La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Las Comunidades. “La noche de San Lucas”. Cuenca, 18 de octubre de 1520 (III)

Historia


Prueba de los tiempos revueltos de aquel 1520, es la carta en donde el teniente de corregidor se queja del trato injusto, según él, a que lo someten los inquisidores:

Unos criados del contador de la Inquisición quisieron acuchillar a un vecino de esta ciudad porque se había quejado de un hurto que habían hecho y, por información que de ello se hubo, yo los mandé prender. Y uno de ellos, queriéndole prender el alguacil, echó mano de la espada y tirole una o dos cuchilladas. Y porque a D. Antonio de Córdoba le habían acuchillado dos o tres alguaciles, y a los dos por la correa (en el vientre); y había pocos días que habían muerto otro. Porque no se atreviesen a hacer otro tanto a los alguaciles de Rodrigo de Cárdenas, yo le hice traer a la vergüenza y le hice enclavar la mano en el rollo. De esto se alteraron tanto los inquisidores como si hubiera hecho el mayor exceso del mundo contra el Oficio y llamáronme y me hicieron poner una acusación, diciendo que habiendo jurado guardar los privilegios del Santo Oficio, los había quebrantado; y de aquí dijeron lo que les pareció. Yo pedí traslado y término y, sin dármelo, mandáronme jurar. Y después de haber dicho muchas veces que no eran mis jueces, que no era obligado, y de haber apelado de ellos, yo haré con protestación que no fuese visto prorrogarles ni atribuirles jurisdicción alguna más de la que el dicho les diese; y que fuese todo ninguno así como hecho ante jueces en competencia. Y preguntáronme si era verdad que había sacado de guardarles sus privilegios y de sus familiares. Respondí que sí y que así los había guardado. Preguntáronme si había condenado a aquel letrado del concejo y respondí que nunca, ni se había dado queja de un hombre que se decía Fernando de Angulo por ciertos delitos que había cometido contra un vecino de esta ciudad y contra la justicia y alguacil, y que lo oí. Y precediendo proceso ordinario y con conocimiento de causa le había condenado en ciertas penas, en mis sentencias contenidas, a la cual me remitía; y que contra mí nunca había allegado familiaridad ni privilegio ni (---) alguna. Mandáronme tener la posada mía por cárcel so pena de excomunión mayor y de cincuenta mil maravedís. Dije que no eran mis jueces y que yo no había cometido delito ni caso(?) por que me pudiesen mandar detener, y que yo era juez y tenía necesidad de entender en mi oficio, y que no lo podía ejercer estando detenido. Y que les pedía y requería no me impidiesen mi oficio, que protestaba de quejarme de ellos. Sus altezas, además de salvo del derecho de nulidad, apelaba de ellos para ante los señores del consejo de la General Inquisición, y apelé en forma. Dijeron que se pronunciaban por jueces y que me denegaban la apelación y me mandaban lo mandado so las penas que me tenían puestas. Y que las pecuniarias, desde entonces, me condenaban en haciendo lo contrario. Dije que apelaba, como apelado tenía, porque me pareció injusta y porque, cuando justa fuese, quiero más pagar los dineros de la pena que sufrirla. Es menester que se provean estas cosas. Que el señor corregidor envía a suplicar a esos señores: una, que manden su provisión general para los inquisidores, que así sobre lo pasado como sobre otra cualquier cosa que en defensa de la jurisdicción real se apelare de ellos en tiempo y en forma, otorguen la apelación aunque sea de interlocutoria, pues de derecho canónico sí puede apelar, y denegada es caso; otra, que si los familiares de los inquisidores y clérigos cometieren delitos, los castiguemos y que por ello no procedan contra nosotros.

 Léase esta otra carta del consistorio conquense, dirigida al regente, escrita seis meses después:

Sacra majestad

Cuyos pies y manos besamos: El Consistorio, justicia y regidores, caballeros y escuderos de la ciudad de Cuenca ,por la gracia que le plugo de nos hacer así, en certificarnos la venida de vuestra muy católica majestad a estos sus reinos para esta primavera, como en tenerse por servido esta vez, estando como estamos en toda paz y sosiego y en obediencia de su justicia y haber cumplido todo lo nos ha sido mandado por sus visorreyes y gobernadores; y si vuestra cesárea majestad es ya informada de la lealtad que esta ciudad siempre ha tenido y tiene, y cómo fue la primera ciudad que dio la obediencia a los dichos gobernadores. Y que al prior de San Juan, por su mandado y por su capitán general en toda esta partida de aquí ende los puertos fuimos los primeros que le enviamos gente, y dineros y artillería para el sosiego y paz de toda esta provincia, como creemos lo habrá hecho saber a V.M. Y cómo sabiendo que de ello vuestra alteza era servido por tres veces, salió gente de esta ciudad para restituir en su estado al marqués de Moya y las dos veces salió con banderas, por donde ha sido restituido en su marquesado y lo posee. Será cosa justa que vuestra sacra majestad nos haga en general y en particular las mercedes porque hemos suplicado mediante don Diego de Acuña, arcediano de Moya, de su Consejo. Y ahí humildemente suplicamos a vuestra muy católica majestad nos haga las dichas mercedes, porque viendo otras ciudades que nuestra lealtad es remunerada, se animarán y trabajarán de hacer lo que nosotros hemos hecho, guardando la lealtad de estar siempre en servicio y obediencia, y paz y sosiego. Nuestro señor la sacra y cesárea majestad de vuestra alteza, con acrecentamiento de muchos más reinos y señoríos, guarde y prospere. Del Consistorio de esta su ciudad de Cuenca, a cinco días del mes de abril de 1521 años.

Obsérvese por ésta cómo un particular le pedía al rey una prebenda tras ponerse la ciudad de parte del monarca:

Luis Carrillo, mi señor, escribe a vuestra merced suplicando le pida al rey nuestro señor para mí unos oficios de escribanía, que por fallecimiento de Álvaro de Gumiel, escribano y vecino de esta ciudad, han vacado en el reino de Granada, en unos lugares que se llaman Motril y Salobreña, la una y la otra en Almuñécar. Suplico a vuestra merced que, aunque mis servicios no lo merezcan, tenga memoria de ello, pues la voluntad que al servicio de vuestra merced tengo merece cualquiera merced que me haga. Que está ésta tan adelante para cuando vuestra merced en algo se quisiera servir de mí, que nadie pienso me hace ventaja de cuantos servidores tiene vuestra merced, cuya vida Nuestro Señor guarde y su magnífico estado acreciente como yo deseo.- Cuenca, a trece de abril.- Señor, las manos de vuestra merced besa su servidor.- Firmado, ilegible.

(Continuará...)

Foto: Apoyo de la ciudad de Burgos a Carlos I

 
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