La Opinión de Cuenca

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Nueva Orleans, Belfast, Canet de Mar

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El Foro lo constituye un aguerrido grupo de personas de distinta ideología y procedencia con el denominador común de la defensa de la democracia, la Constitución y la unidad de España. Entre sus muchas acciones quiero destacar una en un tema que puede pasar desapercibida a la opinión pública, entre volcanes que se apagan y eliminaciones culés de las competiciones fetén; ha publicado esta semana un tweet de esos que son un tratado de comunicación y defensa de la libertad en 280 caracteres. Un tweet sobre el niño de Canet de Mar ilustrado por una fotografía que cuenta la historia mejor que un tratado de ciencia política: la fotografía de Ruby Bridges protegida por agentes federales, acudía al colegio William Frantz Elementary School para romper la segregación racial, para marcar un hito en la historia de la igualdad de todos los seres humanos, para cortar de raíz el argumento del odio.

Sesenta y un años después de que Ruby se enfrentara a aulas vacías y ataúdes habitados por muñecas negras teniendo como única arma la razón y una resolución del Tribunal Supremo de los Estados Unidos declarando ilegal la segregación el mismo año en que Ruby nació, en Canet de Mar una familia, y con ella toda España, observamos entre la estupefacción y la indignación, que la historia se repite. Una familia que ha tenido la “desfachatez” de exigir que se cumpla la ley, hasta ahí podríamos llegar, claman los indepes que hacen de su chantaje presupuestario eslogan y fe de vida.

También en el chat del Foro de Profesores se recordaba el otro día que en el año 2001 las niñas de la escuela Holly Cross, en Belfast, tuvieron que atravesar una jauría de animales salvajes que les amenazaban, insultaban, apedreaban, lanzaban globos con orina e incluso granadas caseras. Niñas cuyo único crimen era ir a su escuela católica atravesando un barrio protestante. Los incidentes más graves se prolongaron durante once semanas. 

Las semejanzas saltan a la vista de cualquier observador medianamente desposeído de prejuicios sectarios. Las diferencias son aún más clamorosas: en Nueva Orleans y el Belfast el gobierno condenó los hechos y protegió a los ciudadanos. Ni supremacistas ni unionistas consiguieron el apoyo de los dirigentes, que renegaron de los hechos de aquellos salvajes. 

En Estados Unidos, el gobierno de Louisiana y el federal insistieron en que se cumpliera la ley y se facilitase la escolarización de Ruby junto con niños blancos. En Reino Unido, John Reid, ministro británico para Irlanda del Norte no dudó en calificar las protestas de bárbaras y pidió que cesaran inmediatamente. Más de 170 policías y soldados británicos fueron heridos protegiendo a las niñas. En Cataluña, el Consejero de la mala educación, Josep González-Cambray, ha acudido a la escuela, no para apoyar a la familia señalada y amenazada, como sería lógico, sino para unirse a los piquetes deformativos, apoyarles y alentarles, como un hooligan más del antiespañolismo casposo de una buena parte de la clase política catalana. Condena con la boca pequeña y se va a reforzar a los que quieren segregar, amenazar e incumplir la ley.

Otro ejemplo lo tenemos con un sujeto llamado Albert Donaire, que no tendría más recorrido si no fuera por su oficio, pagado por todos los españoles, como Mosso d´Escuadra. Este individuo, alentado sin duda por otros intelectuales de su misma categoría, ha escrito en las redes sociales “Aquest nen s’ha de trobar absolutament sol a classe. Les hores que es fan en castellà, els altres nens haurien de sortir de la classe. Reaccionem o ens maten la llengua”. Es fácil de entender, el niño debe sentir la soledad, el castigo que merece por pedir ser educado en español en España.  “Las horas que se hacen en castellano, los demás niños deberían salir de la clase”, continúa con su argumento de bilis y vómito. Luego, eso sí, le entra el canguelo por las consecuencias y matiza, Bildu style, con la boca pequeña y el alma más pequeña aún: “Al nen de Canet, disculpes si he escrit frase que s’ha percebut com a poc afortunada. No era la meva intenció. Per res del món desitjo fer bullying a un nen ni que es quedi sol. Se què és per experiencia”. Se disculpa por si la frase que ha escrito, modo automático, supongo, distanciándose de la autoría de la misma, se ha “percibido” como poco afortunada. No se preocupe el señor Donaire, que nadie la ha valorado como poco afortunada; los suyos la jalean. Los demás, la consideramos repugnante e intolerable.

Y luego, la horda de delincuentes poco presuntos. Porque en estas cuitas estábamos cuando damos el salto y el griterío a los delitos de odio, que deberían denominarse de oído, más bien, porque todo el mundo los interpreta con poco rigor y ciencia. 

En realidad, los delitos de odio son unos delitos en construcción, que deben ser aún perfilados por los tribunales. Existen delitos que contienen móviles discriminatorios, como existe una agravante de cometer el hecho por esos motivos. Y luego está el delito del artículo 510 del Código penal, dentro de los Delitos cometidos con ocasión del ejercicio de los derechos fundamentales y de las libertades públicas garantizados por la Constitución.  Es decir, las conductas que son delitos porque son los intolerables excesos en el ejercicio de esos derechos, traspasando el límite del derecho de los demás. 

El Tribunal Constitucional ha declarado reiteradamente que la libertad de expresión impera incluso cuando la crítica “sea desabrida y pueda molestar, inquietar o disgustar a quien se dirige, pues así lo requieren el pluralismo, la tolerancia y el espíritu de apertura, sin los cuales no existe sociedad democrática”. Y por eso nos tenemos que tragar al cretino, al maleducado y, permítaseme la expresión, al gilipollas. 

A quien no nos tenemos que tragar es al que señala y da ideas, al que incita a aislar a un niño y promociona el absentismo de los demás, negando el derecho a la educación del señalado y de los señaladores; el que invita a los niños a convertirse en instrumentos de la represión y la exclusión. No sé a quién hace más daño con su estupidez y su maldad, si al niño amenazado o a los que convierte en apéndices infectados de su sociedad enferma. Lo que tengo claro es que, posiblemente, el niño de Canet, como Ruby Bridges, como las niñas del Holly Cross, de forma inconsciente e involuntaria se unirá a ese grupo de héroes a la fuerza que, con su ejemplo infantil de valor y lógica, ayudará a cambiar un mundo que necesita mucho más que luces led para recuperar su brillo. Y en ese camino, en el Foro de Profesores estaremos a su lado.

Texto: Silvia Valmaña Ochaita (Profesora Titular de Derecho Penal, Universidad de Castilla-La Mancha)

Sección: De frente y por derecho


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