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El desastre de Annual XIV

Historia


Zeluán.  El 22 de julio, la guarnición la componían una sección de veinte hombres del Regimiento de Ceriñola, los pequeños grupos de ingenieros para el servicio de telegrafía, y de Intendencia y Sanidad; un cabo y cuatro guardias civiles, y un oficial con diecisiete policías. En total, seis oficiales y cincuenta y ocho de tropa, cuya exigua fuerza aumentó en los días 23 y 24 de julio con el desmoralizado, fugitivo y enfermo personal que, a viva fuerza, había sido detenido durante la huida desordenada subsiguiente a la pérdida de Annual, y que en conjunto dieron un total de treinta y ocho oficiales y cuatrocientos cuarenta y cuatro individuos de diversas armas y cuerpos, de ellos ciento veinticinco del Regimiento de Alcántara, de los que según dictamen médico había útiles para el servicio a lo más doscientos hombres.

Había también veinte policías de fuerzas indígenas, que fueron encerrados por no inspirar confianza alguna, dos kaídes y ciento cuarenta soldados de Caballería de Regulares, de los que se sublevó un escuadrón y marchándose un grupo indeterminado de hombres. Pero como no ofrecía ninguna confianza toda esa tropa, los restantes  fueron enviados aquella misma tarde a Melilla con el capitán Margallo, el teniente Carvajal y los alféreces Bermejo y Tomaseti, teniendo que abrirse paso a tiros porque ya el enemigo rodeaba la alcazaba. Tomaseti murió en la retirada de esta fuerza.

La alcazaba quedó sitiada, manteniendo el enemigo su hostilidad, además de impedir el surtido de agua, cuya cañería que abastecía a la Alcazaba la cortó el día 25; por ese motivo hubo necesidad de llevar agua del río, lo que causaba muchas bajas, y a veces volvían de vacío. En los últimos días, esa agua contaminada con los cadáveres de personas y animales en descomposición resultaba muy peligroso beberla.

Cerca de la Alcazaba se situaba el aeródromo, cuya guarnición era de tres sargentos y cuarenta y tres soldados de Aviación y de otros cuerpos. Fue reforzada con treinta soldados del Regimiento de Alcántara al mando de un alférez de complemento apellidado Maroto; también se encontraba allí de servicio el teniente observador Martínez Vivancos y otro alférez de Ingenieros, de las tropas de Aviación. Comenzaron a ser atacados la noche del día 23 y quedó cortada la comunicación con la Alcazaba. Se defendieron con variable intensidad hasta el 2 de agosto, sin tener enfrente a un poderoso enemigo hasta el último día. En la defensa se produjeron cuatro muertos y seis heridos, ocasionándose el mayor número de bajas: quince en un departamento que contaba con treinta hombres, en los convoyes a la Alcazaba para llevar municiones y víveres, servicio hecho por los de Caballería. En los días finales tuvieron que comer carne cruda de los caballos muertos.

El día 2 de agosto por la tarde, un jefe moro con bandera blanca se acercó a la posición seguido de un grupo. El teniente Vivancos ordenó cesar el fuego y bajó con los otros oficiales a parlamentar. Entretanto, irrumpieron los moros en el aeródromo y cogieron prisioneros a todos. Al día siguiente, la Alcazaba se rendía, tras lo cual les dejaron a los del aeródromo marchar por el llano y en cuyo trayecto los persiguieron y mataron a todos a tiros y a golpe de gumía.

Mientras tanto, la Alcazaba proseguía su defensa hasta el 2 de agosto en que, en una reunión de oficiales presidida por el capitán Carrasco, se acordó la rendición atendiendo al hecho de haber sufrido cien bajas entre muertos y heridos, hallarse las fuerzas agotadas y haber autorizado el alto comisario la capitulación toda vez que el socorro era materialmente imposible. Acordado esto, salieron el capitán Carrasco y el teniente Fernández hablando con los jefes moros y convinieron que, una vez entregadas las armas, los dejarían salir libremente para Melilla, llevándose también a los heridos. El capitán Carrasco, suspendido el fuego para parlamentar, accedió a que salieran de la Alcazaba más de cincuenta moras con niños de las familias de los policías.

En la mañana del día 3 de agosto, Carrasco dispuso la entrega del armamento y la salida de la tropa; pero antes de hacerlo entró tumultuariamente un grupo de moros que en un tris se dio al saqueo, incendiando la enfermería, persiguiendo a todos y tratando de hacerles entrar en el patio, por lo que, sorteando el peligro que presentían, huyeron hacia Nador siendo tiroteados y muertos en la escapada.

Un soldado, al que los moros le obligaron a volver para registrar los cadáveres y entregarles lo que éstos llevasen encima, refirió que un grupo rodeó al capitán Carrasco y al teniente Fernández, les ataron los brazos a la espalda, les taparon la boca y los mataron a tiros para después quemar los cuerpos.

Durante el asedio de la Alcazaba destacó el hecho censurable de la venta de víveres a cambio de dinero realizada por el auxiliar de Intendencia Lompart.

Continuará...

Foto: Tropa en la posición de Zeluán
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