La Opinión de Cuenca

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El desastre de Annual XII

Historia


NADOR, ZELUÁN, MONTE ARRUIT

De tenebrosos recuerdos, estas tres posiciones constituyeron las últimas escenas de la tragedia de 1921.

Nador. Fue la cabecera de una amplia zona con posiciones no relacionadas entre sí y apenas ninguna con la cabecera. Como se situaba muy a la retaguardia de la primera línea y lindando con el protectorado francés, se tenía prácticamente sin defensa, por lo cual se perdió rápidamente. Como posiciones reales y militares podían, en cierto modo, considerarse las de Arrof con sus anexas de Trigotín y Sidi el Bachir, que pretendían cubrir las comunicaciones de El Garet a El Haraig y la del Zaio atalayando el llano de Sebra. El resto eran meros puestos de policía, como Bu Aidur, Hase el Biat, Tisi Charguas, Siacha,Mexera y Zoco el Haraig en Beni-Buyahi; Nabs, Sidi Sadik, Karn Sba y Hasi Berkan, sobre el camino de Reyen; Muley Rachid en el del Zaio; las Mexeras, Mehla y Saf Saf en Ulad Setud, sobre el Muluya; Zoco el Arbaa de Arkeman, en Quebdana, y la Restinga en la lengua de tierra de Mar Chica.

Arrof y Tigrotín. Guarnecidas por la 4ª del 2º de África al mando del capitán Aguilera, recibieron el 22 el último envío de agua, traída de Monte Arruit, el 23 vieron incendios en Arruit y fueron atacados el 24. Se defendieron hasta el día 30 en que, agotados, decidieron evacuar la posición, y al amparo de una tormenta salieron de ella por la noche, llegando hasta un aduar que creyeron era una posición francesa. Allí los sorprendió un grupo de cabileños que dispersaron a unos y otros quedaron prisioneros para más tarde entregar una parte de ellos en la posición francesa.

Sidi el Bachir. Defendida por un oficial y veintiocho hombres. También se defendió hasta fin de mes en que el teniente García Rodríguez decidió salir por Arrof para unirse a su capitán, encontrando aquélla evacuada y ocupada ya por los moros, que los atacaron, muriendo el teniente y el sargento así como muchos soldados al intentar huir.

Karn Slacha. Era un puesto de policía al mando del teniente López García Barzanallana, que, traicionado por los policías, fue hecho prisionero en el mismo fuerte.

Hassi Berkan. Posición abierta enclavada en un hoyo, con almacén de víveres y enfermería. Permanecían allí cuatro de Ingenieros, telegrafistas, dos soldados de Intendencia, un sanitario, los escribientes y asistentes peninsulares de la mía y el personal civil contratado para el servicio de almacén y enfermería. La guarnición la formaban unos veinte policías mandados por el teniente Casado. Fueron atacados por los rifeños el día 24 y la policía no solamente hizo deserciones sino que colaboró en el ataque. Murió el oficial y todos los europeos menos uno.

Zaio. Posición también abierta, con una torreta de fábrica de dos plantas y azotea aspillerada para el telégrafo. Contaba con dos barracones, dos casas y depósito de Intendencia; era la cabecera de la primera mía de policía y la guarnecía una sección de Ceriñola al mando del teniente Balmaseda.

El 23 conocieron los sucesos de Annual por el capitán de la policía, que había regresado de Batel, empezando así la alarma y la deserción de la policía. El 24 supieron del asedio de Zeluán y el 25 tuvieron noticia de la pérdida de Hasi Berkan y que los moros se dirigían al Zaio, por lo que el capitán dispuso la evacuación al Zoco el Arbaa de Ardad, yendo después a la plaza por la Restinga.

Zoco el Arbaa de Arkeman. Era un poblado de europeos sin carácter defensivo. En él y con los paisanos se acogieron los del Zaio toda vez que los policías se habían marchado.

Nador. Otro error más en el territorio melillense, Nador, situado al pie del monte Gurugú, en la orilla del Mar Chico y verdadera cabeza de comunicaciones generales del territorio, por cuyas características se convirtió en una importante población, se descuidó de tal manera que, cuando sufrió el ataque, solamente contaba con una defensa compuesta por la policía militar de la Brigada Disciplinaria, una sección del Regimiento de Ceriñola, un puesto de la Guardia Civil y un destacamento de la policía indígena; en total, doce jefes y oficiales y unos ciento sesenta de tropa, a los que había de descontarse a algunos jefes y oficiales que, permisivamente, se les había concedido la posibilidad de residir en Melilla, así como los desmoralizados de la clase de tropa por los poco gratificantes destinos. Con este escaso contingente había que defender una extensión considerable que incluía el gran contorno del poblado, las lomas de Nador, el reducto, el fortín de Arbós, las aguas de Mar Chica y la red de comunicaciones con Melilla y Zeluán.

El día 22 de julio, el capitán Ortoneda, de la 2ª mía, habló por teléfono con los jefes de la cabila los cuales, en un principio, le dijeron que se mantendría fiel si el resto de las vecinas no se sublevaban. En el 23 por la tarde ya se mostraban más reservados en cuanto a fidelidad se refiere. Acto seguido se puso en contacto con el comandante Almeyda, a la sazón comandante militar eventual del cantón, y se pidió a Melilla la salida de la población civil si no recibían refuerzos. El comandante militar del cantón, teniente coronel Francisco Pardo Agudín, de la Brigada Disciplinaria, no residía habitualmente en Nador y tuvo que ir, como lo hacía ordinariamente, el 23 por la mañana.

Comenzó a pasar a Nador el éxodo de los fugitivos de las primeras y destrozadas líneas, con la natural alarma de la población civil, no tanto por las noticias por cuanto por el estado en que llegaban las dispersas fuerzas y por la aglomeración de habitantes del interior.

El mismo 23 por la mañana, se le encomendó al teniente Fresno de la Guardia Civil la vigilancia del servicio de trenes, en cuya misión hubo de descender de los vagones a viva fuerza a muchos soldados. Por la noche protegió la iglesia. También, a las mismas horas, entraban personal y ganado para la artillería y de otras armas, que siguieron hasta Melilla. Grupos dispersos continuaban llegando, a los que no se pudo contener allí, para la defensa del poblado de Nador. En la mañana muy temprano del 24, el toque de llamada efectuado por los de la Disciplinaria desde el campanario de la iglesia produjo en el vecindario una enorme alarma y en tropel se dispusieron a marchar a Melilla, camino que tuvieron que recorrer a pie por estar paralizado el servicio ferroviario, siendo tiroteados en el trayecto por los moros.

Nador quedó aquellos días ocupado por malandrines, por cuanto si se hubieran entregado armas a los paisanos se hubiera podido expulsarlos así como la guarnición hubiese podido defender la plaza por más tiempo, a la espera del auxilio que se había solicitado. 

(Continuará...)

Foto: El caíd Ben Che-lal, el rifeño sentado con ropaje listado le salvó la vida al general Navarro.

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