La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El Desastre de Annual (II)

Historia


El día 21 de julio de 1921, el general Silvestre había ordenado al general Felipe Navarro Ceballos socorrer a los sitiados con una columna de tres mil hombres, pero no logró llegar a su objetivo, quedando estancada a unos cientos de metros y con ciento cincuenta y dos bajas tras dos horas de combate. También contó Navarro con unos soldados bisoños sin preparación ni experiencia en la guerra, incorporados al frente de batalla procedentes de reclutas forzosas, apenas sin entrenamiento, sin espíritu de combate, mal armados y peor alimentados. En un telegrama a Silvestre, refiriéndose al espíritu combativo de la tropa, le comunicaba: No es todo lo necesario para combatir la debilidad. Me creo en el deber de exponer la desconfianza de no conseguir el objetivo. Espero órdenes para verificar el convoy o preparar la evacuación de Igueriben.

El convoy de auxilio llevaba doce cargas de víveres y pan para tres días, cincuenta y tres cubas llenas de agua, que después de vaciarlas en las cubas de la posición habían de ser repuestas en el pozo situado a unos cuatro kilómetros de Igueriben, si las condiciones fuesen propicias; también llevaba el convoy ocho latas de petróleo para quemar el ganado muerto; sección de ingenieros con material para reparar la alambrada, parque móvil con granadas de metralla de siete y medio, espoletas de percusión, estopines, cien granadas de mano y diez cargas de cartuchos de fusil.

El comandante Benítez, ante el fracaso del auxilio esperado, envió un duro telegrama a Silvestre, que recibió de mala gana: Parece mentira que dejéis morir a vuestros hermanos, a un puñado de españoles que han sabido sacrificarse delante de vosotros.

Silvestre le respondió al comandante Benítez que pactase con el enemigo la rendición de Igueriben, a lo que Benítez respondió: Nunca esperé recibir de V.E. orden de evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que en ella me ordena, en este momento y como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente, pues los oficiales que integran esta posición, conscientes de su deber, sabremos morir como mueren los oficiales españoles.

A las cuatro de la tarde, las avanzadillas españolas más próximas a Igueriben iniciaron el repliegue a Annual. Al percatarse Benítez de esta decisión,  reunió a los oficiales a su mando y expuso su determinación de abandonar la posición con el propósito de sacrificar sus vidas para librar las más posibles de sus soldados.

A la desesperada, tratando de salvar a sus hombres, Benítez formó una columna con los escasos combatientes que se hallaban en condiciones de llevar a cabo su plan. La vanguardia iría mandada por el capitán Arturo Bulnes. El ala izquierda, por el teniente Alfonso Galán Arrabal, que resultaría muerto. El ala derecha la dirigiría el teniente Luis Casado Escudero. El grueso de la tropa, compuesto por enfermos y heridos, iría mandado por él mismo. Y la retaguardia, al mando del capitán Federico de la Paz Orduña. El resto de oficiales irían repartidos por las diversas secciones. A continuación, Benítez mandó entregar veinte cartuchos por cabeza a los que estuviesen en disposición de usar las armas y quince mil pesetas de la caja de las compañías, pero con el encargo de ser destinadas al regimiento, si es que podían abrirse camino y llegar a Annual. Acto seguido ordenó quemar las tiendas, inutilizar el armamento que quedaba allí y no podía transportarse, y transmitir un último mensaje al general Silvestre: Los de Igueriben mueren, pero no se rinden. Tengo doce disparos de cañón. Cuéntenlos y, cuando oigan el último, hagan fuego sobre la posición, pues estaremos revueltos con los moros.

Apenas iniciada la salida, en la misma puerta, la mitad de la sección de vanguardia fue ametrallada por los rifeños, que entraban en masa a la posición. Los supervivientes no se replegaron, lanzándose en un suicida cuerpo a cuerpo a la bayoneta por la cuesta abajo para unirse a los españoles de Navarro que se retiraban. Todos los oficiales que se habían quedado atrás sobre los sacos terreros, disparando sin cesar sobre los moros para cubrir la retirada de sus compañeros, resultaron muertos a excepción del teniente Luis Casado que, gravemente herido, fue dado por muerto en el maremágnum del asalto final, para al cabo ser hecho prisionero por los rifeños junto a cuatro soldados.

El comandante don Julio Benítez y Benítez murió aquel 21 de julio de 1921 al frente de sus hombres luchando por salvar el mayor número de vidas de ellos. En ningún momento abandonó a sus soldados a lo largo de los cinco días de asedio. De los trescientos cincuenta y cuatro hombres que componían la guarnición de Igueriben, sólo lograron sobrevivir el teniente Luis Casado y Escudero, que llegó herido, y cuatro soldados, todos los cuales fueron hechos prisioneros y en ese estado permanecieron año y medio. A Annual llegaron vivos tan sólo once soldados, de los cuales cuatro murieron entre convulsiones debido a la gran cantidad de agua ingerida por la tremenda sed que padecían.

El comandante Benítez y el capitán Federico de la Paz Orduña recibieron, a título póstumo, la Cruz Laureada de San Fernando por el heroísmo mostrado en la acción de Igueriben.

Si aquel hecho de armas hubiera tenido lugar en otro país, lo sucedido en el Álamo de Estados Unidos se hubiese quedado en mantillas.

Pero si sangriento había resultado el sitio de Igueriben, mucho más lo sería el producido al día siguiente, 22 de julio de 1921, en Annual.

Continuará...

(Foto: Posición de Igueriben, https://nacidosenferrol.wordpress.com/)

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