La Opinión de Cuenca

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Mazarulleque, la pequeña y desconocida joya del Valle de Altomira

Cultura


¿Mazaruqué? Mazarulleque. No sé si le sonará este nombre tan exótico de esta población de la Alcarria conquense o lo habrá oído alguna vez. Quizá piense que esta localidad del municipio de El Valle de Altomira no tiene atractivo alguno y no merece la pena desviarse para visitarla, pero sepa que si cree eso no está en lo cierto. En un territorio tan extenso como el conquense, pensamos que ya hay muchos atractivos turísticos como para ‘perderse’, pero lo cierto es que Cuenca tiene tantos rincones interesantes que la lista se hace interminable.

Mazarulleque podría ser uno de esos sitios que pocos conocen, que no aparecen en las guías básicas de turismo y del que se habla poco. No obstante, esta población de cerca de 100 habitantes ofrece mucho más de lo que nos pudiéramos pensar. Para llegar a Mazarulleque desde la capital conquense, podemos ir en coche por la CM-2019 hasta Huete, coger la CM-2025 en dirección a Garcinarro y desviarnos allí, por la CM-2000, hacia la localidad. O bien tomar la autovía A-40 hasta Carrascosa del Campo y subir hasta Huete por la CM-310. En todo caso, el desplazamiento no nos llevará más de 50 minutos.

De entrada, lo primero que se aprecia de esta pequeña localidad de rimbombante nombre es que se asemeja a muchos pueblos tipo de esta comarca alcarreña. Es decir, sus antiguos pobladores se agruparon en torno a un cerro de roca arenisca, edificaron en su cumbre un bastión o casa-fuerte para defenderse y excavaron su interior para protegerse. De generación en generación, muchos de aquellos habitantes hicieron uso de las casas-cuevas como vivienda y, tras edificar en torno al cerro, transformaron las pequeñas grutas en bodegas donde procesar el vino año tras año.

En el propio núcleo, en torno al Cerro del Castillo, sorprende la disposición de las casas que se han ido acondicionando, en la mayoría de los casos añadiendo las antiguas cuevas que se excavaron en la roca. Ejemplo de ello es la Casa de la Memoria, un museo fiel de muros anchos que expone enseres de todo tipo, propios de la comarca alcarreña, y que muestra cómo vivían sus habitantes no hace tantos años. Además de moverse por sus estancias, la casa-cueva cuenta con un interesante mirador desde el que se otea buena parte de la Sierra de Altomira.

Será interesante pasear por sus empinadas y bonitas calles, buscar el cobijo de la sombra si el sol abrasador hace mella y recorrer las cuevas encaladas –cerca de una veintena– en una de las estampas más bonitas de ver en la zona. Gracias a la rehabilitación integral que se hizo hace unos años, al impulso del Ayuntamiento pedáneo y a la asociación cultural de la localidad, no solo se ha logrado recuperar muchas de las antiguas cuevas sino que se ha logrado rehabilitar un patrimonio que podría haberse perdido irremediablemente.

Otro de los espacios que no debe perderse es la Iglesia de San Martín Obispo (siglo XVI). Un templo de grandes dimensiones que da cuenta de la importancia que tuvo esta población, cuando abastecía de cereal o de aceite a la pujante capital de España, a escasos 100 kilómetros en línea recta. Tras desacralizarse, un famoso escultor madrileño adquirió el gran espacio para asentar su taller pero, al parecer, los continuos ruidos que se producían en su interior acabaron por causar miedo y ‘obligar’ al artista a trasladar su improvisado atelier. Después llegaron las décadas de abandono y su progresivo deterioro, hasta que la osada y orgullosa asociación de vecinos decidió tomar cartas en el asunto y adquirir el inmueble a la familia del escultor para tratar de recuperarlo y añadirlo a su patrimonio. En ello están.

Además, si le gusta el senderismo, una ruta le lleva hasta la ermita de Nuestra Señora de Altomira –antigua casa de templarios y convento de Carmelitas posteriormente–, en lo alto de la sierra montañosa que lleva idéntico nombre. Desde allí se tiene una vista muy extensa del cerro y de muchos kilómetros a la redonda. En estos días pasados, concretamente el primero de mayo, los vecinos de Mazarulleque celebran una bonita y tradicional romería hasta la coqueta capilla.

El vino

Como en muchas de estas localidades de la Alcarria, caso de Albalate de las Nogueras o de Torralba, los ‘mazarullequeros’, desde tiempos inmemorables, han elaborado vino para su propio consumo. Hoy en día, muchas de estas cuevas albergan grandes tinajas de barro –fabricadas en la Mancha–, en las que depositar el caldo que fermentará con los meses. De ahí se extrae un rico vino que ameniza, a buen seguro, muchas reuniones familiares y vecinales.

Pero si de vino hablamos en Mazarulleque, no podemos olvidar la visita a la artesanal bodega ‘Vinos Altomira’. En poco tiempo, desde prácticamente el final de confinamiento, esta pequeña empresa familiar se ha hecho un hueco entre los vinos de autor de la provincia y, seguramente de Castilla-La Mancha. Su buen hacer también les coloca entre los caldos sin aditivos que se elaboran a modo tradicional en el país y, de hecho, ya están presentes en las cartas de muchos restaurantes de prestigio. La buena noticia es que sus gerentes –Maribel y José Manuel–, amables, acogedores y hospitalarios, organizan visitas cada fin de semana previa reserva. Por un módico precio, se realiza una visita turística a la localidad y a las cuevas y, posteriormente, se realiza una cata de los diversos vinos que elaboran. Prueben uno dulce. Ciertamente está delicioso.

Texto: José Julián Villalbilla

Imágenes: Patrimonio histórico y cultural, cuevas y vino, confluyen en esta pequeña localidad de La Alcarria conquense que tiene mucho que ofrecer

 
 
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