La Opinión de Cuenca

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El desastre de Annual (IX)

Historia


Dar Quebdani. Llegaron unos moros diciendo que la posición principal se había rendido y que hiciesen lo mismo ellos, respondiéndole el capitán que no se rendían. Ante la negativa se produjo un furioso ataque y, siendo forzada la puerta, mandó el capitán armar bayonetas y salir a viva fuerza. El capitán y un teniente recibieron graves heridas de las que morirían más tarde, y otro teniente fue hecho prisionero. Gran parte de la tropa murió. Fue éste el único acto honroso registrado en el asedio de Quebdani, siendo extremadamente pobre la defensa que se había hecho de esa posición.

En Quebdani, la infamia del coronel Araujo y buena parte de sus oficiales quedó escrita a fuego. Después de haber acordado con los moros salvaguardar la vida del coronel y de sus oficiales gracias al pago de cinco mil pesetas de entonces, fueron conducidos prisioneros. Los cerca del millar de hombres que marchaban serían fusilados o pasados a cuchillo. Algunos lucharon hasta morir, aunque fueron los menos. La cobardía de los oficiales se manifestó en estado puro. Araujo sería condenado a un año de prisión y suspensión de sueldo en el siguiente año. 

Cerca de Quebdani se encontraba la columna del capitán Amador que, haciendo la aguada, se había quedado con poco más de cien hombres. Se le conminó a rendirse de parte del traidor coronel Araujo, pero el capitán se percató del engaño y se negó. Ordenó repartir munición a todos sus hombres y calar bayoneta. Comieron y bebieron todo lo que quedaba. Enfrente los esperaban cerca de mil rifeños mandados por el jefe Si Hammú. Los rifeños avanzaron hacia ellos en tanto que los españoles esperaron a tenerlos a tiro. Se produjo una descarga española y un posterior avance. Cayeron muchos moros, y en su carrera los españoles hundieron con profusión sus bayonetas en los cuerpos enemigos; pero eran demasiados. Al final murieron todos luchando.

Las causas de la pérdida de las posiciones de la circunscripción de Kandussi fueron varias: la imprevisión antes de los sucesos, el desconcierto y la desorientación del mando desde que se decidió abandonar Dríus y demás posiciones, y olvido de otras; y, sobre todo, el pánico que corrió como la pólvora viendo cómo se perdían las inmediatas, una tras otra, sin motivo que lo justificase.

Timayast. Guarnecida por una sección, que trató de replegarse sobre Sidi-Abdalah, que ya estaba abandonada, y que fue atacada en su marcha, muriendo el teniente que la mandaba. La fuerza se dispersó y sólo llegó a Quebdani un soldado herido el día 23 por la tarde.

Sidi-Abdalah. A mediodía del 23 se incorporaron a esta posición un capitán, un alférez de Artillería y cuarenta hombres, manifestando que había recibido la orden de evacuación, sin añadir más pormenores.

Tras inutilizar las cuatro piezas de Krupp de 90 milímetros y echando lo demás al fuego, emprendieron la marcha hacia Draa, siendo perseguidos por el enemigo. Y a los dos kilómetros fueron cortados y dispersados.

Draa número 2. El día 23 todos los servicios transcurrieron sin novedad. Al mediodía llegó la fuerza de Sidi-Abdalah y tomó el mando de la posición el capitán, siendo atacado ese día y el siguiente. Como estaban incomunicados y sin agua ni víveres desde hacía dos días, el capitán, de acuerdo con los oficiales, decidió llevar a cabo la evacuación; pero no pudiendo hacerlo en armas, como lo habían proyectado, por estar rodeados por un gran contingente de rifeños, entablaron negociaciones por medio de dos soldados que los moros tenían prisioneros, los cuales manifestaron que muchas posiciones habían abandonado sus puestos y armamento, permitiéndoles de esta manera la salida. Tras deliberar, decidieron hacerlo así, dada la imposibilidad de defenderse, sin ser atacados hasta los poblados de Yarf-el-Bach donde fueron agredidos por los moros, dispersándose la gente en todas direcciones.

Dar-Buziam, también llamada Alcazaba Roja. Era una antigua edificación moruna de unos quinientos metros cuadrados de planta, dividida en siete departamentos por edificaciones interiores que no se habían modificado para mejorar sus condiciones ofensivas por oponerse a ello el jefe cabileño Kaddur Namar, propietario del edificio. La guarnición, desproporcionada para un recinto tan extenso, se componía de unos sesenta hombres al mando de un capitán. El día 23, de improviso, fue atacada y el oficial decidió salir por la puerta accesoria con la compañía formada, para unirse a la de Tizi-Yuhoren, sin responder al fuego que les hostilizaba. Al llegar cerca de aquélla, hizo frente realizando varias descargas y perdiendo parte de la fuerza.

Tizi-Yuhorem. Según la declaración del comandante, esta posición, el día 24 por la mañana, sin agua ni posibilidades de obtenerla, pidió instrucciones a Quebdani por heliógrafo, recibiendo como respuesta que adoptase la solución más adecuada a su propio espíritu y honor, considerando la capitulación. Una vez entregado el armamento, fueron tiroteados por el enemigo y de unos ciento veinte hombres llegaron a Quebdani unos cuarenta.

Ulad-Aisa. Estaba defendida por dos cañones Krupp de ochenta milímetros y guarnecida por dos secciones del Regimiento de Melilla al mando de un capitán, y el destacamento de Artillería con el oficial y los ingenieros telegrafistas. De esta posición sólo se supo que murió el capitán.

Terbibin, zoco de Bu-Hermana. Guarnecida por dos secciones del tercero de Melilla, al mando de un capitán, y un destacamento de Artillería al mando de un oficial para el servicio de cuatro piezas Saint-Chamond de 75 milímetros, más los ingenieros telegrafistas.

Según unos, la posición se había defendido bien y se sostuvo hasta el último momento, pero que al abandonarla fueron atacados por los moros, matando a muchos de los defensores, entre ellos a un capitán.

Otra versión de los hechos afirma que, en efecto, hubo agresión por parte rifeña y defensa por parte de la guarnición; y luego el capitán, en vista de la caída de las demás posiciones, negoció con los moros y, una vez entregado el armamento, éstos se arrojaron sobre las fuerzas provocando la muerte a los oficiales. Otro testigo de lo ocurrido manifestó que en la refriega hubo dos muertos y dos heridos, uno el oficial de Artillería y después, en la refriega, murió el capitán y herido su hijo.

Continuará...

(Ilustración obtenida de “alcantara.forogratis.es”)

 
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