Decía el poeta Yeats en el poema “Navegando a Bizancio”: No es país para viejos. Los jóvenes allá gozan en mutuos brazos, y en las ramas los pájaros?esas generaciones moribundas? no dejan de cantar. Y mira que lo siento, pero España no es un país para médicos. Realmente no es un país para profesionales que saben del gran esfuerzo que ha costado su formación, sus idiomas, sus másteres, y ven que han de ser empleados precarios, mientras muchos políticos medran en este país con sueldazos.
Un jovencísimo catedrático de Genética en una universidad londinense, que acompañaba a su madre a la consulta, me lo decía hoy: A España sólo vengo de vacaciones. Y lo han logrado, somos el centro recreacional de Europa. Pero los que determinaron que nuestro país fuera un gran bar no cayeron en algo. Las personas enferman y siempre será necesario un médico. Como había un pool de médicos sobrantes, se han dedicado desde hace 40 años a maltratar a los profesionales, y ahora, que el 20% de los médicos tiene más de 60 años y cada año emigran unos 3000 médicos, no les salen las cuentas.
Tampoco tienen intención de tratar mejor a los médicos. Que se van, ya vendrán extracomunitarios. No señores dirigentes; quien ha emigrado no le importa emigrar 1000 Km más al norte, donde pagan la guardia hasta a 4000 euros. Los británicos han exigido una subida de salario del 30% o se ponen en huelga.
Algunas comunidades autónomas empiezan la puja para atraer médicos, sobre todo de Atención Primaria, y a las zonas menos atractivas. Pero es tarde. Los jóvenes no son como nuestra generación de boomers, maltratados y acostumbrados a recibir humillaciones, desprecios e insultos.
Leo hoy como una compañera se queja de los letrados de la Administración que les han difamado, por querer que se reconozca como accidente profesional que se contagiaron de Covid19 en la primera ola atendiendo pacientes, y no comprando el pan. ¡Qué poco aplaudieron esos letrados a los profesionales sanitarios! Olvidé que saben más de medicina que nosotros, y que en los juicios nos diagnostican de todo, y de nada bueno. Sus 5 años de carrera les permiten saber más que los 11 años de un médico. Allá ellos y su conciencia, si es que la tienen, porque los 112 médicos fallecidos por Covid19 durante la pandemia, también debieron contagiarse yendo a comprar el pan, mientras estos letrados tan lenguaraces estaban descansando en su casa, durante el confinamiento.
Pues sí, estamos actualmente en la séptima ola, con 13 fallecidos diarios de media y las urgencias saturadas, porque al desmantelar la Atención Primaria, los pacientes acuden a las urgencias hospitalarias y claro, se les ha de atender sin demora, y por las famosas necesidades del servicio, se les aumentan las guardias a los residentes, se les impide coger las vacaciones a los médicos y cuando vuelves te esperan todos los que aún no han sido atendidos.
Sigan usando las mascarillas en sitios cerrados, si tienen familiares vulnerables. La gente sigue enfermando por Covid19, y aunque esta variante Omicron BA5 es menos letal, también es más contagiosa. Vamos, hay que ser responsable y usar también los servicios públicos con responsabilidad.
No puedo entender que me pidan una receta en la farmacia para el paracetamol, y que un menor de 16 años pueda hormonarse, si desea cambiar de sexo, sin decírselo a sus padres. En algún momento deberían haber escuchado a los profesionales sanitarios y no se ha hecho. Deciden leyes tan importantes en el desarrollo de los adolescentes, sin escuchar a los técnicos, o ver qué ha ocurrido en el resto de Europa. En Suecia se suspendió en 2021 el tratamiento hormonal de menores, porque las consecuencias físicas y psicológicas son irreversibles y es necesario que un médico lo valore. Aquí no, y así nos va. No les extrañe que se nos vayan los jóvenes profesionales.
Me gustaría escribir cosas bonitas, por ejemplo, decir que la economía va bien, que la inflación es la que dice el gobierno y no la que dice el descabezado INE, que hacen cosas chulísimas, pero es que cuando escribo, escucho blues. Bueno, llega el verano y este año la cosecha no es mala, y no hay restricciones, salvo las que el sentido común individual nos imponga. Y como dice Bowie en Wild is the wind: “Como una hoja se aferra al árbol; Oh cariño, aférrate a mí.” Feliz verano.
Texto: Cristina Guijarro. (Neuróloga y Profesora universitaria)
Sección: Relatos de pandemia