La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Las Comunidades. “La noche de San Lucas”. Cuenca, 18 de octubre de 1520 (IV)

Historia


Carta del rey concediendo a Cuenca un mercado franco:

En la noble y muy leal ciudad de Cuenca, a trece días del mes de abril, año del nacimiento de Nro. Sr. Jesucristo de 1521, ante el señor licenciado Luis Pérez de Palencia, teniente de corregidor en la dicha ciudad de Cuenca y su tierra por el muy noble señor Rodrigo de Cárdenas, corregidor y justicia mayor de las ciudades de Cuenca y Huete y sus tierras por su cesárea y católicas majestades, y en presencia de mí el escribano público y de los testigos de yuso escritos, parecieron presentes Pedro de Salmerón, procurador síndico de la dicha ciudad de Cuenca y vecino de ella, y Miguel Martínez Cantero, vecino de la dicha ciudad, procurador de la Comunidad de ella, y presentaron una carta de merced de sus majestades escrita en papel y firmada del reverendísimo señor cardenal de Tortosa, gobernador de estos reinos y refrendada de Juan Ramírez, secretario de sus majestades, y en las espaldas sellada con el sello real de cera colorada y con ciertas firmas, y nombres  y señales, según que por ella parecía, que su tenor de la cual es éste que se sigue:

Don Carlos, por la gracia de Dios rey de romanos, emperador semper augusto. Doña Juana, su madre, y el mismo don Carlos por la misma gracia rey de Castilla, etcétera: Por hacer bien y merced a vos el concejo, justicia, regidores, caballeros y escuderos; oficiales y hombres buenos de la muy noble ciudad de Cuenca, y acatando los muchos, buenos y leales servicios que nos habéis hecho y hacéis de cada día, y esperamos que nos hagáis de aquí adelante, y en alguna enmienda y remuneración de ellos, y porque la dicha ciudad al presente está en nuestro servicio y obediencia, y porque a causa de ser estéril tiene falta de mantenimientos, y porque sea más poblada y ennoblecida y proveída de las cosas necesarias a su mantenimiento. Nuestra merced y voluntad es que ahora y de aquí adelante, cuanto nuestra merced y voluntad fuere, se haga en la dicha ciudad un mercado el día del jueves de cada semana para que todas las personas que a él vinieren sean francos de alcabala de todos los mantenimientos que a la dicha ciudad trajeren, y en ella se vendieren, y compraren y contrataren el dicho día jueves de cada semana, cuanto nuestra merced y voluntad fuere, como dicho es. Y por esta nuestra carta mandamos al infante don Fernando, nuestro muy caro y muy amado hijo y hermano, y a los infantes, duques perlados, condes, marqueses, ricos-hombres, priores, comendadores y subcomendadores, alcaides de los castillos y casas fuertes y llanas; y a los del nuestro consejo, presidentes, oidores de la nuestra casa y corte y chancillerías; alcaldes, alguaciles y merinos de ellas y todos los concejos, regidores, gobernadores,  alcaldes, alguaciles, regidores, caballeros y escuderos; oficiales y hombres buenos de todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros reinos y señoríos y otras cualesquier personas, nuestros súbditos, y naturales de cualquier estado, condición, preeminencia o dignidad que sean o ser puedan; y a los nuestros arrendadores, recaudadores mayores,  arrendadores menores y receptores de las rentas de las alcabalas de todas las ciudades, villas y lugares de estos dichos nuestros reinos y señoríos, y cada uno y cualquiera o cualesquiera de ellos que sobre ello fueren requeridos, que os guarden, cumplan y hagan guardar y cumplir esta dicha merced que os hacemos del dicho mercado franco de alcabala, el dicho día de jueves de cada semana, cuanta nuestra merced y voluntad  fuere. Y contra el tenor y forma de ella no os vayan ni pasen ni consientan ir ni pasar en tiempo alguno ni por alguna manera. Y mandamos a los nuestros contadores mayores que asienten el traslado de esta nuestra carta en los nuestros libros de lo salvado que ellos tienen y la sobrescriban y tornen esta original a la parte de vos, la dicha ciudad, para que la tengáis por título de la dicha merced. Y si de lo susodicho quisiereis nuestra carta de privilegio, os la den y libren la más fuerte y bastante que hubiereis menester, no embargante cualesquier leyes, ordenanzas y pragmáticas sanciones de estos nuestros reinos que en contrario de esto sean y ser puedan, con las cuales nos dispensamos, las abrogamos y derogamos en cuanto a esto toca y atañe, quedando en su fuerza y vigor para adelante en las otras cosas. Y que no os descuenten diezmo ni chancillería que Nos habíamos de haber de esta dicha merced, según de la ordenanza, por cuanto de lo que en ello mora. Nos os hacemos merced y que en los arrendamientos que de aquí adelante hicieren de las rentas de las alcabalas de estos nuestros reinos, pongan por condición que esta dicha merced sea guardada y cumplida a la dicha ciudad como en ella se contiene, sin que por ella nos sea puesto descuento alguno, que nos los reservamos de cualquier cargo o culpa que por ello les pueda ser imputada. La cual dicha nuestra carta de privilegio y las otras nuestras cartas y sobrecartas que en la dicha razón os dieren y libraren, mandamos al nuestro mayordomo, chanciller, notarios y otros oficiales que esta alcabala de los nuestros sellos las den, libren, pasen y sellen sin embargo ni impedimento alguno. Y los unos ni los otros no hagáis ni hagan ende al por alguna manera so pena de la nuestra merced y de diez mil maravedís para la nuestra cámara.- Dada en la villa de Medina de Ruy Seco a primero día del mes de diciembre, año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil quinientos veinte años.- Cardinalis de la Santa Sey.- Yo, Juan Ramírez, secretario de sus majestades, la hice escribir por su mandato.- El gobernador en su nombre. Y en las espaldas de la dicha provisión estaba el sello real y ciertas firmas y señales, y los nombres siguientes: licenciatus Çapata, Fr. Gil Estrada, Juan de Tresmes Suaçola, chanciller.

Y así presentada la dicha provisión, los dichos Pedro de Salmerón y Miguel Martínez Cantero dijeron que porque ellos tienen necesidad de enviar la dicha provisión a la Corte y se temen y recelan que se perderá por fuego, o por agua, o por robo, o por otro caso fortuito que podría acaecer, de que a la dicha ciudad vendría mucho daño, que pedían y pidieron al dicho señor teniente mandase sacar de la dicha provisión un traslado o dos o más y los mandase signar. Y en tal traslado o traslados que así sacaren, interponga su decreto y autoridad. Y para ello imploraron su oficio. Y luego el dicho señor teniente tomó la dicha provisión en sus manos, mirola y dijo que hallaba y halló la dicha provisión sana y no rota ni chancellada, ni en parte alguna sospechosa. Por tanto, que mandaba y mandó a mí, Juan del Castillo, escribano, que de la dicha provisión saque o haga escribir y sacar un traslado o dos o más, cuantos los dichos Miguel Martínez y Pedro de Salmerón quisieren, y los signe con mi signo; y que en el traslado o traslados que así sacare o signare, dijo que interponía e interpuso su autoridad y decreto judicial en cuanto podía y de derecho debía. De lo cual fueron testigos presentes Juan de Cañizares, clérigo y racionero en la iglesia de Cuenca, , Francisco de Calahorra, alguacil y Pedro de Abrón, vecino de la dicha ciudad de Cuenca, y Juan del Castillo, escribano del número de la dicha ciudad de Cuenca, etcétera.- Firma Juan del Castillo.

Unidad: Correspondencia de la ciudad de Cuenca con S.M.
Signatura: Archivo General de Simancas, PTR,LEG,1,84

(Continuará...)

(Imagen obtenida de: https://www.elespanol.com/cultura/historia/20200821/
rebelion-castilla-carlos-incendio-avivo-causa-comunera/514199187_0.html)

 
 
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