La Opinión de Cuenca

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El desastre de Annual (X)

Historia


Ras Tikermín. La defendía una sección del Regimiento de Melilla al mando de un alférez, y sin poder haber regresado la gente enviada por los convoyes de agua y víveres, resultó en los momentos críticos que tan sólo contaban con dieciocho hombres de fuerza disponibles. Finalmente, el oficial entregó el armamento al enemigo y salieron uno a uno; y como fueron vistos por los rifeños, les atacaron y se dispersaron.

Tisingart. Destacamento de sección al mando de un alférez, hizo evacuación en la madrugada del 25, llegando a Sbuch-Sbach, sorprendiendo a los moros que cercaban ésta y sin sufrir baja alguna.

Sbuch-Sbach. Situada en un montículo en la meseta de Tikermín con la misión de proteger a la cercana de Kandussi. La guarnición se componía de dos secciones del segundo de Melilla al mando de un capitán y cuatro piezas de artillería Krupp de 90 milímetros, al mando de un cabo y con tres artilleros de dotación. Desde allí vieron el abandono y posterior saqueo de Kandussi y después fueron atacados ellos. Unos soldados heridos les requirieron en nombre de los rifeños para que se entregaran, prometiendo respetarles la vida. Sin embargo, el capitán enterado de la traición de Kandussi, se negó, reunió a los oficiales y clases y convino con ellos la evacuación, fijando la marcha por Kaddur a Segangan. Inutilizaron las piezas y, hasta entonces, sólo habían tenido un muerto.

Salieron por sorpresa, yendo en vanguardia una sección al mando de un teniente; en el centro, el capitán, y a retaguardia otro capitán. Apercibido el enemigo, atacó a la vanguardia, mató al oficial y la sección se dispersó; el resto de la fuerza regresó a la posición de la que volvió a salir poco después, pues el capitán, al enterarse de la falta del teniente, dispuso la salida inmediata, abriéndose paso hacia Kaddur. El capitán murió durante el trayecto así como la mayor parte de los efectivos, quedando prisionero el alférez y el resto de la tropa.

Kandussi. Esta posición quedó prácticamente anulada, pues su guarnición quedó enormemente reducida al mando de la cual había un teniente. La fuerza, si se tenía en cuenta la extensión a defender, resultaba ridícula, puesto que, además de su amplitud, en ella permanecían los depósitos de Artillería e Intendencia, hornos fijos y enfermería. No fue verdaderamente atacada por el enemigo; pero el día 23 les llegó por teléfono información de que otras de la circunscripción habían sido ocupadas, y como vieran acercarse grupos de indígenas, el contingente defensivo solamente sumaba noventa hombres y el perímetro a defender muy  extenso, lo que en la práctica hacía imposible la defensa por el excesivo intervalo a que hubieran quedado unos de otros, decidieron entrar municiones y material en la enfermería y en ese reducto hacerse fuertes; pero los dos tenientes decidieron abandonarla y dejar todo intacto. Salieron y enseguida los moros comenzaron las hostilidades, y después unos policías. Los oficiales mandaron echar cuerpo a tierra y así fueron cogidos unos, dispersados otros y los demás muertos incluyéndose los oficiales.

Yarf el Baax. Era la cabecera de la 11ª mía de la policía. Como los veinticinco policías que allí había estaban en actitud más que sospechosa, los oficiales tuvieron que estar toda la noche vigilándolos. Al día siguiente, un capitán que había llegado el día anterior procedente de Annual tuvo una entrevista con los jefes del Mauro y dirigió sus últimas comunicaciones a la sección de campaña, obteniendo del coronel de la circunscripción licencia para evacuar la cabecera por quedarle sólo ocho policías. Lo llevó a cabo y ordenó a los telegrafistas romper los aparatos y marchar a Melilla con los escribientes europeos. El capitán, los dos tenientes, el sargento indígena y ocho policías salieron hacia Kert con dirección a Tauria Hamed, que era la cabecera de la 5ª mía, que encontraron ya sublevada, por lo que el capitán siguió con uno de los tenientes en dirección a Zeluán y luego a la plaza. El otro teniente, parece que destacado para cumplir una orden en Tauriat Hamed, resultó muerto en el camino.

Busada y Mars el Diad.  Eran dos puestos de policía que ocupó la fuerza indígena, que se supone se pasaron al enemigo. Y así se perdieron todas las posiciones del Mauro.

Ishafén. Era un reducto de cien metros de longitud por cincuenta de anchura. En su interior, además de los alojamientos para oficiales y tropa, contaba con un depósito de Intendencia y hornos fijos. Se surtía de agua a una distancia de tres kilómetros. En aquellos días de 1921 la guarnición estaba formada por dos secciones  del Regimiento de Melilla al mando de un capitán; un destacamento de Artillería con diez hombres  mandados por un sargento, para el servicio de cuatro piezas Krupp de ochenta milímetros; tres soldados de Intendencia y ocho montados del Regimiento de Alcántara.

Ishafén fue atacada el día 23  y se estuvo defendiendo durante dos días, hasta el 25 en que cayó en poder de la morisma sin que hubiera un solo superviviente entre los defensores, pues todos perecieron. Allí sí hubo comportamientos acordes con el honor del Ejército español.

Imarufen. La pérdida de esta posición resultó penosa. La guarnición la componía una sección al mando de un alférez, que la defendieron hasta el día 25. Al ver la caída de Ishafén, el alférez decidió, aceptando las propuestas de los moros, rendirse, pero con la opinión en contra de la tropa, que se negaba a entregar las armas. El alférez, presa del pánico, llegó a descorrer el cerrojo de la puerta y a dar la voz de “¡Sálvese quien pueda!”, en cuyo momento sufrieron el feroz ataque de los moros que provocó la dispersión de unos cuantos y la muerte del resto.

(Continuará...)

Foto: El general Berenguer dirigiendo una operación (imagen de la revista 'La Esfera').

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