La Opinión de Cuenca

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Las Comunidades. “La noche de San Lucas”. Cuenca, 18 de octubre de 1520 (I)

Actualidad


Se cumple este año 2021 el quinto centenario de la derrota de los comuneros en la batalla de Villalar el 23 de abril de 1521 y la decapitación al día siguiente de los tres líderes comuneros: Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado. 

También en Cuenca tuvo repercusión aquel movimiento contra Carlos I y es lo que vamos a desarrollar en los próximos capítulos.

Carlos I de España y V de Alemania había traído consigo a toda una corte borgoñona que ni conocía España, ni hablaba su lengua ni menos le importaban los españoles. Y si, además de ocupar los flamencos los puestos clave de la gobernación, conculcaban fueros y leyes, y el rey imponía a Alejandro de Utrech como regente, el levantamiento popular era algo que caería por su peso al resultar evidente el sacrificio de la hegemonía castellana en beneficio de una política imperial y dinástica. 

Los enfrentamientos se producen siempre cuando se forman dos bandos antagónicos. En aquella ocasión, uno de ellos apoyaba al nuevo rey Carlos I en tanto que el otro no admitía que extranjeros sin raíces ni apego a España ni a los españoles —más bien todo lo contrario— viniesen con sus manos limpias a ocupar los mejores puestos del Estado para medrar y dirigir la acción de gobierno.

Si bien en Cuenca no se tenga bien cierto el apoyo de la población a la Junta Comunera, pues ésta se movió en todo momento dentro de la ambigüedad y el confusionismo, no por ello dejaron de producirse tumultos y enfrentamientos, el principal de los cuales tuvo lugar en la madrugada del sábado 18 de octubre de 1520, en la denominada “Noche de San Lucas”. 

El lunes 19 de octubre de 1517, don Carlos, hijo de Juana la Loca y de Felipe el Hermoso desembarcaba en Asturias, concretamente en Villaviciosa. A continuación, la comitiva prosiguió viaje hasta Valladolid, en cuyo trayecto los castellanos no cesaron de homenajear al nuevo rey. Los habitantes de Castilla quisieron que la proclamación del monarca se llevase a cabo según la antigua tradición, jurando guardar y hacer guardar los fueros, siendo en ese momento reconocido por las cortes del reino. 

La convocatoria enviada al concejo de Cuenca por la reina Juana y su hijo Carlos I el 9 de diciembre de 1517, a tenor del documento titulado "Ordenando a Cuenca envíe Procuradores a Cortes." Archivo General de Simancas, Signatura PTR,LEG,7,DOC.235, dice lo siguiente:

Concejo, justicia, regidores, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la noble ciudad de Cuenca: Por una carta patente de la reina mi señora y mía que os enviamos, os mandamos que, para veinticuatro días del mes de enero del año de mil quinientos dieciocho, enviéis a cualquier lugar donde a la sazón estuvieren vuestros procuradores de Cortes, con vuestro poder bastante, para jurarme por rey y señor de estos nuestros reinos de Castilla, y de León, y de Granada, etcétera, y para platicar, hacer y otorgar otras cosas que Nos viéramos serán cumplideras al servicio de Dios Nuestro Señor y nuestro conveniente al bien de procomún de estos reinos, y porque para ello conviene que elijáis y nombréis personas honradas y de confianza. Por esta mi cédula os mando que luego, conforme a las leyes de estos nuestros reinos (y) a la costumbre antigua que acerca de esto se ha tenido y guardado en la dicha ciudad, elijáis por procuradores de Cortes de esa dicha ciudad personas honradas de confianza, cualesquiera que cumplan a nuestro servicio, como para el caso se requiere. Y no hagáis ende la fecha. En la villa de Valladolid, a nueve días del mes de septiembre, año de mil quinientos dieciocho.- Yo el rey.

Y el 5 de febrero de 1518, se producía dicho juramento, una de cuyas cláusulas fijaba No dar empleos ni oficios a los extranjeros. Pronto, sin embargo, los consejeros foráneos venidos de Europa le hicieron romper el juramento y, entre otras medidas, a Cuenca le fue retirado el derecho del mercado franco que le otorgase el rey Alfonso VIII más de tres siglos antes. Y no sólo Cuenca sufrió la decepción del perjurio, pues todas las ciudades, en mayor o menor medida, se sintieron agraviadas, y como consecuencia de ello prendió la llama de la rebelión.

En 8 de marzo de 1518 y en el capítulo de Cortes de Valladolid, al que acuden los procuradores de diferentes ciudades, entre ellas Cuenca, los comisionados de esta ciudad exponían lo siguiente, según el documento titulado "Capítulos de Cortes de Valladolid a petición de Ávila, Burgos, Cuenca, Granada, Huesca, Madrid, Soria, Toledo, Valladolid y Zamora." Archivo General de Simancas, Signatura PTR,LEG,69,DOC.55:

La ciudad de Cuenca suplica a V.A. que, porque la dicha audiencia no tiene casa de cárcel ni donde pose el corregidor, les mande hacer merced de una casa de las que están confrontadas por el Crimen de la Herejía, al fisco de V.A.

Otrosí suplica a V.A. que el obispado de dicha ciudad no lo den a persona extranjera de estos reinos de Castilla, porque la dicha ciudad ha cuarenta años que está perdida por el dicho obispado. Está en poder de genoveses y no se hace justicia de los clérigos; que la renta del dicho obispado toda se lleve a Roma.

Otrosí sabrá V.A. cómo el dicho obispo ha proveído de muchas dignidades y canonjías en la dicha iglesia a personas genovesas, extranjeros de estos reinos en los cuales están en contra de Roma. Suplican a V.A. mande que no se les acuda con la dicha renta hasta en tanto que vengan corregidos a la dicha iglesia, porque de lo contrario se sigue mucho daño porque se saca de la dicha ciudad muchos  cuentos (millones) de más.

El 6 de julio del mismo año, las fuerzas vivas conquenses se reunieron en la Catedral y acordaron Que se demandase de nuevo a los gobernantes la confirmación del privilegio de mercado franco y, si pasadas dos semanas no viniere el despacho con dicha confirmación, sin más dilación se pregonará y celebrará dicho mercado como en años anteriores.

Transcurrieron los catorce días de plazo sin que el cardenal regente Adriano de Utrech se hubiera dignado confirmar el privilegio solicitado y el pueblo exigió de forma tumultuaria el pregón de celebración del mercado. El teniente de corregidor, licenciado Montiel, se sentía impotente para sofocar la asonada. Mientras tanto, se procedió a jurar la Comunidad por parte de las autoridades afines, clérigos y caballeros de Cuenca; y acto seguido, hacia el 20 de julio, efectuaron dicho juramento los sexmeros de la tierra. Tras aquellos actos quedó proclamada la desobediencia civil así como la negativa a contribuir con impuesto alguno a la Real hacienda; se declaró el privilegio de mercado y la recogida de todas las varas de justicia a quienes habían sido nombrados por un gobierno que, según la opinión de los comuneros, era un impostor, acusando a la par a Carlos I de usurpar los derechos dinásticos de su madre la reina doña Juana. La insubordinación tomó carta de naturaleza una vez que las campanas de todas las iglesias de Cuenca comenzaron sus vehementes repiques.

A través de los siglos ha corrido por Cuenca una macabra leyenda —sólo eso, leyenda— cuyas consecuencias habrían determinado el pronto fin de la rebelión. Y era que  don Luis Carrillo y su esposa doña Inés de Barrientos, fingiéndose ambos partidarios de la Comunidad, cierta noche habrían invitado a una cena a los cabecillas de la misma, a quienes atiborraron de vino y, cuando se hallaban absolutamente ebrios, los decapitaron colgando a continuación las cabezas en los balcones de su casa.

Según documentos, lo anterior no deja de ser una fábula, pues don Luis Carrillo de Albornoz jamás fue falso comunero, sino un honrado y ardiente defensor de las leyes tradicionales del reino, digno de reconocimiento.

No se hallaba por aquellos días en Cuenca el corregidor de la ciudad y su tierra, don Rodrigo de Cárdenas, sino que permanecía en Huete donde residía de forma habitual, supliéndolo el teniente de corregidor licenciado Montiel, quien simultaneaba la tenencia de correduría con el cargo de juez. Éste, al enterarse del tumulto, en medio del repiqueteo de campanas, blandiendo espada salió a la calle, gritando: ¡Favor a la justicia! A su llamamiento acudió un número considerable de gente, entre la que se encontraban los regidores del concejo Cristóbal Baquero, Tristán de la Muela y Juan de Ortega, con armas, cascos, corazas y broqueles, acompañados de sus veinteañeros hijos. Ufanos, llegaron hasta las puertas de la iglesia de Santo Domingo, tomada por los comuneros más radicales y briosos. Y ante las primeras amenazas de éstos, el teniente de corregidor y sus belicosos —sólo en apariencia— acompañantes emprendieron una retirada afrentosa, abandonando la ciudad sin que pudiera sucederles lo que a la mujer de Lot, pues no volvieron la vista atrás. Montiel puso pies en polvorosa rumbo a Huete donde, junto al corregidor Rodrigo Cárdenas, pensaron una bárbara represión contra los amotinados.

El 21 de septiembre fueron nombrados los procuradores para la Junta Santa. Al mismo tiempo respondían a la petición efectuada por los comuneros de Ávila Que si la Junta necesitaba gente le sería enviada. Una semana después, el 28, el concejo nombraba a Luis Carrillo capitán de la ciudad, autorizándole a reclutar cincuenta caballos y doscientos peones, a razón de cinco ducados a aquéllos y tres a éstos.

Por un tiempo, todos, a excepción del huido licenciado Montiel, a quien lo sustituyó don Rodrigo Manrique por el también licenciado Luis Pérez de Palencia, habían podido vivir con tranquilidad en la ciudad; sin embargo, la real gobernación de Carlos I no podía permitir de manera indefinida una situación de asonada en Cuenca, en donde los comuneros, crecidos, tenían la osadía de exigir a los gobernantes el cumplimiento de las leyes escritas.

Aunque de manera formal ostentaban el regimiento de la ciudad los adeptos a la comunidad, el gobierno de don Carlos contaba con numerosos e importantes partidarios infiltrados, cuidándose éstos muy bien, desde luego, de que sus acciones y actitudes alevosas estuvieran presididas por las apariencias y el disimulo.

(Continuará...)

Imagen: Grabado obtenido de la página de internet https://conversacionsobrehistoria.info/2020/04/27/memoria-comunera/

 
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