La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El desastre de Annual (VI)

Historia


Una vez acabada la evacuación, quedaba zanjado el abandono de la línea del Kert y la aniquilación irremisible de la columna, que a la postre sobrevendría. Salió la caballería a proteger el repliegue de las posiciones avanzadas y el camino de Batel, habiendo de combatir con el enemigo a pie y a caballo; continuaron las demás fuerzas, algo reformadas, avanzando sin obstáculos hasta pasado Uestía, desde donde arreció el ataque enemigo, abriéndose paso la columna gracias a los escuadrones de Alcántara, hasta llegar al río Gan, donde el enemigo se desorganizó por completo, volviendo a comenzar la retirada en huida, igual que ocurriera en Annual.

Del Gan a Batel disminuyó el fuego y se ocultó el sol, más la columna continuó igual porque toda reorganización resultaba inimaginable. A Batel sólo se le consideró como punto de tránsito, y se prosiguió hasta Tistutin. Y en este trayecto desapareció el regimiento de Caballería de Alcántara. A partir de aquí, el mando desapareció absolutamente. Se desoyeron las órdenes del general Navarro de hacer alto antes de llegar a Batel y la masa informe prosiguió camino de Tistutin, posición si no óptima sí aceptable, pero difícil ya de aprovechar no sólo por el estado de pánico, de indisciplina y de carencia de mando, sino porque ya las alturas inmediatas estaban ocupadas por los policías que habían desertado y por los cabileños, que tiroteaban la posición y acabaron por desorganizar a las fuerzas que, cada vez más mermadas y desnortadas, siguieron a Monte Arruí, adonde llegaron los desorganizados restos de las fuerzas, que podía decirse que ya no mandaba el infeliz general Navarro. En tal forma fue la entrada en la posición y tan fenomenal el acoso de los moros, que a escasos metros de ella se perdió una batería de artillería, que poco después vomitaba fuego contra la posición y con sus mismos proyectiles mataban al capitán que la había mandado hasta un rato antes.

En la huida de las posiciones de Annual se produjeron escenas escalofriantes de crueldad. Ricardo Fernández de la Reguera y Susana March, narran en su libro El desastre de Annual uno de los episodios más escalofriantes de la guerra:

…Y fue entonces cuando descubrió a los moros. No solamente en la cumbre de las lomas, en las laderas había también grupos de enemigos apostados. Uno de los grupos se movió. Descendían corriendo en dirección a los heridos. Eran seis rifeños. Derribaron a los dos heridos que marchaban en cabeza, golpeándolos con las culatas de los fusiles. Después les abrieron las braguetas. Les cortaron sus partes. Los heridos lanzaban aullidos espantosos. Y enseguida enmudecieron. Los moros les habían taponado las bocas introduciendo en ellas los despojos sanguinolentos.

 O esta otra:

Acciones y situaciones como éstas, e incluso peores, son relatadas por los supervivientes de Annual que logran llegar a Melilla:

… (Los moros) se agachaban a recoger un fusil, un correaje, cualquier objeto que les llamara la atención y lo cargaban en las caballerías. Examinaban cuidadosamente los cadáveres. Sacaban el contenido de los bolsillos. Les quitaban las botas o alguna prenda. Entreabrían con un machete las rígidas, casi pétreas, mandíbulas, desencajándolas para extraer los dientes de oro. Se incorporaban después y seguían… Uno de los heridos que reptaba sobre el vientre, fue alcanzado. El moro cabalgó sobre sus costillas. Se escuchaban las patéticas súplicas de aquel desgraciado. El moro le cogió por los pelos. Tiró de la cabeza violentamente hacia atrás y se la seccionó de un solo tajo de gumía. El tronco mutilado despidió un chorro de sangre […] El moro levantó el brazo. Agitó la cabeza. Amarilleaba estampándose contra el cielo azul. Después la arrojó. La cabeza rodó, golpeándose empolvada y trágica. El moro se echó a reír.

 Circunscripción de la línea del río Kert

Cheif. Solucionado por el general Navarro el repliegue de las posiciones de Tafersit y Midar se comunicó a Cheif la orden de concentrarse sobre la columna de ese campamento para deslizarse después al zoco de Telatza. Este movimiento, teniendo que recorrer más de veinte kilómetros a lo largo del frente, resultaba  ilógico y peligroso en exceso, pues ya habían sido atacados en Haf y Arreyen Lao, y se había divulgado el movimiento insurreccional al Guerruao, cortando los indígenas y la policía insurrecta las comunicaciones de retirada. Finalmente, el movimiento no se llevó a cabo.

La posición de Cheif, a tres kilómetros del Kert, no era apta para la defensa ni para la exigua guarnición, compuesta por una sección del regimiento de San Fernando, un destacamento de artillería con dos piezas y otro de policía. Al lado de la posición se encontraba el campamento de la columna, formada por cuatro compañías y otra de ametralladoras del regimiento de Melilla al mando de un teniente coronel y sin comandante como segundo jefe. Las condiciones de ambos acantonamientos, posición y campamento, eran bastante malas, como las restantes, viéndose en la necesidad de recorrer siete kilómetros para abastecerse de agua.

Reunida la columna y viendo ya atacada Buhafora y arder otras posiciones, se acordó  la evacuación. El intento fue dirigirse a Dríus. La columna salió ordenadamente sin haber sido hostilizado el campamento, pero a poco de salir fue combatida y, como era la norma, se produjo la confusión y el caos. Murió el teniente coronel  y nadie se dio cuenta hasta llegar a Dríus y notar su falta.

Continuará...

Foto: Un clérigo recogiendo restos de soldados españoles.

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