La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Los hermanos Valdés y sus adversidades

Historia


La catedrática de Literatura Española de la universidad de Barcelona doña Rosa Navarro Durán defendió con tantas razones como apasionamiento que Alfonso de Valdés fue el autor de la trascendental obra literaria del siglo XVI, una de las glorias de nuestra lengua: “La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades”. Yo también lo creo después de leer los razonamientos que la ilustre catedrática aportaba en su obra “Alfonso de Valdés. La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades”, Editorial Alfonsípolis, año 2003. Y, además de apoyar las consideraciones de la citada erudita, pienso que la clave para resolver el enigma podría estar en la última palabra del título: “...adversidades” y también en las tres primeras letras y las tres últimas del título:  LAV - DES

Adversidades que comenzaron en 1491, cuando un hermano de doña María de la Barrera, la esposa de don Fernando de Valdés y madre de los escritores Juan y Alfonso, un sacerdote que ejercía su ministerio en la parroquia de San Salvador de Cuenca, entonces llamada así, —nótese la coincidencia de advocación conquense con la de la iglesia toledana donde ejercía el arcipreste del Lazarillo: “San Salvador”— fue denunciado por judaizante al Santo Oficio y condenado por el tribunal de Cuenca. Conducido el tío de Juan y de Alfonso a la hoguera del Campo de San Francisco, pereció el miércoles 21 de diciembre de 1491.

Por las acusaciones del fiscal, concretadas en guardar los sábados vistiéndose con ropas de fiesta, comer carnes —aves y cabrito— degollado este último por mano de judío, así como tomar carne el Jueves de la Cena y todos los días de cuaresma sin tener necesidad; dar un real y medio a un judío por la pascua del Cuerno para comprar aceite para la sinagoga y otras causas, el tribunal lo condenó a sentencia de excomunión, confiscación de bienes y ser relajado a la justicia y brazo secular una vez degradado de las órdenes y hábito clerical.

Fernando de la Barrera se defendió diciendo, entre otras cosas: “Yo, Fernando de la Barrera, clérigo, beso las manos de vuestras mercedes después que estoy, señores, en esta cárcel de la Santa Inquisición. He pensado mucho en mi vida y no hallo cosa ninguna que de mí se pueda decir con justa causa. Mas de lo que alguno ha dicho de mí, que comía carne en cuaresma y en otros días vedados por la santa madre Iglesia, si la comí sería con licencia y por necesidad de mi salud, que sabrán vuestras mercedes que los más días de mi vida he vivido y vivo apasionado de muchas y diversas dolencias del estómago; y cuartanas, y de ijada y riñones; y tengo una llaga en la garganta que no me deja comer pescado jamás...”

 Los inquisidores fueron inclementes y he aquí el acta redactada por el secretario del tribunal tras el auto de fe de aquel día aciago, momentos antes de ser conducido, junto a otros reos montado en un asno hacia la pira:

En la cibdad de Cuenca, miércoles veynte e vn días dl mes de dezienbre de myl e qtro cientos e nouenta e vn años, estando los dhos señores inquisidores en el cadahalso q está en la plaça de Santa María dla dha cibdad, estando presentado el pueblo o la mayor parte dél e otras gentes de fuera parte e otras muchas psonas, eclesiásticos e religiosos, fue leyda esta sentencia en presencia del dho Fernando dla Barrera q estaua en otro cadahalso frontero dlos señores inquisidores a altas bozes ynteligibles.

Testigos q fueron presentes, el noble cauallero Juan Hurtado de Mendoça, e el noble cauallero Pero Vaca, corregidor dla dha cibdad; e don Francisco Hurtado de Mendoça, deán dla dha iglesia de Cuenca, e el prouysor Alfonso Rodríguez Castrillo; e don Gómez Vallo, arcediano dla dha iglesia, e don Ruy Gómez de Anaya, abad de Santiago; e don Juan de Ervyas, abad dla Sey, e Martín Fernández dl Peso, canónigos en la dha iglesia, e Juan de Chinchilla e Alfonso de Cabrera, regidores vecinos dla dha cibdad de Cuenca.

Por su repercusión en El Lazarillo, no puedo sustraerme en reflejar que Fernando de la Barrera había hecho prender a un individuo llamado Fernando Pérez Rebollo, capellán del lugar de Villar del Saz de don Guillén por los años 1483 y 84 y más tarde cura de Valdemorillo. Muy bien este clérigo pudo inspirar a Alfonso de Valdés el personaje del arcipreste de San Salvador. El motivo de la denuncia había sido ...Porque retraía algunas veces a Fernando de la Barrera cosas que hacía en la iglesia, porque no las hacía según y como debía. En las tachas opuestas por de la Barrera contra este testigo de cargo, que durante ocho años había rumiado su venganza por haberlo mandado detener, no se privó en declarar contra su antiguo enemigo, pues, antes de que el tribunal de la Inquisición viniese a Cuenca, le había confiado a un conocido: Juro a Dios que Fernando de la Barrera era un hereje y, aunque supiese ir de este reino a Santiago, sería con un sapo en la boca a buscar donde hubiese Inquisición si aquí no viniese a este obispado. Y no a vengarme. Enterado Fernando de la Barrera de lo declarado por el clérigo, lo tachó aduciendo tenerle malquerencia:

Me revolvió (Fernando Pérez Rebollo) con don Juan Alonso de Haro, señor de la villa de Villar del Saz de don Guillén, y dijo de mí, de lo cual es pública voz y fama en dicho lugar. Es mi enemigo porque yo le castigaba algunas faenas que hacía en el lugar y porque le hice traer preso a esta ciudad por mandamiento del bachiller Cañamares, que a la sazón era juez, y le hice traer discretamente. Cuando lo prendieron trayéndolo preso, después de suelto dijo con gran enemistad que me tenía que jurar a Dios que, si Inquisición venía a Cuenca o a Toledo o a cien leguas alrededor, que él me había de hacer quemar, aunque su profundidad fuese cien vuelos en el infierno. Antes que lo trajeran preso y después por cosas, depuso contra mí en la enemiga a causa de que puede hacer siete u ocho años que juraba a las órdenes que había recibido, y so pena de ir a Roma con un sapo en la boca si Inquisición venía a Cuenca, que él me haría cuanto mal pudiese vengar, de lo cual dijo a la mujer de Juan de Frías, panadero. Es muy mal hombre y de muy mala fama en todos los lugares que lo conocen, y de mal clérigo. Es puto y sodomítico, que se echó con un hombre en el priorazgo de San Juan, en un lugar que se dice Villarrubia, y fue penado el otro que lo fue con él.  

 Adversidades que continuaron con la inculpación por parte del mismo tribunal de la Inquisición del regidor del Ayuntamiento de Cuenca don Hernando de Valdés, padre de Alonso y de Juan, y unos años más tarde de Andrés, hermano de los anteriores. En los folios 79 y 79 vuelto del Libro de Genealogías, que se halla en el legajo 797, expediente 4808, en el Archivo Diocesano de Cuenca, podemos leer: Andrés de Valdés, hijo de Fernando de Valdés, que ha sido penitenciado por este Santo Oficio y que su padre también lo fue. Que el Juan de Valdés que hoy vive es bisnieto de Diego Gil, reconciliado, según lo dice Fernando Díaz. Penitenciado su abuelo en su proceso. Véase esto por parte de Ana García, su madre... Juan Alonso de Valdés, regidor de Cuenca, año de 1576, es hijo de Andrés de Valdés, regidor, y de Ana García, su mujer, la cual es hija de Hernando Díaz, penitenciado, y de Catalina López, su mujer; y esta Catalina fue hija de Francisco Gil, quemado, y este Francisco Gil hijo de Diego Gil, reconciliado en tiempo de gracia. Ved sus procesos. Andrés de Valdés, hijo de este Juan, es casado con hija del doctor Mochales. Tiene hijos.

En el legajo 806, expediente 5975, también de la Sección Inquisición, que es un libro de “notados”, leemos: Fernando de Valdés. Los hijos del dicho Valdés. Y en el mismo legajo, expediente 5991, folio 56 vuelto: Cuenca. Penitenciado Andrés de Valdés, regidor. Tiene seis cotas en su proceso.

 Ninguno de los dos procesos, que podrían aportar datos definitivos acerca de los escritores Juan y Alfonso de Valdés, se hallan en el Archivo. No obstante, encontré un dato muy interesante sobre el cual se ha venido especulando a lo largo de los siglos, como es si ambos fueron o no hermanos gemelos, dado el gran parecido físico existente entre ambos. Pues bien, he aquí lo que se cuenta en el legajo 780, expediente 2180, folio 4 vuelto, el 16 de junio de 1513: Sancho Muñoz, vecino de Cuenca, testigo jurado, dijo que puede hacer cuatro meses que, hablando Fernando de Valdés con este testigo en un estudio, le dijo el dicho Valdés que tenía guardadas las camisicas en que habían salido envueltos sus dos hijos del vientre de su madre, de los que nacieron de una ventregada. Queda claro que, a pesar de haber tenido el matrimonio numerosa prole, se refiere a Juan y Alfonso toda vez que, por aquellas fechas, 1513, los únicos gemelos habidos eran los señalados y no otros. Es una pena que el testigo no hiciera referencia al año del nacimiento de los gemelos.

Y adversidades por la persecución de algunas de las obras escritas de los dos hermanos conquenses. No olvidemos que “el Lazarillo” formó parte de los libros prohibidos por la Inquisición y permaneció en tal situación desde 1571 a 1790. Por todo lo dicho, resulta lógica la animadversión que esta familia, incluidos Juan y Alfonso, debieron guardar a la Inquisición y a ciertas actitudes de las jerarquías católicas, lo cual les llevó a posturas religiosas muy críticas. Y esta reprobación y ojeriza que muestra el autor de la novela —Alfonso de Valdés— contra algunos aspectos de la clerecía y, sobre todo, contra el arcipreste de San Salvador, no eran otra cosa que resabios de un pasado tenebroso y doliente. 
Alfonso
De
Valdés
E
R
S
I
D
A
D
E
S

La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades

 Invirtiendo las tres primeras letras del título se forma la sílaba VAL – Y las tres últimas forman  DES, con lo cual el autor comunica su apellido.

                                                                                     

 
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