La Opinión de Cuenca

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Me siento mutilada

Actualidad


Hay acontecimientos en la vida, que por el impacto que causan en las personas, hacen aflorar sentimientos que permanecían dormidos. Después de asistir a la llegada del “Tren Turístico Río Huecar” y pensar que esa podría ser la última ruta a realizar quedando aparcada para siempre la vía hasta Valencia, no pude evitar sentirme embargada de una gran emoción e impotencia. Se han despertado en mí sentimientos de añoranza, nostalgia e indignación, que han dado lugar, a pesar de no dedicarme a escribir, a que no pueda evitar quedarme con esta espina clavada y no manifestar mi forma de pensar y proceder al considerar el gran desacato que pretenden cometer con Cuenca y sus pueblos (¡uno más!). 

Explico mi valoración y el porqué de mis sentimientos… A los 20 años por motivos profesionales comencé a utilizar este tren con asiduidad, cosa que he seguido haciendo casi hasta el final de su funcionamiento. 

No tengo por menos que decir, que a lo largo de esos años habría para escribir un libro de  “Sonrisas y Lágrimas” pues de todo ha habido en la viña del Señor…Hemos pasado de todo, cuando digo “hemos” me refiero a todas las maestras que hacíamos esa ruta. Pasábamos mucho frío y gracias a sus revisores amables y humanos que intentaban calentar los vagones, se hacían más llevaderos los viajes en las madrugadas de crudos inviernos. Había jefes de estación dispuestos a ayudarnos y estaban pendientes de si bajaban o no, las personas que debían finalizar su ruta. ¡Qué maravilla de profesionales los que de una manera u otra trabajan en la RENFE!.

Otras de las cosas que sucedían con frecuencia en estos trenes eran las averías y retrasos. Esto hacía que a veces pasásemos hasta hambre y los viajeros de los pueblos, que se las sabían todas, viniesen preparados con sus merenderas (las recuerdo de porcelana), con sus tortillas de espárragos o de patata y torreznos de jamón fritos que exponían sobre sus mantelitos de cuadritos con primorosos remates de ganchillo ofreciendo ante nuestros desorbitados ojos, que ya acusaban el apetito por el retraso de tren, acompañados de aquellas hogazas de pan y la bota de vino pisados por ellos mismos en su jaraíz y obtenido de las viñas que abundaban por aquellos pueblos:

 -¿Quieren  “ustés” comer con nosotros?
- Hala, que aquí hay “pa tós”.

Por supuesto, que en algunas ocasiones sucumbíamos ante tan exquisitos manjares. Este tren se prestaba a la convivencia entre los viajeros, se hacían amistades, se hablaba de todo e incluso a veces se fraguaba alguna pareja de novios. Se transportaba lo indecible, unos traían su bici, otros la cocina, algunos a su perro que se colocaban en el vagón pertinente. Había un ambiente entrañable, especial y siempre estábamos  protegidos por una pareja de la Guardia Civil.

La vida de los pueblos por donde pasaba el tren, giraba en gran parte en torno a este medio de transporte, desde los numerosos empleados que trabajaban en él, hasta el comerciante, estudiante, jornaleros, amas de casa que compraban en Cuenca y un largo etcétera. El tren arrastraba sus vagones llenos de gente cargada de maletas, enseres y cachivaches, unos durmiendo, otros soñando con resolver sus problemas, otros llenos de ilusiones y buscando un futuro mejor.

Los años pasaban, sus vías empezaron a precisar arreglos, renovaciones y maquinaria actualizada. Nuestros políticos empezaron a ignorar a sus pueblos y al tren; este gran tren de la vida de Cuenca comenzaba su agonía. Sus vagones antes repletos de viajeros  se iban quedando vacíos, no obstante había personas que seguíamos adictas a él, una de esta personas he sido yo. Con gran satisfacción y orgullo puedo decir que me he mantenido hasta el final. Me han preguntados muchas veces: “¿Pero cómo aguantas tanto tiempo en el tren?”. Sencillamente las personas que no viajan en él, aparte de tener  muchas prisa, es que carecen de capacidad para valorar la riqueza que hay en este trayecto Cuenca-Valencia. Valor paisajístico incalculable, hermosos pinares, paisajes Kársticos, monte bajo, plantas olorosas, poblados de ganadería brava, ciervos, gamos, conejos…Todos ellos huyen despavoridos ante los feroces silbidos del tren entre el matorral de jaras, tomillos, romero. Se cruza por hermosísimos puentes, donde da la sensación de ir en volandas sobre las aves que normalmente surcan los cielos: águilas, milanos, gavilanes…De vez en cuando entras en oscuros túneles para luego ver la luz del sol, cuyos rayos con numerosos destellos se intercalan entre los frondosos pinares.

Estos momentos de relax y recreo paisajístico los he intercalado con momentos de lectura cuando el trayecto era más anodino (¿han experimentado esto alguna vez, señores políticos?). Poco a poco se dejaban los pueblos y parajes conquenses para entrar en los valencianos, las jaras y romeros se tornaban en hermosas plantaciones de naranjos y limoneros, llegaba la deslumbrante luz, el olor a azahar, el paso por el portillo de Buñol con profundos despeñaderos, abrupto paisaje, hasta llegar a Valencia, con su hermosísima estación, limpia, restaurada…propio de personas que valoran lo suyo; al igual que ocurre en Huesca, con su preciosa estación en el centro de la ciudad, o Teruel, una auténtica tacita de plata con sus elevadores construidos ya desde hace años.

Señores políticos de Cuenca, salgan de su mediocridad y desidia y de una vez por todas miren a Cuenca y por Cuenca porque lo de hoy es ir contra Cuenca. Quiero exponerles lo incapaces que son de valorar esta vía. Además estoy convencida de que no la conocen, que padecen ustedes una total ignorancia y esto en un gobernante es muy grave.

A lo largo del trayecto hay pueblos donde además de necesitar el tren tienen una gran riqueza artística, arqueológica y cultural; ¿Por qué no aprovechan todo esto en cada uno de ellos? La Melgosa, Carboneras de Guadazaón, Cañada del Hoyo, Arguisuelas, Cardenete, Víllora, Enguídanos, Narboneta,…Todos tienen una gran riqueza cultural que mostrar y…me he dejado para el final mi querida Yémeda, donde comencé a ejercer como maestra, pueblecito blanco, cuidadísimo, de buenas gentes, con su serpenteante río Guadazaón poblado de cangrejos, barbos y truchas, “en cuyas aguas se reflejan los rayos del sol como si fueran flechas lanzadas desde el azul del cielo” (así lo describía un alumno). Tiene preciosas rutas de senderismo y sobre todo sus aguas sulfurosas en cuyo balneario espero poder bañarme si los políticos conceden las ayudas necesarias para rehabilitarlo y poder disfrutar de él.

Sigo saboreando mi viaje  hasta llegar a Camporrobles donde los vagones empiezan a llenarse de viajeros para llegar a la ciudad de la luz y la alegría, que con el buen hacer de sus gobernantes, han sido capaces de convertirla en una ciudad cosmopolita. No me resigno a hablar del pasado y quiero que este tren de la vida de Cuenca y sus pueblos se reanude con vagones repletos de alegría, optimismo y futuro, miren por nuestra juventud que no tienen más remedio que emigrar, miren por las castigadas gentes de Cuenca y de sus pueblos.

Señores políticos, dejen a un lado la mediocridad, los intereses creados, la codicia, y llenen sus valijas de amor por Cuenca comenzando a recuperarla desde sus cimientos, pongan los pies en la tierra y así podrán ver sus calles sucias,  llenas de baldosas rotas que hacen que vayamos dando continuos traspiés, sus comercios tristemente cerrados…

El día de san Julián los vi muy cumplidores oyendo misa en la catedral (cosa que me parece estupenda), pero… ¿Alguno de ustedes ha subido a la ermita andando? Háganlo por favor, para que vean como está el camino y procuren no caerse.

Les invito a pasear por TODAS las calles de la ciudad: ¡Qué VERGÚENZA! Todas las fachadas llenas de gurrapateles! ¿Es que no tiene ojos? Me hace gracias que con este desolador panorama pretendan hacer maravillosas rotondas y jardines en los terrenos del tren ¿Pero es que tampoco saben que no tenemos niños y que la población de Cuenca no para de decrecer? Qué desfachatez que los ciudadanos les tengamos que hacer ver estas cosas…¡CONSERVEN Y RENUEVEN LO QUE TIENEN!

Les ruego dediquen unos muros para los “garrapateadores” y grafiteros y en estos den libertad a sus dotes artísticas, pero no en  las fachadas que  los vecinos  pagamos con nuestro dinero.

Ya puestos ya, ocúpense por favor de dar utilidad a ese Bosque de Acero, hagan por ejemplo un maravilloso museo como nuestra ciudad merece. En Cuenca tenemos maravillosos artistas, el Museo de Prado  tiene infinidad de obras en sus sótanos: ¡negocien, tráiganlos, restáurenlos! Así darán trabajo a nuestros estudiantes de Bellas Artes.

Ya ven si hay cosas que arreglar y resolver, déjense de engaños y milongas, por favor, basta ya de destruir y dejar morir. En este momento es el tren Cuenca-Valencia, ya nos engañaron con el Ave…han ido destruyendo Cuenca poco a poco, ha perdido su esencia, pero… ¡eso sí! la han llenado de fachadas de mármol, granito y escaparates vacío: ¡Qué pena!

Han conseguido una ciudad sucia, triste y decrépita…Personalmente con sus intentos de supresión de la vía del tren me siento mutilada, no escuchan a la gente de Cuenca, a sus pueblos, no atienden sus necesidades y es que da la sensación que piensan que los conquenses no tenemos capacidad de observar, analizar, deducir y valorar para llegar a la conclusión de la inoperancia y desidia que Cuenca padece. Todo esto me hace recordad a don Miguel de Unamuno cuando decía: “Me duele España”, pues señores políticos a mí “me duele Cuenca”.

¡VIDA A CUENCA Y SUS PUEBLOS!!

¡NO A LA MUERTE DE NUESTRAS INDUSTRIAS Y TRENES!!

Texto: Mª Carmen Ramírez


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