiciones anexionistas del autócrata ruso Putin ha puesto de manifiesto lo inconsistente que puede resultar un Gobierno tan heterogéneo a la hora de tomar decisiones estratégicas para España y han evidenciado una serie de bandazos que perjudican nuestra imagen en el exterior. Así, mientras que los principales países de Europa decidieron colaborar activamente con el Gobierno ucraniano, España quiso mantener una posición de cierta ambigüedad. Países como Alemania, Francia, Reino Unido, Portugal y después Italia, están suministrando armas a Ucrania. España en cambio, por esos equilibrios internos en su Gobierno, se mantenía en la idea de no suministrarlas directamente, pero sí ayuda humanitaria y defensiva a través del Fondo Europeo de Apoyo para la paz en Ucrania, puesto en marcha por la Unión Europea. De hecho el pasado domingo se enviaron 20 toneladas de material en dos aviones del Ejército del aire que contenían productos sanitarios y medicamentos, vehículos, equipos de protección personal, mantas o tiendas.

En cuanto a las armas Sánchez siguió esgrimiendo su posición de no enviar material ofensivo, y así lo defendió la ministra portavoz del Gobierno hasta el día 1 de marzo. El Gobierno se apresuró a desmentir que esta decisión tuviera relación con una posible, otra más, tensión interna entre el sector PSOE y el sector PODEMOS del Gobierno. Lo significativo es que, con otro de los volantazos a los que Sánchez acostumbra, en menos de 24 horas -el día 2 de marzo-, anunció en el Congreso de los Diputados que España sí enviaría a la resistencia ucraniana material militar ofensivo, es decir, armas. Está claro que España no podía desistir de la obligación moral que supone ayudar a un país que está siendo injustamente atacado por otro que ha conseguido nuevamente sacar a pasear por Europa el espectro de la guerra. En este caso el presidente Sánchez tiene de su lado al principal partido de la oposición y sobre todo tiene de su lado a los españoles, que asistimos atónitos a la guerra en directo con toda su carga de injusticia, destrucción y muerte. 

Por otro lado, la guerra a escasas tres horas de avión de nuestras apacibles vidas abre otro debate de fondo. El debate sobre la importancia de disponer de unas Fuerzas Armadas dotadas con los recursos suficientes para hacer frente a las amenazas y peligros que nos acechan y también en última instancia para garantizar nuestra libertad y nuestra seguridad. Quizá ahora no se vea tan descabellado el acuerdo adoptado en la cumbre de Gales de 2014 para que los países de la OTAN incrementen sus presupuestos de Defensa para modernizar sus capacidades e ir situándose en línea con el 2% del PIB reclamado por EEUU como criterio de convergencia del esfuerzo presupuestario. Cabe reseñar que en ese momento España era de los países que menos presupuesto dedicaban a la Defensa situándose al mismo nivel que Islandia, Hungría, Eslovaquia o Lituania. Ocho años después poco ha cambiado. España destina alrededor del 1% del PIB, que sigue siendo uno de los porcentajes más bajos de Europa. Para el ejercicio 2022 la cifra destinada a Defensa en los presupuestos del Estado asciende a 10.155 millones de euros, frente a los cerca de 50.000 millones de Francia (cinco veces más que España) o los casi 30.000 millones de Italia. Alemania ha anunciado la creación de un fondo de 100.000 millones de euros para la modernización de sus Fuerzas Armadas e incrementar el presupuesto anual en defensa hasta el 2% de su PIB. En España esos 10.155 millones suponen un incremento del 7,89% respecto a 2021 pero como hemos dicho lejos todavía del listón del 2% del PIB recomendado. Para que la situación se revierta hace falta voluntad política, y para conformar esa voluntad hace falta una ciudadanía informada y consciente de la importantísima labor de nuestras Fuerzas Armadas y de sus necesidades para garantizar nuestro sistema de vida en el marco de la Constitución. Un Ejército con medios adecuados y suficientes es un elemento disuasorio de primer orden frente a las veleidades bélicas de algunos vecinos y por tanto el mejor aliado de la paz. 

Texto: Miguel Ángel Rodríguez. (Diputado en las Cortes de CLM. Fue miembro de la comisión de Defensa del Senado)

 
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