La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El desastre de Annual (VIII)

Historia


Circunscripción de Kandussi

La cabecera de la circunscripción estaba en Kandussi, pero los hechos más graves tuvieron lugar en Quebdani. En el primero se encontraba la columna móvil del territorio formada por cuatro compañías, incluida la de ametralladoras, del Regimiento de Melilla; otra de montaña del Regimiento Mixto de Artillería y una sección de Intendencia, y el día 21 de julio se había unido a las anteriores otra compañía del Regimiento de Melilla que había sido retirada de Ishafén.

Kandussi se situaba a la izquierda del río Kert y las posiciones  ni eran buenas ni fuertes; algunas no habían respondido a intereses militares, sino políticos de protección. La columna acantonada allí hubiese podido y debido servir como base de la línea defensiva del Kert, que debiera haberse conservado a toda costa, pero no se hizo así. La caída de Annual se había precipitado, y muerto el comandante general Silvestre, el general segundo Navarro pensó en replegarse sobre Batel, sin pararse en Dríus, intentando después sostenerse para asegurar en lo posible la línea del Kert, pero finalmente desistió. En tales circunstancias, el coronel de Melilla propuso la retirada de la columna de Quebdani a Kandussi, replegándose las posiciones sobre el Kert; pero todo se retrasó por diversos motivos y que si se hubiera llevado a cabo tal vez se podría haber evitado lo que llegó después.

Por otro lado, la cabila de Beni-Said, no sometida sino resignada y de conducta más que dudosa, con armas y con el Monte Mauro como posición central suya, desde la que se divisaba y dominaba todos los movimientos de los españoles y todas las vacilaciones, fue un nuevo motivo del fracaso del plan de sostenerse en el Kert.

Tras una serie de vacilaciones, finalmente sólo quedaban dos posibilidades: o llevar a cabo la concentración sobre el río Kert o sostenerse e imponerse cuanto antes con la fuerza que se tenía, que parecía ser suficiente para enfrentarse a las cabilas levantadas, que agruparían a entre diez mil y doce mil hombres. Y no se hizo ni lo uno ni lo otro.

El 22 se pudo hacer aguada, pero no el 23 porque el enemigo, ya en plan de ataque, se opuso desde una loma que no estaba batida. Y prosiguió la hostilidad a la posición esa noche y a la aguada del día siguiente, sin que ésta se pudiera hacer a pesar del servicio de protección.

El día 25 se presentaron en la posición de Quebdani emisarios de Kaddur Namar, un rifeño que hacía en cierto modo el papel de mediador entre ambos contendientes, proponiendo la rendición y entrega del armamento. El coronel reunió entonces a todos los oficiales y les expuso lo difícil de la situación así como las tres soluciones posibles: sostenerse en la posición hasta perecer, abrirse paso a viva fuerza o rendirse al enemigo, lo cual consideraba inadmisible el jefe militar.      

Uno de los oficiales dijo que la última proposición era la más aceptable y entonces el coronel le cortó la palabra, suspendió la reunión y dispuso que todos diesen su opinión por escrito. Así se hizo y resultó que las dos terceras partes de los votos fueron favorables a la rendición. El coronel manifestó que sabía la resolución que su deber le imponía, tratando el comandante de disuadirlo de la idea que tal frase parecía implicar. Mientras tanto, los moros se habían acercado a la posición, a la que el coronel había hecho llegar a Kaddur Namar y, al dejar el armamento, el enemigo irrumpió en ella rompiendo fuego contra la ya indefensa tropa, que se dispersó huyendo, quedando los jefes, un grupo de oficiales y alguna tropa en un cobertizo, conviniendo que, puesto que ya nada tenían que hacer allí, debían marcharse. Entonces apareció Kaddur Namar y les propuso que acelerasen la marcha. Los condujo hasta Telatza. El coronel, que iba muy fatigado, iba montado en un mulo. Luego, otro moro les dijo que aquella misma noche marcharían al mar para ir en cárabos —pequeñas embarcaciones de remo y vela— a Melilla, y que escribieran a sus familias para que enviasen dinero y así poner en libertad a algunos prisioneros que tenían prisioneros en su cabila. Así se hizo, pero luego se fue retrasando un día y otro el cumplimiento de todo hasta que llegó Abd-el-Krim y los condujo a Bu-Herman y luego a Axdir.

El día 25 continuó el ataque y se acercó un soldado de Regulares diciendo que de parte del coronel se entregasen. El capitán respondió que sin tener la orden por escrito no lo haría. Entonces comenzó un duro ataque que fue respondido. Cesado el fuego, los moros quisieron parlamentar con el capitán, quien comunicó al coronel, a través del teléfono, la situación. Al rato se recibió otro despacho ordenando que se entregara todo al enemigo y se retirasen. Entonces se formó a la fuerza en el patio, quedando un teniente y cuatro soldados en la parte alta de la casa para vigilar el exterior. El armamento se inutilizó, se distribuyeron las municiones  y se dispuso la salida, presenciando entonces  la invasión de Quebdani.  

Continuará...

Foto: Dar Quebdani

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