La Opinión de Cuenca

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Manoseo de la palabra 'sostenibilidad'

Opinión


El clima y la dureza del  trabajo son dos factores que siempre han forjado el carácter rudo y agreste del agricultor o la gente del campo.

También les ha caracterizado la sencillez y capacidad de vivir con lo mínimo, acostumbrados a adaptarse a lo que cada día y año depara, según lo que la madre naturaleza (incluyendo la meteorología) les otorga.

Es una realidad la de esta gente que ha dado lugar al concepto tan manoseado por la progresía y denominado “sostenibilidad”. Visión ésta que tan necesaria es para lograr el equilibrio en nuestro planeta. Pero si queremos ser sostenibles, como tanto se predica, tan solo basta hacer eso que más arriba atribuyo al “hombre de campo”, mirar a nuestros padres y abuelos. Su modo de vida, y en particular en el campo son el mejor modelo a seguir para lograr los grandes objetivos marcador hoy por los altos organismos mundiales para conseguir la viabilidad de nuestro futuro.

Pero a la meteorología, la falta de rentabilidad, escasez de mano de obra disponible y todas las dificultades que acumula hoy una explotación agraria se unen otros factores desfavorables en su gestión como es el caso de la financiación.

Vivimos momentos desconocidos en las relaciones con las entidades financieras. Parece que la pandemia será la culpable durante mucho tiempo de cambios que se han producido en este periodo que ha marcado nuestras vidas.

Las dificultades en la movilidad y la presencia en las oficinas físicas de estas entidades por el COVID-19, han coincidido con lo que nos venden como “revolución digital” que poco a poco va prescindiendo de las gestiones personales con los funcionarios de estas entidades. Nos piden que aceptemos la banca a distancia, que hagamos uso de los cajeros automáticos también para gestionar pagos (impuestos, recibos, ingresos, reintegros)…

Es decir, el contacto personal quieren que casi desaparezca. Y el hecho es que así está siendo. El número de personas al servicio al cliente no para de disminuir, con grandes esperas para una atención mínimamente personal como para “sacar dinero”. Claro, así la gente se termina cansando y no les queda más remedio que aprender todo lo que nos hacían y ahora ya no.

Despiden a trabajadores continuamente, y poco a poco serán pocas las ocasiones que pueda alguien sentarse junto al funcionario de la entidad y casi amigo de banca para plantearle y compartir con él las inquietudes y proyectos que se tienen para que humanamente te aconseje seguir o no con una posible inversión que requiere de financiación.

Pero lo más curioso e indignante de todo esto es que además en este preciso momento es cuando nos están subiendo las comisiones “por todo”, incluso si no les originas trabajo ninguno haciendo tú una transferencia desde casa o el trabajo telemáticamente.

Que me lo expliquen pues no lo entiendo. Si están despidiendo trabajadores y reduciendo muchísimo el coste de personal, pues el trabajo nos están obligando a que se lo hagamos los clientes, ¿cómo es que nos cobran por todo?.

Y ya se agrava mucho más en el caso de las personas mayores, con dificultades para el uso de la tecnología, y en particular para los que desde el sector primario ya en el final de su vida al menos laboral, y se les obliga igualmente a todo esto además de cobrarles esas abusivas comisiones que en su caso cuando están jubilados aún tienen mayor dificultad para pagarlas con las pensiones raquíticas que reciben los que han sido autónomos del campo en particular, pero igualmente cualquier pensionista rural.

Y esto lo han generalizado en toda la banca, sea privada, pública (Bankia), o cooperativa. 

Eso que el hasta hace poco vicepresidente del gobierno apostaba por privatizar toda la banca, pues la única entidad semipública con él en el gobierno ha actuado con la misma desvergüenza que cualquier otra.

Mención especial requiere la banca cooperativa, sí, esa que los dueños son en su mayoría los propios clientes. Como el caso de las Cooperativas de Crédito. En nuestra región hay unas cuantas vinculadas al sector agrario y ganadero. En sus asambleas se les llena la boca a sus directivos al hablar de sus socios, y del bien que les aportan. Pero creo que las diferencias son pocas. También en estas se trata mucho mejor al cliente grande que mueve ahí mucho más dinero que a los demás. Esto no lo predican en las asambleas delante de la masa común de socios. Como también son poco trasparentes los salarios y primas que dichos “jerifaltes” perciben.

Y mucho más grave es el asunto si se tiene en cuenta que algunas, o incluso la mayoría nacieron en el seno de las cooperativas agrarias como “sección de crédito” de la propia cooperativa. Y es que pronto vieron los especuladores lo “sostenibles” que los agricultores y ganaderos eran. Es decir que se trataba de gente humilde muy ahorradora y conservadora en la gestión de sus finanzas. Por ello rápidamente pensaron que tenían que infiltrarse en las cooperativas para terminar manejando esas secciones de crédito de donde ellos podrían obtener crédito para sus operaciones especulativas en las que engañaban a los propios agricultores generadores de aquel recurso económico.

Una lástima que eso fuese así desde hace años, pero es que sigue siendo. De cooperativas de crédito agrario que creaban al sacar fuera de la cooperativa matriz aquella actividad financiera, terminaron convirtiéndose directamente en cooperativas de crédito. Todas ellas les ponían el apellido de rural, cuestión de marketing.

Y hoy en día pocas tienen al frente a humildes agricultores sostenibles que mantuviesen aquel objetivo de facilitar el crédito a un sector que siempre ha sido desfavorecido. En este momento parece que los objetivos de obtención de beneficios es la principal premisa sobre su mesa y lo están haciendo dificultando la vida de aquellos que las fundaron y levantaron.

En estos momentos y ya desde hace unos años te venden seguros, una vajilla, un viaje y lo que proceda. Por supuesto olvidando a sus fundadores y los principios que aquellos tenían. Ya son manejadas por los dueños de empresas inmobiliarias, de construcción, y de cualquier cosa que por supuesto casi que no conocen la “sostenibilidad” de nuestros padres y abuelos para levantar con sacrificio y mucho esfuerzo lo que a día de hoy cotiza en los mercados más usureros y especuladores imaginables por aquellos “Grandes Hombres”.

Texto: Miguel Antonio Olivares

Sección: Guardián del Labriego

 
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