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Molinos de Papel, el desprecio a su historia y patrimonio

Actualidad


A finales de febrero del año 2018, la Fundación Señores de la Cuba y Clemente tomaba una dura decisión. Ante la imposibilidad de cumplir con sus objetivos por falta de dinero, se veía obligada a extinguirse. Un año más tarde, en abril de 2019, la Vicesecretaría de Administración Local y Coordinación Administrativa de la Junta de Comunidades ratificaba esa disolución y, con ella, el término de una organización centenaria, que comenzaba su andadura el 12 de julio de 1895, en Madrid, ante el notario Don Darío de la Bugallal y Araujo.

La delicada situación sobre todo de los bienes de la Fundación no pasaba desapercibida para la Diputación de Cuenca. El presidente en ese momento, Benjamín Prieto, se dirigía por escrito en abril de 2018 al obispo de la Diócesis, monseñor Yanguas, para transmitirle la disponibilidad de la institución a recibir los bienes y derechos de la Fundación una vez que se proceda a la extinción y liquidación de la misma. El responsable provincial destacaba, en esa misiva, la labor que llevaba realizando la institución durante los últimos siete años, le traslado el compromiso con que los fines de la Fundación permanecerán vigentes en los proyectos que la Diputación desarrolle en los edificios y lugares que son de su titularidad, redundando en la prosperidad de la provincia y bienestar de sus habitantes.

Y así sucedía. En junio de 2019, Prieto y monseñor Yanguas firmaban ante notario el traspaso de los bienes de la Fundación Señores de la Cuba y Clemente. La institución ampliaba sus propiedades y responsabilidad con la provincia haciéndose cargo de otra importante parte del patrimonio y de su historia esta vez a unos pocos kilómetros de la capital, en el término municipal de Palomera. Más de dos años después de hacerse efectivo este compromiso, y con la llegada de la corporación que preside Martínez Chana, Molinos de Papel, los edificios históricos bajo cuyo cobijo se impulsó empleo y desarrollo, se impartió enseñanza y se gestaron obras de caridad, permanecen a la espera de que se acometa su recuperación. Por cierto, y en este sentido, hay que recordar que Molinos de Papel es una pedanía de la localidad de Palomera cuyo alcalde, Santiago Gómez, pertenece al actual Equipo de Gobierno de la Diputación y quien no se ha pronunciado, por el momento, al respecto del injustificable retraso en acometer obras en estos estos edificios que eviten el peor de los desenlaces, que no es otro que su desaparición.

Los bienes que son de la Diputación

Mediante un decreto firmado en junio de 2019, la Diputación de Cuenca pasaba a recibir el resto del Patrimonio fundacional saldo en cuenta bancaria, Casa Palacio y todas las propiedades de la Fundación, habida cuenta de que esta institución provincial podría, como manifiesta en carta de compromiso dirigida, que se adjunta a este acta, comprometerse con los fines fundacionales y hacer que estos permanezcan vigentes en los proyectos futuros que la Diputación Provincial desarrolle en los edificios y lugares ahora de titularidad de esta Fundación.

A continuación, en el mencionado documento, se detallaban los bienes inmuebles urbanos añadidos al patrimonio provincial, entre ellos la parte residencial e industrial de la fábrica y polígonos dedicados a huertos y jardines, además de algún tramo de carretera.  En total una decena de inmuebles entre los que se encuentra la antigua casa-palacio de los Señores de la Cuba y Clemente, declarada Bien de Interés Cultural, y la docena de fincas rústicas que suman una superficie total de 15,5 hectáreas. La capilla-panteón, donde reposan los restos mortales de los creadores de la Fundación, pasaba a manos de la Diócesis de Cuenca. Los edificios de Molinos de Papel se sumaban, gratuitamente, a anteriores y recientes adquisiciones por parte de la Diputación, como el complejo de la Laguna de Uña o los conventos de Santo Domingo de Guzmán de Huete y el de los Padres Franciscanos de San Clemente. Uno de los puntos importantes que motivaban a la Diputación a impulsar este enclave era, sin duda alguna, su cercanía con Cuenca y encontrarse en una ruta muy frecuentada, sobre todo por turistas, además de por paseantes y ciclistas. 

Una historia al servicio de Cuenca

La Fundación fue declarada como Benéfico-Docente-Particular por un Decreto del Ministerio de Gobernación en febrero de 1904. Entre sus fines se encontraban los de arbitrar los medios para dotar la niñez y juventud de Molinos de Papel, Palomera y Cuenca de los medios de instrucción básica, formación profesional y hasta superior, si concurren capacidad intelectual y falta de medios. También suplir la carencia de trabajo a obreros y labradores de Molinos, Palomera y Cuenca con subsidios de trabajo promovido por la Fundación. Enseñanza y ayuda económica para tiempos difíciles, dos conceptos actuales que los señores de la Cuba y Clemente tuvieron muy presentes en sus vidas y que, de forma generosa y altruista, quisieron compartir con sus vecinos conquenses y de acuerdo a los tiempos en los que les tocó vivir, principios del siglo XX. ¿Es lógico que las instituciones, en este caso Ayuntamiento de Palomera, municipio al que pertenece Molinos de Papel y la Diputación dejen que se olvide y pierda todo este legado? Hay que recordar que precisamente en esta zona se sitúan las construcciones papeleras más antiguas de la provincia y que se conservan restos, incluso, que datan del siglo XVII.

La familia

Intentar desglosar toda la trayectoria de la familia Clemente de Aróstegui en Cuenca, es una ardua tarea. Nuestro compañero Julián Recuenco lo consigue en su blog en el que, a través de un magistral artículo, nos acerca a su apasionante historia y a sus componentes. Cuenta el autor como, procedentes de Villanueva de la Jara, miembros de la familia se establecen en Cuenca a mediados del siglo XVIII, la misma rama del linaje que terminaría por transformarse en los Cuba por falta sucesiva de herencia masculina, y que llegaron a fundar, en la centuria siguiente, un panteón familiar y una fundación educativa en el enclave cercano de Molinos de Papel. Una rama del linaje familiar, en fin, que arranca de uno de los hermanos del propio Alfonso Clemente de Aróstegui, quien había heredado el mayorazgo que la familia tenía en ese pueblo de la Manchuela: José Clemente de Aróstegui y Cañabate.

Religión, un prelado doméstico del Papa Benedicto XIV, un tesorero de la Catedral de Toledo, que llegó a ocupar la mitra de Burgo de Osma, un arzobispo y virrey en Méjico, militares, terratenientes y ganaderos, matrimonios y numerosa descendencia, entre ellas mujeres decididas y destinadas a ponerse al frente del patrimonio familiar como Quiteria Antonia Salonarde y su hermana Ana Josefa, componen un capítulo importante de la historia de Cuenca, digna de ser contada y falta de difusión que la haga más conocida.

En su texto, Julián Recuenco nos lleva hasta María Josefa Rita, única hija de Antonio José Clemente de Aróstegui quien firmaba en mayo de 1803 un poder para los procuradores de la Real Chancillería de Granada, por un asunto relacionado con “los molinos del ingenio de hacer papel, sito al margen del río Huécar, jurisdicción de esta ciudad”. Se trataba de la fábrica de papel que se hallaba en la aldea conocida precisamente con el nombre de Molinos de Papel, que formaba parte del vínculo que había fundado su bisabuela, Quiteria Antonia Salonarde, y que antes de ella habían disfrutado tanto su padre como su abuelo. Años más tarde contraería matrimonio con Félix de la Cuba Aguirre donde nacería la heredera universal de todo el patrimonio familiar, Gregoria de la Cuba y Clemente, incluidos también los molinos de papel de la ribera del río Huécar. En el lugar, junto a su casa familiar, fundó un importante panteón, en el que ordenó enterrarse, junto a sus padres y hermanos. Fundó también una escuela para niños, pero ahí no terminó su labor filantrópica: entre otras facetas de su importante labor benéfica, pensionaba a artistas jóvenes sin recursos, concedía dotes a doncellas humildes, y entregaba sus haciendas a los campesinos pobres, a cambio de una renta muy pequeña, bastante inferior al valor de las contribuciones. Falleció el 3 de noviembre de 1896, y fue enterrada, tal y como era su deseo, en el panteón familiar que ella misma había mandado construir en Molinos de Papel. En el interior del edificio se conservan algunos cuadros importantes del pintor madrileño Manuel Domínguez Sánchez, quien fallecería en Cuenca en 1906, durante una visita a su amigo, José Cobo, y está enterrado en el cementerio municipal de la ciudad, relata Recuenco. 

¿Y ahora, qué?

Habitual pregunta cuando se trata de la conservación tanto del patrimonio como de la historia que trae aparejada. Hace dos años que la Diputación es la propietaria del complejo de Molinos de Papel. Cualquiera que se acerque hasta este enclave puede comprobar su singularidad y comprender la importancia que tuvo hace años. Monumentalidad y naturaleza se funden en medio de casas de colonos que, con cariño y mimo, cuidan como pueden del lugar y de sus huertos. Mirar para otro lado, obviar la realidad no es una solución como tampoco anunciar proyectos de futuro desatendiendo el presente. Mientras tanto, doña Gregoria de la Cuba y Clemente observa desde su estatua en el céntrico parque de San Julián, como de aquello por lo que luchó de forma visionaria, dotar de tejido industrial a Cuenca con su fábrica, promocionar la educación y becas, ayudar económicamente a los desempleados y promover obras de caridad apenas queda ya nada y tampoco de su memoria, la de una mujer emprendedora y comprometida, castigada a un olvido y falta de reconocimiento incomprensibles.

Texto: AGA

Fotos: Imágenes de Molinos de Papel, de la fábrica, molino, iglesia y entorno natural. 

 

 
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